Ahora está muy de moda que, tanto fondos árabes como grupos de inversión, compren equipos de fútbol y los traten de elevar, buscando un beneficio, tanto deportiva como económicamente. Sin embargo, a finales de los 80 y principios de los 90, la moda era que los grandes capos de la droga como Sito Miñanco o Pablo Escobar invirtiesen en equipos de fútbol como una manera para blanquear su dinero. Gracias a eso, los equipos "afortunados" consiguieron grandes logros deportivos, que antes de la llegada de ese capital no podían ni imaginar.

Sito Miñanco y su compra del Cambados

Corría el año 1986 y Sito Miñanco se encontraba en el apogeo de su actividad criminal y en ese momento es cuando decidió adquirir el club de su Cambados natal, reforzando su papel como "hombre del pueblo". Era el equipo de su pueblo, un pequeño club de una localidad de apenas 12.000 habitantes situada en el centro de las Rías Baixas. Según cuenta el periodista Felipe de Luis (Madrid, 1984), autor del libro “Sito Presidente”, “le gustaba mucho el fútbol”, explica De Luis. Pero no fue esta pasión la que le animó a ello. La decisión la tomó tras morir su padre. “Su muerte le marcó mucho. Podía tener otros intereses, pero eso le pesó”, afirma el autor.

Gracias a la situación financiera del narco, el equipo subió como la espuma. Deportivamente hablando, en tan solo tres años, el equipo ascendió desde las ligas menores de las Rías Baixas hasta Segunda B, quedándose a las puertas de un histórico ascenso a la segunda categoría del fútbol español. Esto lo consiguió gracias a ofrecer primas por contrato que no tenían nada que envidiar a las de los grandes equipos gallegos como el Depor o el Celta. El momento de cobrar llegaba cada primero de mes y en ese momento se podía ver a Sito llegando al estadio con grandes bolsas de dinero, regalo de coches, lujosas fiestas o hasta desplazamientos en planeadora por la ría de Arousa para ir a jugar contra un rival.

El narco se mantuvo en la presidencia del club desde 1986 hasta 1989, hasta que a principios de los noventa los resultados del equipo empezaron a caer. Puede que sea por el comienzo de la operación "Nécora" en contra del narcotráfico gallego. Miñanco dejó la presidencia del club al finalizar la temporada 89-90 y el equipo se mantuvo un par de años en la categoría. En ese momento comenzaron los descensos hasta volver a las categorías autonómicas. A día de hoy, tras haber ascendido la temporada pasada a tercera federación, se sitúa marcando el descenso a tan solo un punto del abismo. 

Pablo Escobar y sus tejemanejes en Atlético Nacional

El narco más famoso de la historia, Pablo Escobar, era un gran fanático del deporte rey. Como cuenta, Popeye, hombre de máxima confianza del capo, durante una persecución policial, Pablo se encontraba pegado al transistor, ya que en ese momento Colombia se encontraba jugando un partido y cantó el gol de los cafeteros como si estuviera en el bar tomándose algo tranquilamente. Tal era su afición, que decidió desde las sombras administrar el equipo de su ciudad, el Atlético Nacional, a pesar de que en su infancia apoyaba a Independiente, pero al ver el gran tirón entre la gente que tenía el equipo, se decantó por el primero.

Ninguna foto oficial, ningún fichaje, ni siquiera un posado con la camiseta del equipo. El narco controlaba el equipo desde las sombras, pero nadie se extrañaba de dónde provenía el éxito deportivo del equipo. El proyecto necesitaba un emblema que lo representara, y lo halló en el equipo que construyó Francisco Maturana. Aquel Atlético Nacional no solo acumulaba victorias: convencía. Con René Higuita, Leonel Álvarez y Andrés Escobar como referentes, el conjunto antioqueño practicaba un fútbol valiente, técnico y reconocible, con un sello propio. Ese nivel futbolístico era incuestionable. Hizo que los éxitos parecieran fruto exclusivo del talento y que cualquier duda quedara sepultada bajo la admiración y los aplausos.

La Copa Libertadores de 1989 fue la culminación de ese proceso. Desde el inicio del torneo, el mensaje que rodeaba la competición era contundente: Nacional debía imponerse. Años más tarde, varios árbitros sudamericanos hablaron de presiones, de visitas incómodas en los hoteles, de maletines con dinero y de advertencias explícitas: “Tiene que ganar Nacional”. No era una simple recomendación. Algunos cedieron ante el soborno; otros entendieron sin necesidad de aceptarlo qué podía suceder si se interponían en el camino. En Medellín, equivocarse podía tener consecuencias fatales

La final ante Olimpia llevó la tensión al extremo: tras caer en la ida, Atlético Nacional tuvo que remontar en un clima de presión absoluta que también alcanzó a los árbitros, y el título se decidió en una agónica tanda de penales que dio al club su primera Libertadores. Más allá del logro deportivo, el triunfo consolidó en la sombra el proyecto respaldado por Pablo Escobar, quien obtuvo algo que el dinero no compraba: admiración popular. Mientras era perseguido por el Estado, muchos lo veían como un benefactor que financiaba canchas y torneos en barrios humildes, convirtiendo el éxito futbolístico en la forma más peligrosa de “pan y circo”.

Escobar cayó en 1993, abatido en un tejado de Medellín. Con su muerte terminó su influencia directa sobre Atlético Nacional. El club siguió adelante, ganó nuevos títulos y trató de desprenderse de aquella herencia incómoda. Pero la Libertadores de 1989 quedó como el símbolo de una época irrepetible y oscura.

Gilberto Orejuela y el Atlético de Cali

Otro de los narcos más influyentes de la década de los 80 en Colombia fue Gilberto Rodríguez Orejuela, el creador del Cartel de Cali. Con su hermano Miguel, Gilberto amasó una enorme fortuna gracias al tráfico de cocaína y utilizó parte de ese dinero para intentar incursionar en el mundo del fútbol profesional, un deporte que lo apasionaba tanto como una forma de lavar dinero y ganar influencia social.

En 1977, los hermanos intentaron adquirir acciones del Deportivo Cali, club emblemático de la ciudad, para introducirse formalmente en el negocio futbolístico, pero la directiva lo impidió. Sin embargo, pronto lograron otro objetivo: convertirse en accionistas mayoritarios del América de Cali, equipo con el que tenían fuertes vínculos afectivos y que pasaría a ser un vehículo para canalizar recursos ilícitos hacia actividades aparentemente “legítimas” en el deporte.

Bajo su influencia económica, el América de Cali vivió años de gran éxito deportivo, con planteles llenos de figuras internacionales y múltiples títulos locales, además de varias finales de Copa Libertadores. Según testimonios, esos logros estuvieron respaldados no solo por la contratación de grandes jugadores, sino también por prácticas cuestionables como el pago a árbitros para favorecer resultados. La relación de los Rodríguez Orejuela con el fútbol terminó tras su caída judicial: Gilberto fue extraditado a Estados Unidos y pasó el resto de su vida en prisión, donde murió en 2022. Con su salida, además de enfrentar sanciones y la incautación de bienes, también se desvinculó cualquier vínculo formal entre el narcotráfico del Cartel de Cali y el deporte profesional en Colombia.

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