Con este calor que se nos está viniendo encima desde hace ya semanas y la perspectiva de todo el verano por delante, quien más quien menos, andamos (casi) todos pensando en darnos un bañito en el mar, ¿no? Pero los océanos son algo más que un paisaje que mirar mientras te tuestas al sol, son “los pulmones de nuestro planeta”, como lo expresa la ONU. Y no pienses que es solo una metáfora bonita. La gran masa de agua de nuestra Tierra genera alrededor del 50% del oxígeno que necesitamos, absorbe cerca del 30% del dióxido de carbono producido por la actividad humana y tiene muchos más efectos positivos para nuestra vida. 

Los océanos generan alrededor del 50% del oxígeno que necesitamos

Por eso, cada 8 de junio se celebra el día mundial de los Océanos. Puede parecer una fecha más dentro del calendario internacional, pero no lo es, porque más allá de playas, ballenas, arrecifes o paisajes marinos, habla de una parte esencial del sistema que hace posible la vida en la Tierra.

Por supuesto, el mar no está al margen de la crisis climática. Si el planeta mantiene todavía cierto equilibrio, es -en buena medida- porque los océanos están absorbiendo una parte enorme del impacto. Son una infraestructura natural de la que depende nuestra vida.

El océano absorbe el 90% del exceso de calor generado por las emisiones

El gran regulador del clima

Cuando hablamos de cambio climático solemos pensar en fábricas, coches, bosques, sequías o energías renovables. Pensamos menos en el mar. Y, sin embargo, el océano es uno de los grandes reguladores del clima.

Naciones Unidas nos recuerda que el océano absorbe el 90% del exceso de calor generado por las emisiones. Por eso, un océano más caliente altera las corrientes, afecta a las especies marinas, contribuye a la subida del nivel del mar y aumenta el riesgo de fenómenos extremos.

La Comisión Europea también subraya que sostiene servicios ecosistémicos esenciales. Cuando lo mantienes limpio y lo cuidas, ayudas a conservar un sistema que influye directamente en la temperatura, las lluvias, la seguridad alimentaria y la estabilidad de muchas zonas costeras.

El problema es que cuanto más se calienta el océano, más se debilita su equilibrio y menos capacidad tiene para seguir cumpliendo las funciones de las que dependemos.

Biodiversidad invisible, pero imprescindible

El océano cubre aproximadamente el 70% de la superficie del planeta y es la mayor biosfera de la Tierra. Según Naciones Unidas, alberga hasta el 80% de toda la vida del mundo. Sin embargo, buena parte de esa biodiversidad permanece lejos de nuestra vista.

Ese es uno de los grandes problemas: lo que no vemos parece menos urgente. Pero bajo el agua se están acumulando presiones muy concretas. La sobrepesca, la contaminación, el calentamiento, la pérdida de hábitats, las capturas accidentales y la acidificación están cambiando los ecosistemas marinos.

La Agencia Europea de Medio Ambiente advierte de que muchos hábitats y especies continúan en un estado de conservación desfavorable. Y la salud del océano no afecta solo a las criaturas que viven en él, afecta a toda la cadena ecológica. Cuando se degradan los ecosistemas marinos, se resienten la pesca, el turismo, la protección natural de las costas y la capacidad del mar para almacenar carbono.

El mar también es economía

Cuidar los océanos también es una cuestión económica. La pesca, el transporte marítimo, el turismo costero, la energía marina, los puertos, la investigación y la biotecnología dependen de mares sanos. La Comisión Europea recuerda que las industrias vinculadas al océano tienen un peso muy relevante en la economía global. Pero esa actividad solo puede mantenerse si el ecosistema que la sostiene no se deteriora.

Por eso, la UE cuenta con el Pacto Europeo por el Océano, una estrategia que busca “proteger mejor el océano”, reforzar la economía azul sostenible y apoyar a las comunidades costeras e insulares. Entre sus prioridades están restaurar la salud del océano, mejorar el conocimiento científico, impulsar la seguridad marítima y fortalecer la gobernanza internacional.

La conclusión es que, sin conservación, muchas actividades económicas vinculadas al mar serán cada vez más frágiles.

España, un país que mira al mar

En España, el ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico trabaja con estrategias marinas como instrumentos de planificación del medio marino. Su objetivo es avanzar hacia el buen estado ambiental, proteger la biodiversidad, prevenir la contaminación y garantizar que las actividades humanas sean compatibles con la conservación.

Nuestro país también se ha comprometido con el objetivo internacional de proteger el 30% de la superficie marina en 2030. En 2025, el gobierno anunció nuevos pasos para ampliar la protección de espacios marinos y reforzar la Red Natura 2000 en el mar.

La contaminación empieza en tierra

Uno de los grandes errores es pensar que el océano empieza en la playa. En realidad, empieza mucho antes. Muchos de los residuos que llegan al mar proceden de actividades terrestres: plásticos mal gestionados, vertidos, aguas contaminadas o basura abandonada que acaba arrastrada por ríos y redes de saneamiento.

Naciones Unidas insiste cada año en la necesidad de reducir el impacto humano sobre el océano. No es casual. Los plásticos, los microplásticos y otros contaminantes no desaparecen. Se fragmentan, se desplazan, se acumulan y pueden entrar en la cadena alimentaria.

La contaminación afecta a especies, hábitats, pesca, turismo y salud ambiental. También demuestra hasta qué punto nuestras decisiones diarias están conectadas con el mar, incluso cuando vivimos lejos de la costa.

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