La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en el motor tecnológico del momento. Desde herramientas generativas hasta sistemas avanzados de análisis de datos, cada vez más empresas anuncian inversiones estratégicas en esta tecnología con la promesa de mejorar la productividad, reducir costes y abrir nuevas oportunidades de negocio.

La adopción de la IA avanza más rápido que su rentabilidad

Sin embargo, detrás de ese entusiasmo hay una realidad más compleja. Según el informe The State of Organizations 2026, elaborado por la consultora McKinsey y basado en una encuesta a más de 10.000 directivos de 15 países y 16 sectores económicos, la adopción de la IA es ya casi generalizada, pero su impacto económico todavía está lejos de materializarse.

Pocas empresas han conseguido traducir la IA en beneficios reales

Poca rentabilidad

El estudio revela que el 88% de las organizaciones está utilizando o experimentando con estas herramientas en algún aspecto de su actividad, pero una gran mayoría no ha logrado convertir esa adopción tecnológica en resultados financieros tangibles.

La paradoja es evidente: nunca antes tantas empresas habían utilizado esta tecnología, pero pocas han conseguido traducirla en beneficios reales.

Mucha experimentación, poca transformación

El estudio concluye que problema no es tanto tecnológico como organizativo. Muchas compañías están incorporando herramientas de IA de forma fragmentada, sin replantear realmente la forma en que trabajan. Los datos muestran que la mayoría de iniciativas actuales se centra en casos de uso aislados que mejoran la eficiencia individual, pero sin transformar los procesos completos de la organización.

Este enfoque tiene un alcance limitado. Automatizar pequeñas tareas puede ahorrar tiempo o reducir errores, pero no cambia el modelo operativo de una empresa.

Los expertos hablan cada vez más de la necesidad de una “doble transformación”: tecnológica y organizativa. Es decir, no basta con introducir herramientas de IA; las empresas deben rediseñar procesos completos, redistribuir responsabilidades entre personas y máquinas y replantear cómo se toman decisiones.

Solo cuando la tecnología se integra en el núcleo del funcionamiento empresarial empiezan a aparecer los resultados.

Organizaciones que aún no están preparadas

Otro de los obstáculos que explica esta brecha entre expectativas y resultados es la falta de preparación interna. El informe señala que el 86% de los directivos considera que su organización todavía no está preparada para adoptar la IA en el trabajo cotidiano.

En muchos casos, las compañías carecen de una estrategia clara. La IA aparece como un proyecto tecnológico más, gestionado desde departamentos de innovación o de sistemas, pero sin una visión global que implique a toda la organización.

Esta falta de liderazgo se refleja también en la gobernanza. El estudio destaca que una de cada seis organizaciones ni siquiera tiene un responsable a nivel directivo encargado de liderar la adopción de la IA. Según el informe, sin una dirección clara, los proyectos tienden a multiplicarse sin coordinación ni objetivos comunes.

Miedo, regulación y cambio cultural

La tecnología tampoco se enfrenta únicamente a obstáculos organizativos. En muchas empresas persisten dudas sobre sus implicaciones éticas, regulatorias y laborales.

El informe identifica tres grandes barreras para la adopción a gran escala: las preocupaciones sobre la propia tecnología, los riesgos regulatorios y legales, y las dificultades internas relacionadas con la gestión del cambio.

Los temores sobre el impacto en el empleo siguen siendo especialmente relevantes. Aunque la IA puede automatizar determinadas tareas, el informe subraya que el fenómeno dominante no es la desaparición del trabajo, sino su transformación.

A medida que algunas funciones se automatizan, surgen nuevas tareas y perfiles profesionales relacionados con el uso, supervisión y desarrollo de sistemas inteligentes.

Los pioneros empiezan a ver resultados

A pesar de estos obstáculos, algunas organizaciones sí están logrando extraer valor económico gracias a la IA. Las que están obteniendo mejores resultados comparten un patrón común: no se limitan a implantar herramientas, sino que rediseñan procesos completos alrededor de la tecnología.

El informe señala que las organizaciones que integran la IA en funciones enteras —como marketing, atención al cliente u operaciones— son las que están registrando mayor impacto en ingresos y rentabilidad. En estos casos, la IA permite acelerar decisiones, mejorar la personalización de productos o anticipar comportamientos de los clientes.

Una transformación que apenas comienza

La conclusión del informe es que la IA todavía se encuentra en una fase temprana dentro de las organizaciones. Muchas empresas están experimentando con ella, pero pocas han completado la transformación estructural necesaria para aprovechar todo su potencial.

“La historia más amplia no es la sustitución del trabajo, sino la transición ocupacional”, señala el estudio, que advierte de que la verdadera ventaja competitiva dependerá de la capacidad de las empresas para adaptarse rápidamente a este nuevo modelo.

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