¿Qué tienen en común un catalán y un andaluz que estudian teatro? Pues lejos de ser un chiste, es el contexto de fondo de Alpilpil. Adrián Melero y Lucas Pulido se conocieron estudiando teatro y el match les llevó a trabajar juntos y más tarde a crear su propio proyecto de comedia online. Un par de años después llena teatros, tienen una audiencia de casi 200.000 personas en redes sociales y acaban de publicar su primer libro juntos, Dos besitos (Aguilar, 2026). Charlo con ellos en medio de este caluroso verano con la excusa de refrescarnos, aunque sea con una buena charla.

 

Pregunta: ¿Cómo surge la idea de Alpilpil?

Lucas: Nosotros estábamos haciendo antes una obra de teatro. Un cabaret, en el que estuvimos cuatro años con cuatro personas más, de las cuales, otras dos estaban con nosotros al principio, Marina y Dani. Y como es un mundo muy inestable buscamos la forma de montar algo por nuestra cuenta, no sabíamos si una compañía, si nuestra propia obra y en medio de ese momento surgió la idea de hacer sketches en redes para ver si así llegábamos a más gente.

Adrián: Porque si montábamos nuestra propia obra iba a venir a verla solo nuestras madres… y ya las teníamos fritas. (Se ríe).

Lucas: De hecho, cuando empezamos, que fue un 8 de enero del 2024, nuestra meta era que, si en el 8 de enero del 2025 teníamos como 5.000 o 6.000 seguidores, seguíamos

P: ¿Y cuántos tuvisteis un año después?

A: 40.000. 50.000, creo. Si no más o menos.

P: ¿Y por qué Alpipil? ¿De dónde viene el nombre?

A: Esto es porque uno de los chavales, Dani, cuando estábamos buscando nombre para la compañía estábamos muy empeñados en que no significara nada, que no tuviese explicación. Y dijo “sí, hombre, se va a llamar Alpipil” y dijimos “pues sí, nos gusta”.

P: Os he escuchado contar que cuando eráis cuatro la que más odio en redes tenía que soportar era vuestra compañera Marina, una mujer en la formación ¿por qué ocurría eso?

L: Pues por una violencia evidente que hay en redes hacia las mujeres, porque esto iba un poco de más a menos. Marina era la que más recibía, luego Adrián y luego yo era el que menos recibía.

P: Primero la mujer, luego el maricón y el último el hetero…

A: Tal cual. Era algo que sobre todo esto se daba en Twitter, lugar en el que ya hace mucho que no publicamos. Llegó un momento que dijimos “quedaos ahí con vuestra puta mierda”. Cuando Marina publicaba algo y alguien no estaba de acuerdo, enseguida la atacaban con el físico. Con nosotros era más “¡rojo!” o un “no te la vas a follar” y con ella era “¡fea!”. Podrían haberse metido con nuestro físico, pero curiosamente lo hacían solo con ella.

P: Pero Marina ni siquiera es fea

L: Todo lo contrario, es guapísima.

A: De todos modos, en Twitter todo degeneraba, porque si subíamos un vídeo donde se me notara la pluma especialmente era todo “maricón”, “tragasables”, etc.

P: ¿Y por qué comedia con trasfondo social?

L: Pues no sé, supongo que de alguna forma ya veníamos de ese contexto. Al menos por mi parte, lo había mamado en la escuela, además los cuatro teníamos más o menos la misma ideología. Y lo que teníamos claro es que queríamos que nuestro humor tuviera un mensaje pero que no fuera condescendiente. De hecho, me hace mucha gracia porque este fin de semana está en una boda de una prima y justo me vino un policía nacional de Vox y me dijo “te conozco de redes y me gusta lo que hacéis, me hace reír”. Luego empezó a llevar la conversación por unas derivas un poco autoritarias y dije “bueno, me voy a pedir un vinito”. (Se ríe).

A: Sí, yo creo que es que siempre estuvo sobre la mesa que lo que hiciéramos fuera algo que tuviese algo que contar. Luego nosotros somos consumidores de todo tipo de comedia. Yo veo reels de comedia absurda que me los meto por el culo y los disfruto muchísimo.

P: ¿Cómo escogéis los temas que tratáis? ¿Son las problemáticas que os atraviesan como generación?

A: Muchas veces trabajamos con lo que nosotros recibimos, ya sea por una noticia en medios o por nuestra vida, nuestras propias vivencias. Cuando funciona el contenido es cuando nos nace de una forma más orgánica, más natural. Otras nos tocan darle al coco para inventarnos algo.

P: ¿Y alguna vez habéis hecho algo que luego al verlo habéis dicho “menuda mierda”?

L: Muchas, muchas veces teníamos mucha confianza en algo que a lo luego lo veíamos y decíamos “vaya puta mierda”.  y decir luego vaya puta mierda.

P: Por exceso de autocrítica o porque realmente era mediocre?

A: Te diría que por las dos. Pero me parece que hay que probar, hay que cagarla. Tanto los cómicos como los actores aprendemos más haciendo mierdas que bordando nuestros trabajos. Y no pasa nada por no tener un currículum excelente.  

P: ¿Recordáis la primera vez que Alpipil traspasó las redes sociales y os pararon por la calle?

