Ayer, día mundial de la Bicicleta, te hablé de cómo podemos usarla para mejorar el medioambiente. Pero, como ya sabes que soy un friki de ella, hoy te traigo 5 películas para disfrutar si eres de mi pelotón.

Pero bueno, no hace falta ser ciclista de domingo, fan del Tour o coleccionista de maillots para disfrutar de estas películas. Basta con entender que una bicicleta, en pantalla, rara vez es solo una bicicleta. Puede ser la diferencia entre tener trabajo o no tenerlo. La forma de escapar de un pueblo demasiado estrecho. Una obsesión familiar. Una herramienta para sobrevivir al tráfico. O una máquina de sufrimiento, épica y barro.

Estas películas explican por qué pedalear ha dado tanto juego al cine

Aquí tienes 5 películas icónicas para amantes de la bicicleta. No son las únicas, claro. Pero cada una explica, a su manera, por qué pedalear ha dado tanto juego al cine.

1. “Ladrón de bicicletas”: cuando una bici vale una vida

Si hay una película imprescindible en esta lista, es “Ladrón de bicicletas”, de Vittorio De Sica. Estrenada en 1948, es uno de los grandes títulos del neorrealismo italiano y sigue funcionando porque parte de un planteamiento muy sencillo: un hombre necesita su bicicleta para trabajar, se la roban y toda su vida se va al garete.

La historia de Antonio Ricci, acompañado por su hijo Bruno por las calles de una Roma empobrecida tras la guerra, no tiene nada de épica deportiva. La bicicleta no simboliza libertad, sino supervivencia. Sin ella no hay empleo, no hay salario, no hay futuro inmediato para la familia.

De Sica convierte un objeto cotidiano en una cuestión moral, económica y emocional. La bici no es un capricho ni un accesorio. Es una herramienta de dignidad. Si esperas ver velocidad y movimientos locos de cámara, te va a defraudar, ya te aviso. Pero trata de verla como la metáfora de la vida que es y disfrútala.

2. “El relevo”: crecer, pedalear y querer ser otra persona

“El relevo” —“Breaking Away” en su título original— es una de las películas más queridas por quienes entendemos la bicicleta como algo más que un medio de transporte. Estrenada en 1979 y dirigida por Peter Yates, cuenta la historia de Dave, un joven de Bloomington, Indiana, obsesionado con el ciclismo italiano.

La película, con la que Steve Tesich ganó el Oscar al mejor guion original, tiene comedia, drama de iniciación y espíritu deportivo, pero lo que mejor captura es esa edad en la que uno no sabe todavía quién quiere ser. Dave no solo quiere montar en bici. Quiere hablar italiano, comportarse como un corredor europeo y escapar de la identidad que otros han decidido para él.

Pedalear, en este caso, es una manera de imaginar otra vida, otra clase social, otro horizonte y otra versión de uno mismo. También tiene algo muy bonito para cualquier aficionado: entiende la fascinación casi ridícula que puede despertar una bici.

3. “Bienvenidos a Belleville”: el Tour convertido en delirio animado

“Bienvenidos a Belleville”, de Sylvain Chomet, es probablemente la película más extraña de esta lista. Y también una de las más memorables. Estrenada en 2003, parte de una premisa delirante: un ciclista que participa en el Tour de Francia es secuestrado, y su abuela emprende una aventura surrealista para rescatarlo, con la ayuda de unas antiguas cantantes de music hall. Dicho así, parece imposible, pero funciona como un sueño raro, cómico, melancólico y musical.

La bicicleta en “Bienvenidos a Belleville” se muestra como una caricatura extrema. Los cuerpos de los corredores aparecen deformados por el esfuerzo: piernas enormes, torsos mínimos, rostros agotados. Chomet convierte el ciclismo en una especie de maquinaria absurda, bella y cruel.

La película apenas necesita diálogos. Todo se cuenta con ritmo, sonido, gesto y movimiento. Si amas el ciclismo, “Bienvenidos a Belleville” es una joya porque transforma la imaginería del Tour en una fábula visual.

4. “A Sunday in Hell”: el barro, los adoquines y la épica real

Si lo tuyo es el ciclismo de carretera, “A Sunday in Hell” es casi una obligación. El documental de Jørgen Leth retrata la París-Roubaix de 1976, una de las carreras más duras, bellas y salvajes del calendario ciclista. Adoquines, polvo, barro, caídas, pinchazos, coches de equipo, público en las cunetas y corredores convertidos en figuras de resistencia. Pero no se limita a grabar una carrera, sino que retrata el ecosistema completo: corredores, organizadores, mecánicos, espectadores, motos, coches, carreteras y pueblos.

También es una película que ayuda a entender por qué el ciclismo clásico tiene una estética tan poderosa. No solo por la competición, sino por la textura: los adoquines, las ruedas golpeando el suelo, los rostros llenos de polvo, los bidones, los dorsales, los silencios antes de la salida.

5. “Sin frenos”: la ciudad como circuito imposible

“Sin frenos” —“Premium Rush”— no tiene el prestigio de “Ladrón de bicicletas” ni la hondura emocional de “El relevo”, pero merece estar aquí por otra razón: captura como pocas películas la energía urbana de la bici.

Dirigida por David Koepp y protagonizada por Joseph Gordon-Levitt, la película sigue a Wilee, un mensajero en bicicleta que recoge un sobre aparentemente rutinario y acaba metido en una persecución por Manhattan. Sony la resumía como una carrera que convierte un encargo normal en una persecución “de vida o muerte” por las calles de la ciudad.

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