Estamos acostumbrados a mirar la talla de una camiseta, la potencia de un electrodoméstico o la capacidad de la batería de un teléfono antes de comprarlo. Lo que no está tan fácil es averiguar si un producto ha sido diseñado para durar mucho o poco, de dónde proceden sus materiales, si será posible repararlo o qué habrá que hacer con él cuando deje de funcionar.
La UE quiere que la información sobre los productos esté alcance del comprador
La Unión Europea quiere que esa información deje de estar dispersa, escondida entre manuales o, sencillamente, fuera del alcance del comprador. Para ello ha dado un nuevo paso en el desarrollo del Pasaporte digital de producto, una especie de ficha electrónica que acompañará a muchos de los bienes comercializados en el mercado comunitario.
Un contenedor digital de información sobre el producto para mejorar la transparencia
Un registro para todos
La Comisión Europea puso en funcionamiento el 20 de julio el registro central sobre el que se apoyará este sistema. El organismo lo define como un “contenedor digital de información sobre el producto”, concebido para mejorar la transparencia de las cadenas de suministro, facilitar decisiones de compra más informadas y comprobar que las empresas cumplen las normas europeas.
No significa que todos los productos de las tiendas vayan a incorporar el pasaporte de inmediato. El despliegue será gradual y dependerá de las reglas que se aprueben para cada categoría. Sin embargo, la infraestructura que permitirá organizar y verificar esos documentos digitales ya está operativa.
Una ficha digital para conocer lo que compramos
El pasaporte estará asociado a un identificador único, previsiblemente accesible mediante tecnologías como un código QR, una etiqueta digital o algún sistema similar. Al consultarlo, consumidores, empresas y autoridades podrán acceder a los datos exigidos para ese tipo de producto.
La información concreta no será idéntica en todos los casos. Una batería, una prenda de ropa y una mesa no necesitan contar exactamente lo mismo. Dependiendo de la categoría, el documento podrá incluir datos relacionados con los materiales utilizados, la huella ambiental, la durabilidad, las instrucciones de mantenimiento, la reparabilidad, la presencia de determinadas sustancias o las vías disponibles para su reutilización y reciclaje.
La Comisión explica que el sistema está pensado para “almacenar y compartir datos relevantes sobre la sostenibilidad, la durabilidad y otros aspectos medioambientales”. También podrá alojar instrucciones de uso o documentos que acrediten la conformidad del producto con las normas europeas.
En la práctica, podría servir para responder a preguntas que ahora rara vez encuentran una contestación sencilla. Desde si se puede cambiar la batería de un dispositivo, hasta qué porcentaje de la tela de una camiseta procede de materiales reciclados.
No es un gran almacén con todos los datos
El registro estrenado por Bruselas no guardará necesariamente toda la información de cada objeto. Funcionará más bien como un índice común para localizar y validar los distintos pasaportes.
Según la Comisión Europea, esta base de datos almacenará los identificadores únicos, los datos de registro y determinados metadatos generales. La información detallada continuará alojada de forma descentralizada y permanecerá bajo la responsabilidad de los fabricantes, importadores u otros operadores económicos.
Antes de introducir en el mercado europeo un artículo para el que sea obligatorio contar con pasaporte, la empresa responsable tendrá que registrar el documento. Las autoridades aduaneras podrán comprobar electrónicamente si los productos importados disponen de un pasaporte válido, mientras que los organismos de vigilancia del mercado tendrán un acceso más sencillo a la información necesaria para realizar sus controles.
Ese diseño pretende evitar que el pasaporte se convierta únicamente en una etiqueta comercial. La información tendrá que seguir unas normas técnicas comunes para que pueda ser interpretada por compradores, administraciones y sistemas informáticos de distintos países.
De la ropa a las baterías
El sistema se ha desarrollado dentro del Reglamento europeo sobre diseño ecológico para productos sostenibles. La norma amplía la idea tradicional de eficiencia energética y presta atención a todo el ciclo de vida: selección de los materiales, reparación y tratamiento del producto convertido en residuo.
Entre las categorías que podrán quedar cubiertas se encuentran los textiles, el acero y el aluminio, los neumáticos, los muebles, los productos tecnológicos y otros artículos relacionados con la energía. El registro también podrá utilizarse para bienes sometidos a legislaciones europeas específicas, como determinadas baterías de gran tamaño, productos de construcción, juguetes o detergentes.
Las primeras obligaciones no llegarán a todas las categorías al mismo tiempo. La Comisión señala que el entorno actual servirá para probar el sistema antes del primer plazo de aplicación, previsto para el 18 de febrero de 2027 en ciertos tipos de baterías industriales y de vehículos eléctricos.
Una herramienta contra las afirmaciones vagas
Para el consumidor, una de las principales ventajas podría ser la posibilidad de comparar productos con información más homogénea. En la actualidad, muchas empresas utilizan términos como “responsable”, “ecológico” o “sostenible” sin que resulte sencillo saber qué hay exactamente detrás de esas palabras.
El pasaporte no acabará por sí solo con el llamado greenwashing, pero puede reducir el espacio para las afirmaciones ambiguas. Cuanta más información verificable exista sobre la composición, la vida útil o el tratamiento final de un artículo, más difícil será basar toda una campaña en un mensaje medioambiental imposible de comprobar.
También puede favorecer el mercado de la reparación y la segunda mano. Un técnico podrá encontrar instrucciones o datos sobre componentes; una empresa de reciclaje sabrá qué materiales contiene un objeto; y quien compre un producto usado tendrá más posibilidades de conocer sus características originales.
Comprar pensando más allá del precio
Durante décadas, buena parte del consumo se ha apoyado en una información muy limitada: marca, precio, prestaciones y apariencia. La vida posterior del producto quedaba fuera de la etiqueta. El Pasaporte digital de producto intenta añadir una nueva capa. No obligará al comprador a escoger siempre la alternativa más sostenible, pero sí puede darle herramientas para decidir con más conocimiento. Saber que un aparato admite reparación, que una pieza dispone de recambios o que un material puede recuperarse también forma parte del valor de lo que se compra.
Lo que hay que conseguir ahora es que la información sea comprensible y no termine convertida en una ficha técnica interminable que casi nadie consulte. También será necesario vigilar la fiabilidad de los datos y evitar que la obligación resulte especialmente difícil para las pequeñas empresas.
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