Quedo con Aimar Bretos (San Sebastián, 1986) en su nueva casa, Atresmedia. Cuando llego lo veo sonriente, bastante guapo y con buena cara a pesar de que me cuente que no está durmiendo casi nada. Lo cierto es que, a pesar de la envergadura del reto, Aimar está feliz y se le nota en cuanto hablas con él dos minutos. El proyecto que un día le ofreció Ana Pastor tomando un café se ha materializado en La Noche de Aimar y desde esta semana reina en la noche de los miércoles en laSexta. Su propuesta supone un oasis en medio del ruido, un lugar para charlar y escuchar con la premisa de aprender algo de quien tienes delante. Ojalá esta charla sea igual.
Pregunta: En una de las primeras promos que he visto de ‘La noche de Aimar’ empiezas diciendo “tenemos una conversación pendiente”. ¿Eres de dejar cosas a medias?
Respuesta: No, no me gusta nada dejar cosas a medias. De hecho, soy bastante ejecutivo. Pasional, pero ejecutivo. Quiero decir, las cosas hay que hacerlas y se hacen. Disfrutamos haciéndolas, pero se hacen hasta el final.
P: ¿No tienes conversaciones pendientes?
A ver, tengo conversaciones pendientes con todo el mundo. Me gusta tener conversaciones, me gusta reanudar conversaciones... Pero no tengo ningún hilo que haya quedado incómodamente suelto, si es lo que quieres saber. (Se ríe)
P: He visto que el plató son 25 metros de ciclorama lo que al final provoca la sensación de abrazar al entrevistado. ¿Era eso lo que buscabais?
El plato es una brutalidad. Tú lo ves e impone, impone muchísimo. Pero después, cuando estás dentro te acoge. El plató está diseñado para volcarse sobre el contenido, para que la conversación sea lo único que importa de lo que pasa ahí dentro. El invitado y yo estamos dentro y no vemos nada más. Y lo que sucede es una cosa tan majestuosa como ese plato… ¡Es acojonante!
P: Mucho se ha hablado de la luz de Ana Rosa en televisión, pero cuidado con la luz de Aimar…
¡Eso es para las arrugas, hombre! (Se ríe)
P: Es tu primera aventura televisiva. ¿Cómo te la planteas?
Me voy dando cuenta de que cada vez soy más maduro, tengo más tiros pegados en todas las direcciones y mi forma de afrontar los nuevos proyectos cada vez es de otra forma. Con una ilusión más madura y menos explosiva, pero más intensa.
P: Tengo la sensación de que ‘La noche de Aimar’ es fruto de una reflexión profunda, que no has cogido lo primero que te han ofrecido.
Lo es. Tengo una posición de privilegio evidente de la que soy muy consciente, que es dirigir cada noche un programa como ‘Hora 25’, que eso a nivel periodístico es tocar techo. Estoy en ese punto con 39 años y soy consciente del privilegio que eso supone y por lo tanto no tenía ninguna prisa ni ninguna ansiedad por que me llegaran otras cosas. Y cualquier cosa que fuera a emprender tenía que tener muy claro que fuese compatible, no solo en cuanto a horario o a la posibilidad física, sino que fuera compatible por coherencia con lo que estoy haciendo. Y llegó esta propuesta de manos de Ana Pastor, de La Sexta y de Atresmedia, y es exactamente lo que estaba buscando, porque es muy coherente con lo que estoy haciendo y con lo que quiero hacer. Es coherente con cómo quiero desarrollar mi carrera y mi forma de entender el periodismo.
P: No eres el primero que hace el camino de la radio a la tele y a veces se lee como si la radio fuera un medio para llegar al fin, que es la televisión.
Eso me jode muchísimo. El concepto del “salto a la tele”. Yo no estoy haciendo un camino de la radio a la tele, yo estoy haciendo un camino en la radio con la tele. En este caso son dos cosas que van en paralelo, pero mi carrera, hasta ahora, se ha desarrollado enteramente y pasionalmente en la radio. Y así quiero que siga siendo. Y esto no me voy a cansar de decirlo. El micrófono amarillo es el amor profesional de mi vida y ahora estoy disfrutando muchísimo con el micrófono verde, que también es maravilloso, la verdad.
P: Y sin embargo, cuando es al revés, cuando hay un compañero de la tele que llega a la radio por alguna circunstancia parece que se interprete como un fracaso, como un paso hacia detrás.
Yo te digo una cosa, veo que esa gente es muy feliz.
P: No he conocido a nadie que pase de la tele a la radio y no se enamore de la radio.
¿Sabes qué pasa? Que al final los prejuicios de todos los niveles, pero también los profesionales, son terribles y no nos permiten disfrutar de las maravillas que tiene el medio. Además, en un ecosistema hacia el que vamos, que es cada vez más híbrido, en el que ya no se sabe qué es imagen y que es audio ¿Qué más darán las fronteras? Vamos a hablar de buen contenido o de mal contenido. Hablemos de periodismo y dejémonos de etiquetas formales.
P: ¿Dónde más clasismo? ¿En radio o en tele?
Mira que soy muy autocrítico respecto a los medios de comunicación, pero yo no detecto que haya clasismo o que el clasismo sea una cosa que impera en los medios de comunicación.
P: Hombre, yo creo que hay personas clasistas en todos los ámbitos...
Eso sí, pero no en la profesión en sí.
