Durante años, emprender ha significado asumir un riesgo considerable: dejar un empleo estable, formar un equipo, buscar financiación y confiar en que el proyecto consiga sobrevivir hasta encontrar clientes. La alternativa aparentemente segura era continuar trabajando para una compañía, especialmente si se ocupaba un puesto cualificado y bien remunerado dentro del sector digital.

Antes, lo arriesgado era emprender; ahora quizá es no hacerlo

Pero la llegada de la inteligencia artificial puede estar alterando ese equilibrio. Por eso, he hablado con Gorka Muñecas, fundador de JUNYO, para que nos cuente cómo convierte esta plataforma a profesionales sénior en fundadores de nuevas empresas tecnológicas sin obligarlos a abandonar de entrada su empleo. “Antes, lo arriesgado era emprender. Ahora quizá lo arriesgado es no emprender”, sostiene.

La automatización afectará especialmente los perfiles que hasta ahora parecían más protegidos

La importancia del “plan B”

Su tesis es que la automatización afectará especialmente a muchos de los perfiles que, hasta ahora, parecían contar con las carreras más protegidas: ingenieros, especialistas en producto, profesionales del marketing, responsables comerciales y otros trabajadores altamente digitalizados.

“Quizá lo más seguro ya no sea tener un salario o un gran sueldo, sino contar por lo menos con un plan B”, explica Muñecas.

JUNYO quiere facilitar precisamente esa alternativa. La compañía identifica oportunidades de negocio, analiza su viabilidad y reúne para cada proyecto a pequeños equipos de profesionales con experiencia. Su objetivo es crear 50 startups durante los próximos cuatro años.

Emprender sin dejarlo todo

Según Muñecas, existe una contradicción habitual dentro del ecosistema tecnológico, en el sentido de que muchas de las personas con más conocimientos para levantar una empresa nunca llegan a hacerlo porque ya tienen una carrera, una familia, una hipoteca y un nivel de vida que no están dispuestas a poner en riesgo.

“Hasta ahora, las startups no siempre las creaban los mejores profesionales, sino los profesionales más orientados al riesgo, los que decían: ‘No me importa jugármela”, señala.

JUNYO plantea una vía diferente. En lugar de exigir dedicación absoluta desde el primer momento, organiza equipos fundadores de entre tres y cinco profesionales sénior que pueden comenzar a desarrollar el proyecto mientras conservan su actividad laboral. “No hablamos de personas que inicialmente sean emprendedoras. Son asalariados que pueden preguntarse por qué no van a tener un plan B”, explica.

Con IA, más fácil

La inteligencia artificial permite, según Muñecas, crear proyectos con estructuras mucho más reducidas que hace apenas unos años. Un equipo pequeño de especialistas puede apoyarse en decenas de agentes de IA para desarrollar tareas concretas, mientras las personas aportan experiencia, contexto y capacidad de decisión.

“Ahora no necesitas 50 personas ni 10 ingenieros, ni una ronda de 1 o 10 millones para formar un equipo”, afirma. “Puedes montar una empresa con 4 personas muy expertas y 40 agentes de IA trabajando en tareas específicas y dirigidos por profesionales que conocen el mercado”.

Eso no significa que la IA pueda sustituir el criterio humano. Al contrario, cuanto más sencilla resulta la ejecución técnica, mayor importancia adquieren la experiencia sectorial, la validación comercial y la capacidad de construir un negocio que genere ingresos.

Una plataforma para quitar la burocracia

Uno de los principales obstáculos para muchos profesionales es que emprender no consiste únicamente en desarrollar un producto o encontrar clientes. “Un experto en marketing, un ingeniero o un programador no quiere montar una startup para pasar el día hablando de facturas, del IVA o del pacto de socios”, resume Muñecas.

JUNYO se ocupa de ese trabajo administrativo y operativo para que los fundadores puedan centrarse en el producto, el mercado y las ventas. Durante la primera etapa, el proyecto funciona bajo la infraestructura de la propia plataforma y ni siquiera se constituye inmediatamente como una sociedad independiente. “Solo cuando ya se ha validado el producto nos reunimos con el equipo fundador y decidimos si vamos al notario y constituimos la compañía”, explica.

Empresas para facturar, no para levantar rondas

El modelo también se distancia de la lógica habitual del capital riesgo. “No tienen la aspiración de convertirse en unicornios. Buscamos modelos muy rentables y monetizables desde el principio, una economía más real y no tanto basada en valoraciones y grandes rondas de financiación”, afirma el fundador.

“Para 4 fundadores, vender una empresa por 8 millones puede ser un éxito que les cambie la vida. Para un fondo de inversión puede ser un fracaso, porque necesita venderla por 200 o 300 millones”, explica.

Por eso, “el éxito no tiene por qué ser vender la empresa. El éxito puede ser que facture todos los meses y dé resultados al finalizar el año, como una empresa tradicional, pero construida desde el mundo digital”, sostiene.

Una comunidad que comparte conocimiento

El sistema incorpora además un fondo común al que se destina el 10% de cada una de las compañías creadas. De este modo, los fundadores no solo participan en su propia startup, sino también de forma indirecta en el conjunto de proyectos originados por JUNYO.

La participación de cada profesional en ese fondo dependerá también de su colaboración con las demás empresas de la comunidad. “Si alguien necesita abrir mercado en Alemania, quizá haya dentro de la comunidad otro fundador que ya lo haya hecho. Puede dedicar unos días a ayudarlo y conseguir a cambio una mayor participación en el fondo”, explica Muñecas.

Con 50 empresas y varios fundadores en cada una, JUNYO espera reunir una red de alrededor de 200 profesionales con conocimientos complementarios. La plataforma pretende así sustituir parte de las grandes estructuras internas por una comunidad de expertos que comparten experiencia cuando un proyecto la necesita.

Muñecas reconoce que la tradición cooperativista de su Bilbao natal ha sido una inspiración, aunque subraya que JUNYO no es una cooperativa. “Hay algo de ese modelo en el que quienes trabajan en la empresa son también sus dueños”, reconoce. “Aquí no obtiene una participación quien aporta únicamente dinero, sino quien trabaja, construye y ayuda a las compañías”.

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