Con la mirada puesta en Irán, la celebración del día internacional para Concienciar sobre el Desarme y la No Proliferación que propone la ONU cada 5 de marzo cobra este año una relevancia mayor, si cabe, que en otras ocasiones. La organización nos invita a mirar de frente una realidad incómoda: el mundo está cada vez más armado y, paradójicamente, más inseguro.
El mundo está cada vez más armado y, paradójicamente, más inseguro
La jornada no es una efeméride simbólica más en el calendario internacional. Es una llamada a la responsabilidad política y ciudadana en un contexto de guerras prolongadas, rivalidades geopolíticas y nuevas tecnologías militares que transforman la naturaleza del conflicto.
Los conflictos prolongados están causando un sufrimiento humano indecible
Agenda para el desarme
La propia ONU lo ha reconocido con claridad. En el prólogo de su Agenda para el Desarme, el secretario general António Guterres advierte: “Vivimos en tiempos peligrosos. Los conflictos prolongados están causando un sufrimiento humano indecible”. Y añade que el gasto militar global y la competencia armamentística están aumentando, mientras “las tensiones de la guerra fría han regresado a un mundo que se ha vuelto más complejo”.
Ese diagnóstico no es retórico. Naciones Unidas asegura que el gasto militar mundial ha alcanzado sus niveles más altos desde la caída del Muro de Berlín: “La seguridad internacional está en riesgo” y las tensiones entre grandes potencias vuelven a marcar la agenda global.
Un mundo más armado y más frágil
El día internacional para Concienciar sobre el Desarme y la No Proliferación se enmarca en esa preocupación creciente. La ONU recuerda que la proliferación de armas —nucleares, químicas, biológicas y convencionales— no solo incrementa el riesgo de guerra entre Estados, sino que también alimenta conflictos internos, violencia urbana, terrorismo y crimen organizado.
La Agenda para el Desarme describe un escenario en el que los conflictos actuales son “más prolongados, más letales para los civiles y más propensos a la intervención externa”, como demuestran los caso de Ucrania, Venezuela e Irán. Además, señala que el coste económico de la militarización es desproporcionado: más del 12% del PIB mundial se destina a contener distintas formas de violencia, mientras miles de millones de personas carecen de servicios básicos.
En ese contexto, el desarme no se presenta como una utopía pacifista, sino como una herramienta concreta para reducir riesgos. “El desarme es la única garantía para prevenir una guerra nuclear”, insiste Naciones Unidas. La organización recuerda que todavía existen miles de armas nucleares en el mundo y que centenares de ellas permanecen en estado de alerta máxima.
La amenaza nuclear sigue ahí
Aunque la Guerra Fría terminó hace más de tres décadas, el riesgo nuclear no ha desaparecido. De hecho, la ONU advierte de señales preocupantes: modernización de arsenales, debilitamiento de acuerdos de control de armas y estancamiento de las negociaciones multilaterales.
La Agenda para el Desarme, titulada Securing Our Common Future (Asegurar nuestro futuro común) subraya que el objetivo último sigue siendo la “eliminación total de las armas nucleares”.
Sin embargo, reconoce que el proceso atraviesa “una grave crisis”. El secretario general ha reiterado que el riesgo actual es “inaceptable” y que la comunidad internacional debe retomar el diálogo estratégico entre las potencias nucleares.
En paralelo, el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares —adoptado por la Asamblea General en 2017— representa un avance normativo relevante, aunque no cuenta con el respaldo de las principales potencias atómicas. Para la ONU, ambos caminos —el control gradual y la prohibición— no son excluyentes, sino complementarios.
Armas convencionales y víctimas invisibles
Más allá del debate nuclear, el día internacional pone el foco en el impacto cotidiano de las armas convencionales. Bombas, misiles, armas ligeras y municiones siguen siendo responsables de la mayoría de víctimas en los conflictos actuales.
La Agenda para el Desarme alerta del uso de explosivos en zonas urbanas y del efecto devastador sobre la población civil, las infraestructuras sanitarias y educativas y el tejido económico de los países afectados. La proliferación de armas pequeñas y ligeras, en particular, está estrechamente vinculada a la violencia de género, la delincuencia organizada y la inestabilidad política.
En este ámbito, la ONU insiste en reforzar los mecanismos de regulación, transparencia y control de transferencias internacionales. También apuesta por la gestión segura de arsenales y municiones, para evitar desvíos y explosiones accidentales en zonas pobladas.
Nuevas tecnologías, nuevos riesgos
El desarme del siglo XXI ya no puede limitarse a las armas tradicionales. La organización advierte del impacto de la inteligencia artificial, los sistemas autónomos de armas, la ciberseguridad y la militarización del espacio.
“Debemos asegurarnos de que los avances en ciencia y tecnología se utilicen para el bien de la Humanidad”, afirma Guterres. El temor no es solo que estas herramientas aumenten la capacidad destructiva, sino que reduzcan el control humano sobre decisiones letales.
En este sentido, la ONU defiende que “los seres humanos deben mantener siempre el control sobre el uso de la fuerza” y que es urgente establecer normas claras antes de que la tecnología supere la capacidad regulatoria de los Estados.
Menos armas, más seguridad
Frente a la idea de que la seguridad se construye acumulando armamento, Naciones Unidas defiende una tesis diferente: “Solo puede lograrse mediante el diálogo político serio y la negociación —nunca con más armas”.
El día internacional para la Sensibilización sobre el Desarme y la No Proliferación recuerda que la reducción de arsenales, el control de transferencias y la prevención de la proliferación no debilitan a los Estados, sino que fortalecen la estabilidad global.
En un mundo marcado por la guerra en distintas regiones, la competencia estratégica entre grandes potencias y la aceleración tecnológica, la advertencia de la ONU suena especialmente pertinente. El desarme no es un lujo moral, sino una condición para la supervivencia colectiva.
Porque, como resume la propia organización, el objetivo sigue siendo “asegurar nuestro futuro común”. Y ese futuro, inevitablemente, pasa por reducir la dependencia de las armas y reforzar la confianza entre naciones.