L: Yo me acuerdo que estaba por General Ricardos con un amigo y un señor me paró y me dijo “Oye, tú me suenas” y me dio miedo decir de qué y le dije “habremos coincidido en alguna fiesta”. Siguió andando y a los dos minutos volvió y me dijo “no, no, te conozco de los vídeos de redes”.

A: Yo me acuerdo perfectamente, la primera vez que alguien me dijo algo estaba en el descanso de mi trabajo. Curraba en el ‘Ojalá’, en Malasaña y estaba entre dos cubos de basura echándome un cigarro como una ratillla acurrucada y vino una pava y me dijo “Me gusta mucho lo que haces en redes” y yo ahí, con el cigarro, con el mandil manchado... Recuerdo que pensé, “qué poco idílico, podría haber sido en otro momento”.

P: Estáis de gira con vuestro show de comedia ¿qué os aporta el teatro?

L: Era el objetivo principal de todo esto. Ir a los escenarios y que viniera gente a vernos.

A: Para mí lo bueno del teatro es que puedes darle la mayor identidad. En redes al final terminas plegándote al algoritmo para conseguir el mejor resultado, pero en el teatro tienes a 200 personas que vienen a verte una hora y media y ahí no tienes que contentar a ningún algoritmo. Te regalan una hora y media de su tiempo con la que puedes hacer lo que te de la gana. Les meto el playback que quiero, las luces que me apetecen, los chistes que queremos. En el teatro todo lo puedes hacer.

P: ¿La comedia en España es un sector muy masculinizado?

A: Yo creo que ahora está habiendo un cambio, pero sí. Justamente en nuestro show hay una parte que habla de eso. Pero es un problema de trasfondo, hay más tíos programando salas, más tíos coordinadores de guion… El humor está muy masculinizado, aunque sean tías las que lo proponen. El humor estandarizado no tiene casi rasgos femeninos y ya no te hablo de toques queer o LGTB…  

L: Estoy de acuerdo. Creo que sí que es verdad que es algo que está cambiando, además como a pasos agigantados, pero al final es porque también hay una parte del público que ya no quiere más ese tipo de humor.

P: ¿Está cambiando porque ha cambiado la mirada de quién lo consume?

A: Totalmente. Esto en cierto modo se lo debemos a las redes sociales, que también tienen sus cosas buenas. La gente tiene más poder para decirte qué quiere y sobre todo qué no quiere. Ya no es el puto productor al que le huelen los huevos el que le dice a la gente qué quiere ver.

L: Gracias a eso también se han abierto las miras a otros tipos de humor. Hacia cómicas, hacia un humor que se hace desde otro lugar, de otra manera.

P: ¿Algún otro cómico os ha mirado por encima del hombro por la propuesta de Alpilpil? ¿Hay hostilidad en este entorno?

L: No, directamente.

A: No, yo no diría que es un mundo especialmente hostil. Creo que sí está muy masculinizado y que hay muchas bromas que siguen estando mal, pero no lo siento un ambiente hostil. Igual es porque venimos del mundo actoral y del teatro que es mil veces más hostil. Entonces este nos parece una balsa de aceite. Sí que me acuerdo una vez que vino un cómico que además también está en redes, que vino a vernos a un show en Cascorro, y se tiró toda la función con una cara de seta resoplando pensé “hijo de la gran puta, me voy a ir yo a tu show a hablar por el móvil”. (Se ríe)

P: ¿La proyección en redes de Alpilpil os ha ayudado a acceder a castings de actores? ¿Es importante para eso las redes?

A: Ojalá nos hubiese abierto esa puerta, pero yo de momento tengo que decir que no, que a mí esa puerta no se me ha abierto…

L: La idea también es poder abrir esa puerta ahora que tenemos como un colchón de seguidores, que es lo que estaban pidiendo…

A: De todos modos, esto no es tan, así como se dice, porque a veces estar en RRSS también funciona a la inversa. Te ven y te dicen “ah, ¿estás en redes sociales? ¿Cómo María Pombo?”. Hay ciertos prejuicios. Estamos como en un limbo. 

P: ¿Ahora mismo podéis vivir solo de la comedia?

A: No, solo de la comedia no.

L: También trabajamos como guionistas. De lo que ganamos por las redes aun no podemos vivir.

P: Este año habéis publicado vuestro primer libro Dos besitos (Aguilar, 2026).

L: Es un libro de relatos cómicos que está un poco también enfocado en cómo llevamos el humor desde redes. Es un libro sencillito, rápido de leer y muy divertido y que, sinceramente, para este verano está de puta madre. Es ideal para irte a la playa con tus amigas, con tus amigos, te tomas tu mojito mientras te lees uno de los relatos y te vas descojonando.

A: Cuando salió el libro yo aun no me había un libro que acabo de leerme que ha hecho que me ría a carcajadas y ahora no paro de pensar que ojalá a la gente le pase eso con Dos besitos. Ojalá lo lean y se descubran riéndose solos como unos desgraciados. Tengo la esperanza de poder conseguir que la gente disfrute y se vean a sí mismos riéndose y digan “¿qué hago yo como una pánfila ahora mismo riéndome sola?”.

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