El Consejo de Ministros aprobó el pasado 21 de julio el Real Decreto 611/2026, que establece un nuevo marco para reducir las emisiones del transporte hasta 2040. Pero no entres en pánico, porque no vas a tener que dejar de usar tu coche, los vehículos de combustión no desaparecerán de las carreteras de un día para otro y las gasolineras no van a cerrar en enero.
No entres en pánico, porque no vas a tener que dejar de usar tu coche
La norma se dirige fundamentalmente a quienes suministran la energía que mueve los vehículos. Las petroleras, comercializadoras y otros operadores tendrán que reducir progresivamente la huella de carbono de los combustibles que venden e incorporar una proporción creciente de energías renovables.
El ministerio para la Transición Ecológica asegura que el objetivo es proporcionar “un marco integral y estable hasta el año 2040”, capaz de ofrecer certidumbre a las empresas y acelerar la introducción de electricidad renovable, biocombustibles avanzados e hidrógeno.
Tampoco se fija la fecha en la que las estaciones de servicio deban dejar de vender gasolina o gasóleo
Tu coche podrá seguir circulando
Como tu cuñado te va a marear con todo tipo de datos falsos que se encuentre en internet, ya te aviso que vas poder seguir usando tu coche, mientras cumpla las normas de circulación, las inspecciones técnicas y las restricciones que correspondan en cada municipio. Estas últimas dependen sobre todo de las zonas de bajas emisiones y de la etiqueta ambiental, no de este nuevo real decreto.
Tampoco se establece una fecha en la que las estaciones de servicio deban dejar de vender gasolina o gasóleo. Lo que cambiará gradualmente será su composición y el modo en que se contabilizan las emisiones asociadas a su producción y consumo.
Lo que sí va a suceder es que las obligaciones de las empresas que ponen los combustibles en el mercado van a ser cada vez mayores. La norma prevé objetivos anuales de descarbonización aplicables al transporte por carretera, al ferrocarril no electrificado y a la navegación. También recoge la trayectoria europea establecida para la aviación.
Gasolina y diésel con una composición distinta
Los combustibles que ya utilizamos pueden incorporar componentes renovables. De hecho, las gasolinas y el gasóleo que se venden actualmente contienen, en distintas proporciones, biocarburantes mezclados con productos derivados del petróleo. El cambio aprobado por el Gobierno pretende elevar progresivamente el peso de esas alternativas y, sobre todo, favorecer las que consiguen una mayor reducción de emisiones.
Por ejemplo, los biocarburantes avanzados, elaborados a partir de materias primas como ciertos residuos, restos agrícolas, aceites usados o subproductos industriales. La normativa también presta atención a los bioalcoholes avanzados que pueden incorporarse a las gasolinas.
Sin embargo, no todos los biocombustibles tienen el mismo efecto ambiental. Cultivar materias primas específicamente para producir carburante puede competir por el suelo, favorecer la deforestación o desplazar cultivos alimentarios. Por eso, el nuevo marco concede más valor a las opciones fabricadas a partir de residuos y establece criterios de sostenibilidad y trazabilidad.
El real decreto crea objetivos específicos para distintos tipos de energía renovable y contempla que puedan revisarse en función de “su disponibilidad y la evolución del mercado”.
Para ti, como conductor, el resultado más visible podría ser una presencia mayor de combustibles renovables en las mezclas que encuentres en la gasolinera. En principio, esos productos deberán seguir cumpliendo las especificaciones técnicas necesarias para los vehículos compatibles.
La electricidad también cuenta como combustible
Una de las novedades es que la electricidad utilizada para mover un vehículo también pasa a desempeñar un papel central en el sistema. El Gobierno introduce los llamados e-credits, certificados que reconocerán el consumo de electricidad renovable en el transporte. Los operadores de puntos de recarga podrán generar esos créditos y venderlos a las empresas obligadas a cumplir los objetivos de reducción de carbono.
Es decir, recargar un coche eléctrico con energía renovable tendrá un valor económico dentro del sistema de descarbonización. Las empresas que suministran carburantes podrán adquirir ese valor para contribuir al cumplimiento de sus obligaciones.
Esta medida pretende atraer inversión hacia las redes de carga, mejorar la rentabilidad de los puntos de recarga y acelerar su despliegue. El ministerio sostiene que el sistema servirá para fomentar la electrificación y dar “señales claras” a las empresas que deben decidir ahora dónde invertir.
No te emociones, porque eso no significa necesariamente que la recarga vaya a ser más barata. El precio final depende de muchos factores: el coste de la electricidad, la potencia contratada, el operador, los impuestos y el lugar donde se cargue.
¿Qué papel tendrá el hidrógeno?
El hidrógeno aparece con frecuencia como solución para casi todo, desde los camiones hasta los aviones. La realidad es algo menos optimista. En los turismos particulares, el vehículo eléctrico de batería lleva una ventaja considerable. La infraestructura está más desarrollada y el uso directo de electricidad suele requerir menos energía que producir hidrógeno, transportarlo y transformarlo otra vez en movimiento.
El nuevo marco reconoce tanto el hidrógeno renovable como los combustibles renovables de origen no biológico. En esta última categoría se incluyen carburantes producidos mediante electricidad renovable, como algunos combustibles sintéticos. Lo que se busca es crear una demanda regulada que ayude a desarrollar tecnologías que todavía son caras o tienen una oferta limitada.
La normativa europea señala que los combustibles renovables y la electricidad pueden contribuir a descarbonizar el transporte y, al mismo tiempo, reducir “la dependencia de las importaciones de energía”.
Pagar por contaminar menos
Hasta ahora, muchas obligaciones sobre biocarburantes se calculaban principalmente según la cantidad de energía renovable incorporada. El nuevo sistema concede más peso a la reducción real de emisiones de gases de efecto invernadero.
El Gobierno quiere que las obligaciones se gestionen mediante un sistema de certificados supervisado por la secretaría de Estado de Energía. Los proveedores deberán demostrar la trazabilidad de los carburantes y acreditar que cumplen las condiciones establecidas.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.