Mercurio es uno de los planetas más próximos a la Tierra y, sin embargo, llegar hasta allí puede resultar más complicado que enviar una nave mucho más lejos, hacia los confines del Sistema Solar.

La misión BepiColombo acaba de comenzar finalmente su llegada a Mercurio

La misión BepiColombo -un esfuerzo conjunto de la Agencia Espacial Europea y la japonesa JAXA- fue lanzada en octubre de 2018 y después de casi ocho años recorriendo el Sistema Solar interior, realizando nueve sobrevuelos planetarios y utilizando sus motores de propulsión eléctrica, acaba de comenzar finalmente su llegada a Mercurio.

El primer gran paso, a 200 millones de kilómetros

El primer gran paso se produjo el pasado 3 de septiembre, cuando, a más de 200 millones de kilómetros de la Tierra, la BepiColombo se desprendió con éxito del Mercury Transfer Module, el módulo que ha proporcionado la mayor parte de la propulsión durante el viaje.

Dos antenas de espacio profundo de la ESA, situadas en Cebreros, España, y Malargüe, Argentina, recibieron después las señales que confirmaban que todo había salido según lo previsto. La telemetría indicaba que todos los sistemas funcionan y que los paneles solares están cargando las baterías correctamente.

Llegar a Mercurio es sorprendentemente difícil

Para un auténtico ignorante como yo, el viaje a Mercurio puede parecer más largo, pero no más difícil que ir a la Luna, por ejemplo. Debería bastar con apuntar hacia el Sol y dejarse caer.

Pero no es así, porque cuanto más se aproxima una nave al Sol, más acelera bajo el efecto de su enorme gravedad. La consecuencia es que, si llegas demasiado rápido a Mercurio, la gravedad del planeta -que no es mucha- no puede retenerte y simplemente pasas de largo.

La ESA compara la dificultad con caer por un precipicio de millones de kilómetros y aterrizar suavemente sobre un objetivo móvil situado a mitad de camino.

Para entrar en órbita, hay que frenar mucho o, dicho en términos menos pedestres, perder una cantidad de energía gigantesca. Y hacerlo únicamente con motores exigiría transportar tanto combustible que la nave pesaría demasiado como para poder lanzarla.

Por eso, la BepiColombo ha realizado nueve asistencias gravitatorias: una con la Tierra, dos con Venus y seis con el propio Mercurio. Cada paso por cada uno de ellos ha permitido modificar ligeramente su velocidad y trayectoria sin gastar grandes cantidades de combustible.

Más energía que para viajar a Plutón

Según la ESA, colocar una nave en una órbita estable alrededor de Mercurio puede requerir más energía que enviar una misión a Plutón. Y eso que Mercurio se encuentra de media muchísimo más cerca de nosotros. Pero la proximidad al Sol lo complica todo.

La BepiColombo ha utilizado durante gran parte del viaje cuatro motores de propulsión eléctrica solar capaces de impulsarla de forma suave pero continua. El 15 de junio, se apagaron definitivamente después de completar su último arco de propulsión eléctrica. A partir de ahí, la misión empezó a prepararse para su compleja secuencia de llegada.

El 21 de noviembre llega el momento decisivo

La fecha marcada en rojo es el próximo 21 de noviembre. Ese día, las dos sondas científicas que todavía viajan unidas deberán ser capturadas por la gravedad de Mercurio y entrar en una órbita polar alrededor del planeta.

Pero ni siquiera entonces habrá terminado el proceso. No te he explicado todavía que la BepiColombo no es realmente una única nave científica, son dos.

La europea se llama Mercury Planetary Orbiter (MPO), y estudiará principalmente la superficie, la composición y el interior de Mercurio. La japonesa es Mio, antes denominada Mercury Magnetospheric Orbiter, y se concentrará especialmente en el campo magnético y el entorno de partículas que rodea al planeta.

Ambas deberán separarse entre los días 9 y 10 de diciembre. Después, la MPO continuará modificando lentamente su trayectoria hasta alcanzar su órbita científica definitiva el 10 de marzo de 2027. Y, si todo sale según lo previsto, la fase científica comenzará el 6 de abril de 2027.

Dos naves observando Mercurio al mismo tiempo

La BepiColombo será la primera misión que estudie Mercurio simultáneamente con dos sondas situadas en órbitas diferentes. Eso permitirá observar al mismo tiempo lo que ocurre cerca de la superficie y lo que sucede en la magnetosfera exterior.

Se espera que el número de descubrimientos sea elevado, porque Mercurio sigue siendo uno de los planetas rocosos menos conocidos. Solo dos misiones lo han visitado anteriormente. La primera fue la Mariner 10, de la NASA, que realizó tres sobrevuelos durante los años 70. Décadas después, en 2011, la MESSENGER se convirtió en la primera nave en entrar realmente en órbita alrededor del planeta.

Preguntas por responder

Una de las grandes preguntas que intentará responder es por qué tiene Mercurio un campo magnético. El planeta es pequeño y posee un enorme núcleo metálico. Sin embargo, mantiene un campo magnético global que todavía plantea muchas incógnitas sobre su estructura interior.

La misión también tratará de entender mejor la paradoja de que el planeta más cercano al Sol tenga hielo en algunos cráteres situados cerca de los polos. Sus paredes impiden que la luz solar llegue permanentemente a esos lugares. La BepiColombo intentará estudiar mejor esos depósitos y entender de dónde procede ese hielo.

Un día dura dos años

Mercurio completa una vuelta alrededor del Sol en solo 88 días terrestres, pero gira tan lentamente sobre sí mismo que un día solar —desde un mediodía hasta el siguiente— dura aproximadamente 176 días terrestres. Es decir, un solo día dura dos años.

Además, es el planeta con más cráteres del Sistema Solar y no posee prácticamente ninguna atmósfera capaz de regular su temperatura. Todo esto lo convierte en una especie de archivo geológico de las primeras etapas del Sistema Solar. Estudiar su superficie puede ayudar a reconstruir cómo se formaron los planetas rocosos hace miles de millones de años, incluida la Tierra.

Una misión con 16 instrumentos científicos

Entre las dos sondas, la BepiColombo transporta una enorme colección de instrumentos.

La MPO lleva 11 dispositivos, entre ellos cámaras, espectrómetros, un altímetro láser, un magnetómetro y detectores de rayos X, neutrones y radiación.

La Mio incorpora otros cinco instrumentos dedicados a estudiar el campo magnético, el plasma, las ondas, el sodio de la tenue exosfera de Mercurio y el polvo interplanetario.

La ESA espera crear mapas completos de la superficie en diferentes longitudes de onda y analizar la composición, topografía, campo magnético y entorno espacial del planeta con un detalle sin precedentes.

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