La conversación de hoy para todo el mundo es: ¿Dónde vas a ver el partido? Dos países paralizados para ver un espectáculo solo disponible cada cuatro años. Pero, para que eso suceda, hace falta más tecnología de la que piensas. Atrás quedan los días en los que el fútbol era poco más que 22 tipos detrás de un balón.

Atrás quedan los días en los que el fútbol era poco más que 22 tipos detrás de un balón

España y Francia saltan esta noche al terreno de juego del Dallas Stadium, en un mar de tecnología que va desde cuando el árbitro se lleva la mano al auricular, hasta cuando la televisión muestre una recreación tridimensional de un fuera de juego, pasando por el césped, el balón, el techo del estadio y las cámaras que seguirán cada movimiento.

El terreno sobre el que España intentará alcanzar la final es el resultado de cinco años de investigación

Un césped único

La semifinal se disputa en la casa habitual de los Dallas Cowboys, un recinto cubierto y climatizado que utiliza durante buena parte del año una superficie artificial. Para acoger el Mundial ha sido necesario construir dentro del estadio un campo natural completo, con capas de suelo, drenaje y soporte.

Ian Craig, responsable de la gestión del césped de la FIFA en Dallas, lo resume así: “Este es un campo de fútbol completo”. Según explica, la superficie cuenta con “un perfil de suelo completo” y con elementos híbridos similares a los empleados en los principales estadios europeos.

El terreno sobre el que España intentará alcanzar la final es el resultado de cinco años de investigación.

Cinco años para crear un campo estable

La FIFA puso en marcha el proyecto junto con la Universidad de Tennessee y la Universidad Estatal de Michigan. El objetivo no era únicamente conseguir un césped verde y atractivo ante las cámaras. También debía responder de manera parecida en sedes con temperaturas, niveles de humedad y altitudes muy diferentes.

Los investigadores analizaron la velocidad con la que circula el balón, la altura del bote, la dureza del suelo y la tracción de las botas. También estudiaron cómo reaccionaban las distintas variedades de hierba después de varios partidos o ante movimientos tan exigentes como una frenada o un cambio brusco de dirección.

Para coneguirlo, utilizaron sensores y máquinas capaces de reproducir las pisadas y los giros de los futbolistas. La Universidad de Tennessee señala que la prioridad era ofrecer superficies “seguras y consistentes” en todos los estadios y centros de entrenamiento.

No se trata solo de tener hierba verde”, advierte Craig. El césped debe comportarse como esperan los jugadores de élite. De ahí los años de ensayos previos al campeonato.

Hierba natural en un estadio cerrado

Dallas planteaba un problema particular. El techo protege a los futbolistas del calor de Texas, pero deja entrar muy poca luz natural. Además, el aire acondicionado mantiene el interior a una temperatura muy distinta de la del exterior.

La solución fue trasladar desde Colorado una variedad de hierba capaz de soportar temperaturas más bajas. Una vez instalada, la superficie necesita grandes lámparas de cultivo suspendidas sobre el campo.

Los técnicos colocan esos equipos sobre las zonas que requieren más iluminación y controlan también la humedad, el riego y la temperatura. El terreno incorpora, además, fibras sintéticas que refuerzan las raíces y reducen el riesgo de que algunas partes se levanten durante el partido.

La semifinal será el noveno y último encuentro del Mundial disputado en Dallas. Después, el campo será desmontado para que el recinto recupere su uso habitual. “El campo ha hecho aquello para lo que estaba aquí”, señala Craig.

El proyecto demuestra hasta dónde puede llegar la ingeniería deportiva, pero también plantea una cuestión ambiental. Mantener hierba natural dentro de un estadio cerrado exige transportar materiales, consumir electricidad para iluminarla y controlar constantemente sus condiciones.

Un refugio climático con aire acondicionado

La climatización permite que España y Francia jueguen protegidas del calor del verano texano. Dentro del estadio, el techo y el aire acondicionado mantienen unas condiciones adecuadas para el rendimiento deportivo.

Fuera, la situación puede ser muy distinta. Los aficionados deben atravesar zonas de asfalto expuestas al sol y soportar temperaturas elevadas antes de entrar al recinto.

El estadio funciona como una especie de refugio climático, aunque a costa de un importante consumo energético. Cuanto más extremas se vuelven las condiciones exteriores, más tecnología hace falta para aislar el espectáculo deportivo de ellas. Un aspecto de este mundial que preocupa a muchas personas (a mí, entre ellas).

Un balón que registra cada golpeo

La tecnología continúa dentro del balón oficial. Un sensor permite identificar con precisión el instante en el que un jugador lo golpea. La FIFA denomina a ese momento kick point.

El dato es esencial para el fuera de juego semiautomático. Cuando se produce una acción dudosa, el balón indica cuándo salió el pase y las cámaras calculan dónde se encontraba cada futbolista en ese instante.

El sistema sigue tanto al balón como a las extremidades de los jugadores y genera una reconstrucción tridimensional de la jugada. La decisión final continúa en manos del equipo arbitral, pero la inteligencia artificial ayuda a procesar la información y detectar posibles infracciones.

Pierluigi Collina, presidente de la Comisión de Árbitros de la FIFA, ha defendido que esta tecnología permite adoptar decisiones “más rápidas y precisas”, especialmente en acciones de fuera de juego muy ajustadas.

La semifinal también contará con cámaras capaces de ofrecer imágenes desde el punto de vista del árbitro. Un sistema de estabilización reduce el movimiento y permite mostrar determinadas jugadas desde una perspectiva hasta ahora poco habitual.

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