No hay duda de que la inteligencia artificial ha embestido cual morlaco al ámbito educativo, conviértiendose en este momento en una herramienta más a la hora de estudiar. Y aunque al principio algunos docentes y alumnos lo veían como una amenaza, lo cierto es que el sector la está poco a poco incorporando para apoyar el aprendizaje.
De hecho, la sexta edición del estudio Educar en la era de la Inteligencia Artificial (Empantallados y Gad3) señala que ocho de cada diez docentes en España ya utilizan herramientas de IA generativa. Este dato deja patente que la IA en el ámbito educativo forma parte ya del presente y muy probablemente del futuro de la educación.
En concreto, lo que ha conseguido la inteligencia artificial no es solo cómo los alumnos y alumnas están accediento al conocimiento sino también cómo se aprende y cómo se enseña. En este nuevo escenario, voces como la de Serena Giannuzzi, COO de ISDI, ayudan a entender hacia dónde se dirige la educación.
Con una trayectoria vinculada a la formación digital y la gestión de proyectos tecnológicos, Giannuzzi ha sido clave en la evolución de ISDI como referente en negocio digital e inteligencia artificial, liderando la integración de nuevas metodologías y tecnologías en sus programas .
Del acceso a la información al criterio
Uno de los cambios más profundos que introduce la IA es la personalización del aprendizaje. "No se trata solo de recomendar contenidos, sino de ajustar en tiempo real el ritmo, la profundidad y el nivel de exigencia a cada estudiante", explica la experta, para la cual, gracias a la inteligencia artificial, ya no es tan importante acumular información --pues actualmente es fácilmente accesible para todos-- sino en saber utilizarla.
En este sentido, para Gianuzzi la figura del profesor se ha convertido en un rol imprescindible en este nuevo modelo educativo que ha creado la IA ya que, insiste, el docente "es quien introduce contexto, eleva el nivel de exigencia y, sobre todo, ayuda a construir criterio. No enseña solo «qué», sino «cuándo», «cómo» y «por qué» aplicar ese conocimiento". "La IA puede acompañar el proceso, pero no sustituye esa capa de juicio y dirección. De hecho, cuanto más automatizado está el acceso al conocimiento, más crítico es el papel del profesor como guía en la toma de decisiones", añade.
"La mejor forma de entender este cambio es pensar en un nuevo equilibrio entre tres elementos: el alumno, la IA y el profesor. En este nuevo triángulo, la IA amplifica la capacidad del alumno, pero también puede aplanar su pensamiento si no hay intervención. El profesor actúa precisamente ahí: evitando que el proceso se reduzca a generar respuestas plausibles y empujando al estudiante a sostener decisiones en entornos menos evidentes. A futuro, esto va a tensionar aún más el rol docente. No bastará con dominar una disciplina; será necesario saber diseñar entornos de aprendizaje donde la IA esté integrada y, al mismo tiempo, no simplifique en exceso la complejidad del problema", sentencia.
¿La IA sustituye al pensamiento crítico?
Uno de los grandes debates en torno a la IA es si puede debilitar habilidades como el pensamiento crítico. Giannuzzi lo matiza: el riesgo existe, pero el concepto de pensamiento crítico ha cambiado.
"Durante mucho tiempo lo hemos asociado a analizar información, contrastar fuentes o construir argumentos. Pero en un entorno donde la IA no solo accede a la información, sino que también la genera, ese nivel ya no es suficiente. Ahora se vuelve más profundo y más exigente", argumenta Giannuzzi, que añade que el verdadero desafío es enfrentarse a respuestas aparentemente correctas, detectar sesgos, identificar lo que falta y tomar decisiones en contextos complejos.
En este sentido, considera que el estudiante no deja de pensar, sino que se ve obligado a hacerlo con mayor profundidad.
¿Nuevas asignaturas en el entorno de la inteligencia artificial?
La integración de la inteligencia artificial no pasa por añadir nuevas asignaturas, sino por rediseñar completamente la experiencia educativa. Para Giannuzzi, la IA atraviesa todo el proceso, desde como accedes al conocimiento, cómo lo estudiar y la forma de aplicarlo. "Por eso, el cambio no está en el contenido, sino en el diseño de la experiencia de aprendizaje", asegura.
La experta considera que "durante años, los programas se han construido como secuencias de asignaturas que transmiten conocimiento y lo evalúan" y es ahí donde considera que hay que mejorar. "Falta aprendizaje adaptativo, que ajuste el recorrido al alumno. Falta más exposición a contextos reales, donde no hay respuestas cerradas. Falta simulación, iteración, posibilidad de equivocarse y aprender del error. Falta integrar herramientas como parte natural del proceso, no como apoyo externo", expone.
¿Cómo se puede garantizar un uso ético de la inteligencia artificial en el ámbito universitario?
Otro de los grandes retos es el uso ético de la inteligencia artificial, que Serena Giannuzzi resume en tres pilares: autoría, criterio y responsabilidad. En primer lugar, advierte de que el problema no es utilizar IA, sino no tener claro qué parte del trabajo es realmente propia. "Si un estudiante no puede explicar o defender lo que ha entregado, no hay aprendizaje, hay delegación", señala.
En segundo lugar, pone el foco en el criterio. Aunque la IA ofrece respuestas muy convincentes, no siempre son correctas, por lo que el uso responsable implica no aceptarlas sin cuestionarlas. El alumno, insiste, debe ser capaz de detectar errores, matices y posibles sesgos; de lo contrario, deja de pensar. Por último, subraya la importancia de la responsabilidad: apoyarse en la IA no exime de las decisiones que se toman. “Si un estudiante propone algo basado en un output generado, sigue siendo responsable de sus implicaciones”, concluye.