P: Y en estos momentos donde la inmediatez más absoluta es lo que impera ¿no te parece que hacer entrevistas reposadas es algo revolucionario?
Es un privilegio, y que una cadena comercial como ‘La Sexta’ apueste precisamente por eso y lo haga ganas y con intención, hace que tenga más aganas aun si cabe. Aunque tampoco quiero dármelas de que somos los únicos que hacemos esto, porque no es verdad, porque hay mucha gente que está teniendo conversaciones interesantísimas ahora mismo en los medios y fuera.
P: Pero no tanto en tele.
Pero sí en otros formatos. Sea como fuere, esto tiene un punto de reto y me gusta, es excitante. Es bueno saber que algo así puede funcionar y puede gustar.
P: ¿Y cómo estás conjugando un formato tan exigente como el ‘Hora 25’ con más de 50 años de historia con la televisión? ¿De dónde sacas las horas?
Pues metiendo muchas horas, amigo. Durmiendo poquito. (Se ríe) De hecho, tengo al productor de programa de la tele, Juanma Rocha, que por cierto es uno de mis grandes descubrimientos de estos últimos años, una persona fantástica y que me está ayudando a llevar bien este proceso a todos los niveles. Tengo a Rocha echándome la bronca porque duermo poco. Pero bueno, lo estoy disfrutando mucho. Es que podría quejarme y sería tan impostada la queja… Estoy tan ilusionado, tan emocionado, lo estoy pasando tan bien y estoy aprendiendo tanto. Estoy trabajando con gente maravillosa.
P: Estás acostumbrado a recibir las notas cada tres meses, pero en la tele las notas son todos los días. ¿Cómo estás gestionando enfrentarte a las audiencias?
Bueno, bueno, bueno, ¡Temazo!
P: ¿Cómo lo llevas?
A ver, yo soy un firme defensor de las audiencias de la radio porque nos da muchísima libertad. El no saber al día siguiente el cada minuto de lo que hiciste la noche anterior en la radio, cómo ha hecho evolucionar la curva cada tema, te da muchísima libertad. Deja en manos de tu intuición las decisiones editoriales. Y por eso no quiero obsesionarme con los porcentajes, porque sé que hay dos opciones de enfocar esto. Una que es la obsesión, que tiene efectos paralizantes y yo sé que los tendría si me obsesiono con las audiencias. Y, por otro lado, es dedicarme a lo que yo sé hacer, que es el contenido. Hay departamentos fantásticos en Atresmedia que se van a dedicar a analizar las audiencias y las curvas. Yo voy a dedicarme a hacer el mejor contenido posible para que esas curvas y esos porcentajes sean lo mejor posible.
P: Pero cuando te levantes el jueves ¿te vas a lanzar a por el dato?
¡No voy a dormir! (Se ríe). ¡No voy a levantarme porque no voy a dormir de los nervios directamente!
P: ¿Qué tienes más claro, el presentador de tele que no quieres ser o el que quieres ser?
Tengo claro el periodista que no quiero ser. Y el periodista que no quiero ser es aquel que intenta encajar a martillazos el mundo en su concepción de la vida. Evidentemente, como todo el mundo, tengo una manera de mirar el mundo, pero también tengo un compromiso con los oyentes y los espectadores, en este caso, de que aquello que no encaje con mi manera de ver el mundo se lo voy a contar también. Ni lo voy a ocultar, ni lo voy a intentar mutilar de la realidad, porque esa es la intoxicación informativa más peligrosa, la de aquel que intenta hacerte ver que el mundo es como él quiere que sea y no como es realmente. Yo con mis oyentes y con mis espectadores, en este caso tengo ese compromiso. Ellos saben que desde la honestidad yo les voy a decir también lo que no concuerda con mi manera de ver el mundo.
P: ¿Y vas a tener invitados que no concuerden con tu manera de ver el mundo?
Sí, los habrá. Además, creo que tenemos que ser militantes de la necesidad de compartir conversación y sobre todo de compartir ideas con gente que no tiene las mismas ideas que nosotros, porque es que es ahí donde se pulen y donde surgen ideas mejores. Quiero decir, yo sí hablo todo el rato contigo que estoy convencido que tenemos una forma de ver el mundo muy parecida, nuestro espacio mental se va a ir estrechando porque no vamos a tener a nadie que nos estimule intelectualmente. Tenemos que hablar con gente que piensa distinto de nosotros todo el rato.
P: Y porque estamos en un momento social también, que creo que hay que recordar que puedes no tener cosas en común con la persona que tienes delante y que no pasa nada, que no es algo insalvable.
Claro, dejémonos de purezas excluyentes. A mí lo que más me gusta de todo son las razas mixtas y la vocación por entender al que piensa distinto a mí.
P: ¿Te da miedo la polarización?
Claro que sí, porque arrasa con esto de lo que estamos hablando. Arrasa con la posibilidad de escuchar al otro con calma. Y de que el otro también te escuche con calma. Si estamos permanentemente pensando que el otro es el enemigo, una conversación es imposible. Y ahí perdemos todos.
P: ¿Ves algo en televisión?
He visto mucha tele toda mi vida y además tele muy distinta. Yo te veo desde ‘La Sexta Xplica’ hasta ‘Sálvame’. He visto mucho Sálvame y me lo he pasado muy bien viéndolo. En ese sentido no tengo ningún complejo para decirte que a mí la tele me informa porque veo muchísimos informativos, pero me entretiene a todos los niveles.
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