El nombre de Sergio Ramos vuelve a agitar el presente y el futuro del Sevilla FC. Cuando el club arranca el año inmerso en dudas deportivas, incertidumbre accionarial y rumores constantes sobre una posible venta, el central de Camas ha emergido como un actor inesperado pero cargado de simbolismo. Criado futbolísticamente en Nervión y convertido en una de las mayores leyendas del fútbol español, Ramos ha comenzado a mover ficha para conocer de primera mano la situación real del club… y valorar algo más que un simple regreso emocional.
El Sevilla vive un momento delicado. El proyecto deportivo sigue sin encontrar estabilidad, el mercado genera más preguntas que respuestas y la propiedad continúa explorando distintas vías para una posible venta. En ese contexto, la aparición de Sergio Ramos ha supuesto un giro de guion. Según distintas informaciones, el ex capitán del Real Madrid ya ha mantenido contactos reales, aunque todavía no formales, con personas del entorno sevillista para interesarse por las posibilidades de compra del club.
Un mensaje en redes y un interés que va más allá de la nostalgia
El movimiento no llegó solo. Coincidiendo con estas informaciones, Ramos publicó un mensaje en redes sociales junto a su pareja brindando por el nuevo año: “Que este año nos sorprenda con oportunidades inesperadas y nos regale la alegría de cumplir nuestros sueños. ¡Vamos a por ello!”. Un texto aparentemente genérico que, en el contexto actual del Sevilla, fue interpretado como algo más que una simple felicitación.
El interés del camero no es improvisado. Tras finalizar su etapa en Rayados de Monterrey, Sergio Ramos se encuentra en un momento de transición profesional y personal. Ha regresado a Europa, ha cerrado su etapa en México y observa con atención el futuro del club donde se formó. De momento, su nombre se suma a una lista de posibles interesados, pero con un peso emocional que ninguno de los otros candidatos puede igualar.
La irrupción de Ramos se produce, además, en un momento clave. Todo parecía encaminado a que un grupo inversor estadounidense se hiciera con el control del Sevilla, con una oferta que rondaba los 3.400 euros por acción. Sin embargo, la due diligence iniciada para analizar la situación económica real del club ha enfriado notablemente esa operación. Las expectativas iniciales se han rebajado y la venta, que parecía inminente, ha entrado en una fase de pausa.
Ese frenazo ha reabierto el escenario y ha dado aire a otras opciones que parecían descartadas. Entre ellas, la conocida como ‘tercera vía’, liderada por los empresarios sevillanos Antonio Lappí y Fede Quintero, que siempre han defendido que el club permanezca en manos de capital local. En ese contexto, la figura de Sergio Ramos encaja como un socio estratégico y mediático de enorme impacto.
Un nombre ligado a Monchi y al sevillismo
El movimiento de Ramos no sería aislado. Hace apenas unos meses, el camero se incorporó como directivo al proyecto del San Fernando 1940, impulsado por Monchi, junto a su hermano René. Un detalle nada menor, teniendo en cuenta que los promotores de la ‘tercera vía’ han manifestado en varias ocasiones su deseo de recuperar a Monchi para liderar el proyecto deportivo del Sevilla en caso de cambio accionarial.
Los contactos, por ahora, se encuentran en una fase embrionaria. No hay una oferta oficial registrada, pero sí una voluntad clara de explorar escenarios si la venta al fondo extranjero no se concreta o si el precio final se acerca a lo que este grupo estaría dispuesto a asumir.
¿Inversor y jugador? El obstáculo legal
La posible implicación de Sergio Ramos en la compra del Sevilla abre también un debate legal de gran calado. Si el central decidiera convertirse en accionista o inversor del club, no podría jugar en LaLiga mientras siga en activo. El motivo es la conocida como cláusula ‘anti Piqué’, incluida en la Ley del Deporte aprobada en 2022.
Esta norma impide a un deportista en activo mantener relaciones comerciales con una competición en la que participa, con el objetivo de evitar conflictos de intereses como los que surgieron en su día con la Supercopa de España en Arabia Saudí. En la práctica, esto obligaría a Ramos a continuar su carrera fuera de España si finalmente se implica en la compra del Sevilla.
Europa, la selección y un último reto
A sus 39 años, Sergio Ramos no ha cerrado la puerta a seguir compitiendo al máximo nivel. Tras despedirse oficialmente de Rayados, dejó claro que no volverá a jugar en México. El deseo familiar de regresar a Europa y la nostalgia por el fútbol del viejo continente pesan en su decisión. Además, sobrevuela una última ambición: intentar regresar a la selección española como colofón a una carrera histórica.
En ese escenario, destinos como Manchester United, AC Milan, Newcastle, Galatasaray o incluso el Como de Cesc Fàbregas han aparecido en el radar. Cualquiera de ellos permitiría a Ramos seguir en activo sin chocar con la legislación española.
Mientras tanto, el sevillismo observa con expectación. La posibilidad de que uno de los suyos, criado en Nervión y convertido en icono mundial, regrese no para vestir la camiseta, sino para tomar decisiones desde los despachos, despierta ilusión y también cautela. El camino aún es largo, las piezas no están colocadas y nada es definitivo.
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