El periodista Carlos Alsina ha arrancado su editorial dirigiéndose, casi de forma personal, al presidente andaluz con una advertencia cargada de ironía: "Como sí me consta que Juanma Moreno es oyente de esta hora, nada de lo que diga a continuación le va a poder sorprender".

A partir de ahí, Alsina hila un relato sobre las renuncias políticas del líder popular utilizando la figura de un cuento clásico: "Érase un presidente que, para seguir siéndolo, seguir en el poder, refutó lo que hasta entonces sostenía, se refutó a sí mismo e hizo justo aquello que él consideraba irrazonable, insensato e incomprensible para la ciudadanía."

El comunicador subraya que fue el propio Moreno quien calificó de esa manera la entrada de Vox en su ejecutivo, recordando que "los adjetivos los puso él mismo cuando aún trataba de disuadir a su socio de reclamarle sillones en el gobierno".

Sin embargo, el miedo a una repetición electoral forzó un giro de guion. Según el periodista, el presidente andaluz cedió "para no dar voz de nuevo a los andaluces en las urnas, a riesgo de ver menguada su victoria arrolladora de la última vez". Al hacerlo, Moreno terminó plasmando en su propio programa de gobierno medidas drásticas de su socio de coalición. Medidas que, tal y como señala Alsina, "él mismo había denunciado como un engaño a los electores, una promesa ilegal, y un daño irreversible a la credibilidad de las instituciones".

El monólogo pone el foco en las exigencias migratorias de Vox, bautizadas como "la prioridad nacional". El periodista cita textualmente el controvertido punto del acuerdo que el presidente andaluz tuvo que asumir: "La Junta de Andalucía no facilitará la acogida de menores extranjeros no acompañados, no habilitará nuevos centros, devolverá a los menores a sus países de origen".

Para Alsina, el salto dialéctico del presidente de la Junta es abismal, resumiéndolo con esta dura reflexión: "En dos meses la prioridad nacional ha pasado de ser la promesa de una ilegalidad que hacía la extrema derecha populista, y que el presidente denunciaba con vehemencia, ha pasado a ser el compromiso firme del presidente".

Aprovechando esta cesión, el periodista lanza un dardo comparativo con la política nacional, ironizando sobre cómo Moreno "aún tendrá luego el cuajo de criticarle a Sánchez sus cambios de opinión para satisfacer a los socios que le hacen presidente".

El periodista retrocede a la noche de las elecciones andaluzas para contextualizar el origen de este pacto. A pesar de que el Partido Popular había "ganado de calle las elecciones autonómicas" y de que "el PP le sacó 38 escaños de ventaja a Vox", a Moreno le faltaron asientos para gobernar en solitario.

En ese momento, el presidente andaluz "aún confiaba, seguro que sí, en poder pactar con Vox una cosa aseada, un acuerdo de investidura que no supusiera la entrada de Vox en el gobierno". Creía que podría "sortear la prioridad nacional con la que habían tragado sus colegas varones de Extremadura, de Castilla y León, de Aragón".

Sin embargo, la realidad se impuso. Alsina retrata la actitud desafiante de Vox aquella misma noche, recordando "cuando el señor Gavira, delegado de Abascal, se marcó un mitin triunfal, no solo como si hubiera ganado él las elecciones, sino como si fuera ya el vicepresidente de la junta".

El monólogo concluye con una brillante metáfora musical sobre la claudicación del presidente autonómico: "Juanma Moreno, que había revelado dos días antes que era él quien cantaba el himno de campaña de su partido, aún no quería creer que acabaría cambiando de canción para entonar con voz quebrada, digamos, esta de la prioridad nacional."

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