Nacho Abad ha inaugurado la nueva temporada televisiva de En Boca de Todos apostando por un discurso de máxima crispación y abonado a las teorías de la conspiración. En su editorial de apertura, el periodista no se ha limitado a analizar la delicada crisis migratoria que vive Ceuta, a la que se ha referido de forma reiterada y alarmista como una "invasión". En su lugar, ha construido una hipótesis sin sustento fáctico, asegurando que Pedro Sánchez conocía la llegada de migrantes con antelación y decidió permitirla deliberadamente por puro cálculo político, llegando a afirmar que al presidente "le importa un pimiento la ciudad autónoma".
Según el presentador, el Centro Nacional de Inteligencia advirtió a la ministra Margarita Robles de lo que iba a suceder, y esta a su vez informó a Sánchez. Sin embargo, el jefe del Ejecutivo decidió "hacerse el sueco" y "se cruzó de brazos ante los invasores" porque, según las categóricas palabras del periodista, "semejante avalancha le venía de fábula electoralmente".
El comunicador justificó esta grave acusación sosteniendo que el plan de Moncloa pasa por inflar deliberadamente a la extrema derecha para polarizar a la sociedad y jugar con el voto del miedo. Para Abad, la estrategia presidencial es maquiavélica y evidente: "Cuanto más rechazo haya contra la invasión, cuanto más me odien a mí, más sube la ultraderecha, más sube Vox". Todo ello, prosiguió, con la intención de que a la hora de votar, los ciudadanos se asusten y prefieran al actual Gobierno, esgrimiendo el "ridículo eslogan de '¡cuidado, que viene la ultraderecha, que nos recortan los derechos!'".
Siguiendo esta línea discursiva, el presentador aprovechó para lanzar un durísimo ataque contra la coalición progresista, asegurando que con esa campaña del miedo Sánchez solo busca arrastrar a las urnas a una izquierda que está "cansada". En un encendido repaso, describió a esos votantes como personas que están "hastiadas del PSOE, hastiadas de la corrupción, hastiadas de los enchufes, hastiadas del derroche del dinero público, del feminismo de cartón piedra, de la inoperancia, de la soberbia, de la chulería de la mujer y del hermano de Sánchez". Una retahíla de reproches con la que intentó desmontar lo que él considera una burda manipulación estatal.
Buena parte de su monólogo también estuvo dedicada a su propia defensa personal, tras haber recibido un aluvión de críticas en redes sociales por acudir a una recepción oficial en la Embajada de Marruecos justo la noche en que la crisis fronteriza alcanzaba su mayor pico de tensión. Lejos de hacer autocrítica por la cuestionada imagen diplomática, arremetió contra quienes le tildaron de "traidor", asegurando que su asistencia obedecía estrictamente a motivos laborales. "Yo no fui de fiesta a bailar y a emborracharme mientras Ceuta era invadida, ni bailé ni bebí una gota de alcohol", se justificó, explicando que acudió allí "a trabajar, a preguntar a los ministros, a preguntar a las autoridades marroquíes" para buscar la información oficial que, según él, le estaban esquivando.
Para rematar su intervención, el presentador exigió medidas drásticas e inmediatas, proponiendo como solución a un complejísimo fenómeno de geopolítica y derecho internacional la redacción de un decreto que permita "la inmediata expulsión de cada una de las personas que han entrado ilegalmente en Ceuta", añadiendo sin titubeos un contundente "todos fuera". Asimismo, no dejó pasar la oportunidad de ridiculizar la postura del Gobierno que apuntaba a campañas de desinformación extranjeras, burlándose irónicamente de que "Rusia e Israel son los culpables de la invasión", evidenciando así su rechazo total al relato oficial en uno de los arranques de temporada más incendiarios de la televisión.
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