Bajo la batuta de Joseph Oughourlian, presidente de PRISA y fundador del fondo Amber Capital, la Cadena SER vive uno de los procesos de transformación más acelerados de su historia reciente. En apenas unos meses, el principal grupo radiofónico del país ha encadenado relevos, ceses y movimientos internos que han alterado el equilibrio tradicional de poder en la emisora y han abierto un clima de incertidumbre en las redacciones. Unos lo describen como modernización del grupo; otros, como un claro volantazo editorial que implica una reestructuración de sus personajes clave.

El punto de partida de esta sacudida se sitúa en la remodelación profunda de la dirección de PRISA Media tras la llegada de Pilar Gil como consejera delegada, con el impulso directo de Oughourlian. Desde ahí, los cambios han ido descendiendo en cascada hacia la SER y El País, en una sucesión de movimientos que han afectado tanto a nombres históricos como a responsables intermedios. Entre los primeros en caer en esta reorganización figura Carlos Núñez, hasta entonces al frente de la división de medios, cuya salida marcó el inicio de una nueva etapa de centralización del poder.

Poco después llegaría uno de los relevos más significativos en la estructura de la SER: la destitución de Ignacio Soto como director general de la cadena, sustituido por Jaume Serra. Un movimiento que, según fuentes internas, consolidó el giro hacia una estructura más vertical y con mayor supervisión directa desde la dirección de PRISA.

En paralelo, otro nombre clave del organigrama también salió del centro de decisión editorial: Montserrat Domínguez, hasta entonces directora de contenidos de la SER, fue reemplazada en el marco de una reestructuración que colocó a Fran Llorente al frente del área de contenidos y audiovisual. Su salida, interpretada dentro de la emisora como una de las más relevantes por su peso en la definición de la línea editorial, supuso el fin de una etapa de coordinación relativamente autónoma de los grandes programas de la cadena. Junto a ella, también abandonó funciones de responsabilidad José Miguel Contreras, otro de los perfiles con capacidad de influencia en la arquitectura interna del grupo.

El siguiente movimiento de calado llegó con la remodelación del área de informativos y la reorganización del liderazgo de redacción digital, donde el nombre de Guillermo Rodríguez empezó a aparecer recurrentemente en las quinielas internas. Rodríguez, que ya había sido situado en el pasado como posible pieza de recambio en distintas fases de tensión interna, ha sido finalmente señalado como uno de los últimos afectados por esta oleada de cambios, en un contexto en el que su perfil era considerado próximo a etapas anteriores de la dirección editorial.

Pero si hay un nombre que ha concentrado el impacto simbólico de este proceso ha sido el de Àngels Barceló. La presentadora de Hoy por hoy, principal referente de las mañanas de la SER y una de las voces más influyentes de la radio española, anunció su salida tras más de dos décadas en la cadena. Su relevo por Aimar Bretos, actual director de Hora 25, supone el cierre de una etapa editorial que ha marcado el rumbo informativo de la emisora durante años y que ahora da paso a un nuevo liderazgo más alineado con la reestructuración impulsada desde la dirección de PRISA.

La marcha de Barceló no ha sido un caso aislado, sino el más visible de una serie de movimientos que incluyen también ajustes en informativos, relevos en direcciones regionales y cambios en la cadena de mando intermedia. En conjunto, estas decisiones han alimentado la percepción interna de que la SER atraviesa un proceso de redefinición profunda de su identidad editorial, con un mayor control estratégico desde la cúpula empresarial y una reducción del margen de autonomía de los equipos tradicionales.

Junto a los nombres ya confirmados, en los pasillos de la SER siguen circulando los de quienes han sonado en distintas fases de la reorganización. Responsables de programas históricos, directivos de áreas informativas y figuras con peso en la producción editorial han aparecido en distintas quinielas internas como posibles afectados por futuras decisiones. Aunque no todas esas salidas se han materializado, el patrón repetido de relevos ha alimentado la sensación de que ningún puesto de relevancia está completamente blindado.

En ese contexto, la quiniela de Oughourlian se ha convertido en una forma de describir un proceso más amplio: la transformación de un modelo de radio históricamente asentado en grandes figuras y autonomía editorial hacia una estructura más centralizada, donde las decisiones estratégicas se toman en un núcleo cada vez más reducido de poder dentro de PRISA.

Entre salidas confirmadas, ceses progresivos y nombres que siguen en el aire, la lista de caídos no deja de crecer y refleja un cambio de ciclo que, lejos de cerrarse, sigue generando movimiento interno y tensión en uno de los buques insignia de la radio española.

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