Roland Garros ha presentado una bolsa económica récord para su edición de 2026, pero el anuncio no ha calmado a los jugadores. Al contrario: ha reabierto una crisis que llevaba meses creciendo dentro del circuito. El torneo francés repartirá 61,7 millones de euros, un aumento del 9,5% respecto al año anterior, pero varias figuras del tenis consideran que la subida sigue siendo insuficiente. El conflicto no está solo en cuánto cobra el campeón, sino en qué parte del negocio total llega realmente a los tenistas.

Un premio récord que no convence

Sobre el papel, Roland Garros 2026 mejora sus cifras. Los campeones individuales masculino y femenino recibirán 2,8 millones de euros, mientras que los finalistas se llevarán 1,4 millones. Los semifinalistas cobrarán 750.000 euros, los cuartofinalistas 470.000, y quienes caigan en primera ronda ingresarán 87.000 euros.

La organización puede presentar estos datos como una mejora evidente, pero los jugadores miran otra tabla: la del porcentaje sobre los ingresos totales del torneo. Ahí nace el enfado. Según las quejas del colectivo, los tenistas recibirían en torno al 14,9% de los ingresos previstos en 2026, lejos del 22% que reclamaban y por debajo del reparto habitual en algunos torneos ATP y WTA 1000.

El problema no es solo el campeón

La crítica de fondo no se centra únicamente en los grandes nombres. Los tenistas mejor pagados pueden vivir de sus premios, patrocinios y contratos personales, pero la situación cambia mucho fuera del top mundial. Para los jugadores de ranking medio o bajo, viajar con entrenador, fisioterapeuta, alojamiento, vuelos y planificación anual supone un coste enorme.

Por eso, el debate sobre Roland Garros no va solo de si el campeón cobra 2,8 millones de euros. Va de si el sistema reparte de forma justa lo que genera el torneo. Los jugadores sostienen que el crecimiento económico de los Grand Slams no se está trasladando de manera proporcional a quienes sostienen el espectáculo en la pista.

Sinner, Sabalenka y Gauff elevan el tono

El malestar ha llegado hasta algunas de las caras más importantes del circuito. Jannik Sinner, Aryna Sabalenka y Coco Gauff han mostrado su preocupación por el reparto económico y han dejado claro que el conflicto no es solo una cuestión de dinero, sino también de respeto institucional hacia los jugadores. Sinner habló de una sensación de falta de respeto y que incluso se ha planteado la posibilidad de un boicot si no hay avances.

Sabalenka también ha sido una de las voces más firmes en esta reclamación, mientras que Gauff ha insistido en que la conversación afecta especialmente a quienes no tienen los ingresos comerciales de las grandes estrellas. Novak Djokovic, impulsor histórico de la PTPA, también ha respaldado la necesidad de una reforma estructural en el tenis profesional.

La comparación con otros deportes agranda el enfado

El gran argumento de los jugadores es que el tenis reparte mucho menos que otros grandes deportes. En ligas como la NBA o la MLB, los deportistas reciben porcentajes mucho más altos de los ingresos generados por la competición. En los Grand Slams, en cambio, los jugadores denuncian que su parte se queda muy por debajo, a pesar de ser el principal producto que vende entradas, derechos televisivos y patrocinadores.

Roland Garros generó unos ingresos muy elevados en los últimos años y, según el comunicado de los jugadores citado por varios medios, la participación de los tenistas habría bajado del 15,5% en 2024 al 14,9% previsto en 2026. Ese descenso porcentual es lo que convierte una subida de premios en una medida insuficiente para buena parte del vestuario.

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