Aunque muchos de sus jugadores lo desconocen, 'Screamer' es un título lanzado por Milestone para PS5, Xbox Series X|S y PC que no es precisamente un debutante en el universo de los videojuegos. La franquicia se originó en los 90, en pleno auge de los títulos de carreras arcade y contribuyó significativamente al éxito del género con sus altas velocidades, gráficos extravagantes y lo mejor de todo, su intención de no ser confundido con ningún tipo de simulador.
Ahora, años después, la idea resurge y crece bajo una propuesta futurista centrada en su propuesta técnica y audiovisual, dejando a un lado casi cualquier vínculo evidente con el pasado, salvo sus raíces arcade. Con este conjunto, 'Screamer' presenta una narrativa inspirada en el anime y unas mecánicas diseñadas para reformular lo mejor de las carreras de los 90 en la generación actual, algo que da como resultado una combinación tan singular como atractiva. Pero, en definitiva, si ya te lo estás preguntando, la producción cumple con creces lo que promete. No temas, que ahora hablamos de todo eso y de mucho más. Ajústate el casco, que allá vamos.
Abraza lo nuevo
'Screamer' adopta un formato arcade, eso es un hecho. Sin embargo, lo hace a través de un universo caleidoscópico completamente futurista que deja claras influencias tanto del anime ciberpunk como de las producciones automovilísticas japonesas, siempre movidas por la sospecha, el conflicto y, como siempre, venganza. La campaña, bautizada como
El Torneo, se organiza alrededor de una competición ilegal planteada por el misterioso Mr. A, que reúne a equipos muy diferentes en una disputa por un premio realmente apetitoso. Precisamente, otro rasgo interesante de la historia, muy en línea con su ambientación futurista, queda patente en la forma en que hablan los personajes. Aunque el inglés actúa como lengua principal, también se escuchan otros idiomas y todos pueden entenderse gracias a un traductor universal que se presenta al inicio.
Hablemos más sobre el torneo
Aunque pueda parecer que el planteamiento está plagado de tópicos, el modo historia de 'Screamer' es realmente interesante. La campaña es demasiado larga como para intentar trasladar toda una trama que está dividida en arcos argumentales y se desarrolla a través de escenas cinemáticas de estilo anime y diálogos muy del gusto de las novelas visuales japonesas. En este sentido, no podemos negar que las animaciones son realmente vistosas en pantalla, sobre todo en las escenas que adoptan por completo la estética de velocidad. En cualquier caso, 'Screamer' logra atraparte hasta el punto en que realmente te interesa lo que ocurre entre pilotos y equipos.
Como puedes comprobar, la narrativa, en sí misma, se representa con una propuesta audaz para un juego de carreras arcade y se percibe que Milestone ha destinado muchos recursos creativos para dar personalidad a este renacimiento. Si bien el género siempre ha sido capaz de funcionar sin necesidad de estos elementos, resulta interesante comprobar cómo es capaz de generar su contexto, construye un mundo y concreta las motivaciones de cada uno de los implicados, como el enigmático Mr. A o el ingenioso mecánico Gage, muy ligado al sistema ECHO, el dispositivo que además de funcionar como un recurso vital dentro del propio juego, también cumple una función argumental.
El sistema ECHO
Este recurso, que se activa en todos los coches, toma forma en varias barras del HUD que se rellenan con cambios de marcha bien ejecutados y luego se usan de distintas maneras. Al acelerar, el juego invita a pulsar un botón en el instante preciso para cambiar de marcha. Ese momento se señala con la vibración del mando y con varias referencias en pantalla, así que el sistema resulta sencillo de ejecutar. Además, la transmisión es semiautomática, de modo que, si el jugador no cambia a tiempo, el coche lo hace por sí solo. El problema es que esa ayuda deja un desequilibrio muy claro frente a los rivales, que encadenan recursos de manera constante.
