En China, han organizado los World Humanoid Robot Games, algo parecido a unos Juegos Olímpicos para robots que celebran hoy en Pekín su última jornada. La verdad es que no sé qué pensar: por un lado me están generando una gran expectación y, por otro, una carcajada tras otra. Por ejemplo, hay uno capaz de correr más rápido que Usain Bolt pero no sabe frenar.
Los juegos olímpicos para robots son entre sorprendentes y patéticos
El humanoide chino Tiangong Ultra completó los 100 metros en 9,39 segundos, por debajo de los 9,58 con los que Bolt estableció en 2009 un récord del mundo que ningún atleta de carne y hueso ha conseguido superar. Su rival Lightning también lo hizo: 9,47 segundos. El problema llegó después de cruzar la meta, porque algunas de estas máquinas siguen teniendo cierta tendencia a terminar sus carreras estampándose contra la pared y hasta tienen que ser retiradas en camilla.
2.056 robots y unas Olimpiadas bastante peculiares
La segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides se celebra desde el 22 de agosto en el National Speed Skating Oval de Pekín, el espectacular Ice Ribbon construido para los Juegos Olímpicos de Invierno.
Las cifras dan una idea de lo rápido que está creciendo esto: 666 equipos, 2.056 robots de 16 países, 51 disciplinas y 1.301 pruebas. En la primera edición, celebrada hace solo un año, participaron 280 equipos y poco más de 500 robots.
El programa tiene poco que envidiar al de unos Juegos convencionales. Hay carreras de velocidad, fútbol, tenis de mesa, gimnasia, levantamiento de peso, artes marciales y hasta competiciones de baile con robots desplegando sus habilidades para el vals y la samba.
En la ceremonia inaugural participaron alrededor de un millar de humanoides. Además, 36 tocaron instrumentos junto a músicos humanos y otros desfilaron en formación. Si alguien buscaba material para alimentar simultáneamente el entusiasmo tecnológico y unas cuantas pesadillas, Pekín se lo ha puesto bastante fácil.
Correr es lo fácil
Decir que correr es fácil parece absurdo después de ver a un robot completar los 100 metros en 9,39 segundos. Pero, tecnológicamente, tiene bastante sentido. En 2025, el ganador de esa misma prueba necesitó más de 20 segundos. Es decir, en apenas un año el tiempo se ha reducido a menos de la mitad. Tiangong Ultra también ha completado los 400 metros por debajo del récord mundial humano.
Sin embargo, hacer que una máquina corra en línea recta sobre una pista perfectamente lisa no es lo mismo que conseguir que recoja un paquete mal colocado, encuentre un enchufe o manipule un objeto desconocido sin que aparezca un ingeniero al rescate.
Por eso, de las 51 categorías de este año, 21 reproducen situaciones reales de trabajo. Los robots tienen que desenvolverse en fábricas, hoteles, hogares, almacenes y situaciones de emergencia. Hay pruebas de montaje industrial, preparación de pedidos, servicio en restaurantes, carga de coches eléctricos o manipulación de herramientas y cables. Más del 40% de las pruebas exige además funcionamiento totalmente autónomo.
En una de ellas, por ejemplo, el robot debe localizar correctamente un cable, orientar su mano, calcular la fuerza y conseguir conectarlo.
El verdadero examen empieza al salir del estadio
Yu Chao, consejero delegado de Lumos Robotics, lo resumía a Reuters de manera bastante poco olímpica: “Correr y saltar simplemente no mejora la eficiencia”. Para él, un robot solo adquiere valor cuando es capaz de funcionar en situaciones reales.
Hua Rong, responsable de marketing de Zeroth Robotics, plantea otra prueba todavía más sencilla: después de comprarlo, habrá que comprobar si “realmente puede resolver los problemas de los usuarios”.
Por eso, este año los organizadores han trasladado muchas pruebas a escenarios que simulan entornos que reproducen fábricas, hoteles y viviendas y explican abiertamente que el objetivo es conseguir que los humanoides dejen de ser simples “herramientas de demostración” y se conviertan en “productividad práctica”.
China quiere que esto deje de ser una exhibición
China lleva años tratando la robótica como una industria estratégica. Ya en 2014 Xi Jinping describió los robots como la “joya de la corona” de la fabricación avanzada y, desde entonces, las competiciones que comenzaron prácticamente como encuentros universitarios se han transformado en enormes escaparates tecnológicos.
Ahora comienza una fase bastante más complicada, en la que los humanoides deben demostrar que pueden resultar rentables. Reuters señala que, aunque algunas máquinas ya realizan trabajos concretos en hoteles y líneas de producción, su utilización masiva continúa siendo limitada. El coste sigue siendo uno de los obstáculos: un humanoide industrial puede rondar actualmente entre 300.000 (más de 38.000 euros) y 500.000 yuanes (casi 64.000 euros), según estimaciones recogidas por la agencia.
Pero la ventaja china empieza a ser difícil de ignorar. La consultora IDC estima que el país concentra alrededor del 82% de los envíos mundiales de robots humanoides.
Cada vez mejores
Hace apenas un año, durante las primeras competiciones, algunos robots se desplomaban nada más comenzar una carrera y sus ingenieros tenían que correr detrás de ellos preparados para intervenir.
Zhou Changjiu, uno de los organizadores de aquellos primeros Juegos, explicaba entonces que cuando se dominan las estrategias aprendidas mediante inteligencia artificial, pueden trasladarse a “hogares, fábricas y entornos educativos”.
Es verdad que es muy gracioso cuando un robot marca un gol, pierde el equilibrio o termina una carrera empotrado contra una colchoneta. Pero mientras nosotros miramos las caídas, los ingenieros están mirando qué ha fallado, cuánto tarda la máquina en corregirse y qué tendrían que cambiar para que mañana pudiera hacer exactamente lo mismo en un almacén, un restaurante o nuestra casa.
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