Trevor Booker nunca fue la gran superestrella de la NBA, pero sí uno de esos perfiles que sostienen equipos desde la energía, el sacrificio y la consistencia. Ahora, ya lejos del parqué, su nombre vuelve a sonar por una razón muy distinta: su carrera empresarial. Tras retirarse del baloncesto profesional, Booker ha reforzado una faceta que llevaba años construyendo en paralelo y que hoy le sitúa como un exdeportista obsesionado con dejar una huella mayor fuera del deporte que dentro de él.

Mucho más que un exjugador de rotación

Booker disputó varias temporadas en la NBA y pasó por franquicias como Washington Wizards, Brooklyn Nets, Philadelphia 76ers e Indiana Pacers. Durante ese recorrido se ganó la fama de jugador fiable, físico y siempre útil para tareas poco vistosas. Sin embargo, mientras consolidaba su carrera deportiva, también empezó a prestar atención a otra conversación que escuchaba cada vez más a su alrededor: la de cómo hacer crecer el dinero y construir patrimonio a largo plazo.

Ese interés no nació de la nada. El propio Booker explicó que en sus primeros años su conocimiento sobre finanzas e inversión era limitado, pero que la curiosidad le empujó a aprender, investigar y rodearse de personas que pudieran ayudarle a entender mejor ese mundo. Ahí aparece una figura clave en su historia: Jonah Baize, su amigo y socio, con quien empezó a levantar una estructura empresarial que fue creciendo mientras él todavía seguía compitiendo.

Negocios, propiedades y visión de largo plazo

La dimensión de esa aventura empresarial es una de las cosas que más llama la atención. Según la información publicada sobre su actividad fuera de la cancha, Booker y Baize han llegado a controlar más de una docena de compañías y a invertir en varias más. También se les atribuye una cartera de más de 200 propiedades residenciales y comerciales en distintos estados, además de participaciones en otros proyectos empresariales y deportivos.

El propio Booker ha reconocido que, para aspirar a grandes objetivos, antes necesitó construir una red de seguridad para él y su familia. Solo después de contar con esa base empezó a asumir más riesgo. Esa filosofía ayuda a entender mejor su perfil: no se presenta como un exjugador que improvisa inversiones por intuición, sino como alguien que ha querido convertir la disciplina competitiva del deporte en una estrategia de crecimiento patrimonial sostenido.

De querer ser multimillonario a hablar de un billón

La parte más llamativa de su relato es, sin duda, la magnitud de su ambición. Booker había hablado en el pasado de su deseo de convertirse en billonario, pero más tarde elevó aún más el listón al asegurar que quería ir todavía más lejos y apuntar a una cifra casi imposible. Lo importante, más allá del impacto de esa declaración, es lo que refleja sobre su mentalidad: Booker no quiere ser recordado solo por haber jugado en la NBA, sino por haber construido una auténtica plataforma de negocios con impacto generacional.

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