Aun así, esta mecánica no funciona únicamente para ganar velocidad, porque también rellena la barra de turbo, muy importante en carrera. Además, el sistema ECHO también se conecta con elementos como escudos y ataques, que permiten golpear a los oponentes de formas creativas. Todo esto, combinado con la barra de Entropía y la Sobrecarga, transforma las carreras en algo más parecido a un duelo de habilidad que a una simple prueba de velocidad.
Competición al límite
Ahora toca hablar de lo que realmente importa, las carreras. En 'Screamer' las disputas pueden parecer sencillas, pero son de todo menos simples. La base es totalmente arcade, con una exagerada sensación de velocidad, circuitos variados y pruebas agresivas. Sin embargo, tiene algunos detalles propios y el principal es el esquema de control con dos joysticks analógicos. El izquierdo controla la dirección tradicional, mientras que el derecho se usa para derrapar. Con esto, se aporta un punto de identidad propia que termina dando forma a algo más técnico de lo habitual.
Tras algunas carreras, pronto se confirma que no estamos ante uno de esos juegos en los que basta con mantener el acelerador a fondo y derrapar en el momento justo. Cada coche y piloto es completamente diferente, pero todos coinciden en transmitir bastante solidez y en este punto, no saber exactamente cuándo frenar, derrapar o usar las herramientas, acaba en golpes contra las barreras y pérdida de ritmo. Eso hace que el vehículo no vaya siempre a la velocidad máxima, aunque la propia jugabilidad está pensada para compensarlo.
Conducción arcade con mucho brillo
Bajo una estética claramente inspirada en el anime, una puesta en escena impecable y unos tiempos de carga testimoniales, 'Screamer' introduce elementos narrativos que también se trasladan a la competición. Incluso, en algunos momentos, la cámara adopta encuadres más cinematográficos y el juego retira el control durante breves segundos para reforzar ciertos encontronazos entre equipos y personajes.
Por suerte, ese apoyo aparece con mucha moderación en la campaña, de modo que no ofrece la sensación de estar diseñada como elemento recurrente. No obstante, cuando el volante vuelve por completo a manos del jugador, el título deja una impresión realmente grata porque, aun siendo una experiencia arcade centrada en derrapes y turbos, ofrece bastante más de lo que pueda parecer a simple vista.
En varios momentos, este planteamiento funciona, sobre todo porque el universo de 'Screamer' tiene estilo, los personajes se mueven por intereses muy concretos y hay una dirección artística perfectamente reconocible. Así que prepárate para ver bastante anime y leer diálogos que presentan a los personajes, los tríos Screamer, que es el nombre que reciben los pilotos y también la propia competición, formados por distintos grupos con motivaciones muy diferentes entre sí, algo que deja ver conflictos e incluso elementos de conspiración vinculados a la tecnología ECHO.
La historia condiciona casi todo
Además de su intenso modo historia, el modo Arcade reúne carreras sueltas, torneos por puntos, el clásico contrarreloj, pruebas por equipos y modos online. Aun así, la variante para un jugador es la vía más rápida para desbloquear personajes y pistas. En otras palabras, 'Screamer' invita de forma natural a pasar primero por el modo historia, aprender sus bases y entrar después en los apartados centrados por completo en la competición y el juego online.
Conclusiones
Con un apartado visual realmente atractivo y una estética claramente inspirada en el anime de los noventa, 'Screamer' deja una impresión sobresaliente tanto por su rendimiento como por la solidez con la que mantiene su propuesta en pista. A eso se suma una ambientación futurista bañada en neón que funciona realmente bien con el estilo elegido por Milestone.
Su ambiciosa apuesta por trasladar una historia atractiva y unas mecánicas fáciles de entender, pero difíciles de dominar, dan forma a una experiencia arcade muy disfrutable, dotada de algo que echábamos de menos en los productos de este tipo, que no es otra cosa que una personalidad propia y argumentos más que suficientes para convencer a los amantes del género.