Rafa Jódar no pudo culminar su extraordinaria semana en Washington con el título. Taylor Fritz impuso su experiencia y su potencia para derrotar al español por 7-6(2) y 6-4 en una final aplazada al lunes por la lluvia. El estadounidense conquistó su undécimo trofeo profesional, mientras que Jódar se quedó a las puertas del que habría sido su primer campeonato de categoría ATP 500.

El resultado, sin embargo, explica solo una pequeña parte de lo ocurrido. El primer set se decidió después de que ninguno de los dos cediera su servicio. En el segundo, Fritz abrió una ventaja temprana, pero Jódar volvió a competir cuando el partido parecía escapársele. Incluso después de sufrir una caída y sentir molestias en la muñeca izquierda, salvó cuatro bolas de partido y obligó al estadounidense a cerrar la final bajo máxima presión.

Fritz terminó reconociendo públicamente el nivel de su rival. Durante la ceremonia bromeó agradeciéndole que le hubiera permitido ganar y destacó el enorme futuro que tiene por delante. Jódar abandonó Washington sin el trofeo, pero con algo probablemente más importante para su carrera: la confirmación de que puede competir de igual a igual contra los mejores del circuito.

Del tenis universitario al puesto 15 del mundo

La dimensión de su progresión se entiende mejor mirando dónde se encontraba hace apenas un año. Jódar todavía competía en el tenis universitario estadounidense y aparecía fuera de los 900 primeros puestos del ranking. Después de su recorrido hasta la final en Washington, el madrileño asciende hasta la decimoquinta posición mundial en su primera temporada completa como profesional.

Ningún jugador había conseguido en el siglo XXI entrar en el top 20 durante el mismo año de su debut en un cuadro final ATP. Jódar se convierte, además, en el decimoquinto tenista de este siglo que alcanza esas posiciones con 19 años o menos. Lo logra a la misma edad que Novak Djokovic, Roger Federer, Andy Murray, Jannik Sinner o Alexander Zverev, y solo después que precoces excepciones como Rafael Nadal, Carlos Alcaraz y Andy Roddick, que entraron con 18.

La comparación no significa que su carrera vaya a seguir el mismo camino que la de esas leyendas. Sí demuestra, en cambio, que su velocidad de crecimiento se encuentra en un territorio reservado para muy pocos jugadores.

Un campeón júnior que eligió un camino diferente

Nacido en Madrid, Jódar comenzó a jugar al tenis durante su infancia y se formó en el Club de Tenis Chamartín, donde compartió entrenamientos con Martín Landaluce. Su primera gran aparición internacional llegó en 2024, cuando conquistó el título júnior del US Open después de imponerse al noruego Nicolai Budkov Kjaer en un desempate del set definitivo.

En lugar de saltar inmediatamente al circuito profesional, eligió una vía todavía poco habitual entre las grandes promesas españolas: el tenis universitario estadounidense. Se incorporó a la Universidad de Virginia, donde encontró instalaciones de primer nivel, una estructura competitiva constante y un entorno que le permitió seguir desarrollándose sin depender completamente de los resultados individuales.

En Virginia fue reconocido como mejor debutante nacional de la temporada universitaria y recibió la distinción de All-American. Su entrenador, Andrés Pedroso, destacó desde el principio su madurez, su profesionalidad y una capacidad poco común para transformar cada derrota en una herramienta de aprendizaje. Según el técnico, Jódar aprovechaba cada partido ante rivales superiores para detectar carencias y trabajarlas después junto a su padre.

Esa etapa no frenó su progresión profesional. Durante 2025 firmó un balance de 41 victorias y 13 derrotas en el circuito Challenger y conquistó los torneos de Hersonissos, Lincoln y Charlottesville. El último tuvo un significado especial porque se disputó precisamente en las instalaciones de su universidad.

Marrakech cambió la dimensión de su carrera

Jódar decidió convertirse en profesional a finales de 2025, después de participar en las Next Gen ATP Finals. Comenzó 2026 como número 168 del mundo, superó la fase previa del Open de Australia y consiguió allí su primera victoria en el cuadro principal de un Grand Slam. En marzo ya había entrado en el top 100.

El verdadero punto de inflexión llegó en abril. En su primer torneo ATP sobre tierra batida, el español conquistó el título de Marrakech al vencer a Marco Trungelliti por 6-3 y 6-2. Apenas un año después de estar fuera del top 900, levantaba su primer trofeo en el circuito principal.

Lejos de convertirse en un éxito aislado, aquel título abrió una secuencia extraordinaria sobre arcilla. Jódar alcanzó las semifinales en Barcelona y encadenó cuartos de final en los Masters 1000 de Madrid y Roma. En la capital italiana se convirtió en el primer adolescente que llegaba tan lejos desde Djokovic en 2007.

Su temporada de hierba quedó condicionada por problemas abdominales y por la falta de ritmo en Wimbledon. Washington debía servirle para recuperar confianza y adaptarse de nuevo a la pista dura, pero terminó convirtiéndose en otra demostración de su capacidad para evolucionar con enorme rapidez.

Una semana de remontadas y madurez

El recorrido estadounidense no fue sencillo. Jódar superó a Arthur Fils y dominó después a Kei Nishikori, pero tuvo que remontar ante Lorenzo Musetti en cuartos de final y frente a Alejandro Tabilo en semifinales. La capacidad para sobrevivir a los momentos difíciles fue tan importante como su tenis.

Con la clasificación para la final se convirtió en el segundo jugador nacido en 2006 o posteriormente que alcanza dos partidos por un título ATP, después del brasileño João Fonseca. El madrileño ya había ganado en Marrakech y Washington confirmó que su rendimiento no depende únicamente de la tierra batida.

Su juego se apoya en un golpe de derecha agresivo, un servicio cada vez más determinante y una buena capacidad para tomar la iniciativa desde el fondo. Pero el elemento que más llama la atención es su comportamiento competitivo. Jódar no suele abandonar mentalmente los encuentros, incluso cuando el marcador se complica, y ha demostrado una sorprendente naturalidad para enfrentarse a jugadores con mucha más experiencia.

Las ATP Finals dejan de parecer una locura

La derrota contra Fritz impidió que ascendiera hasta el puesto 12 y se acercara todavía más al top 10, pero el balance sigue siendo extraordinario. Jódar sale de Washington como número 15 del mundo y mantiene opciones de participar en las ATP Finals de Turín durante su primer año profesional. Antes de la final aparecía undécimo en la clasificación anual con 2.009 puntos.

Además, apenas defiende 281 puntos durante el resto de la temporada, por lo que tendrá margen para seguir creciendo en Montreal, Cincinnati, el US Open, la gira asiática y París. La exigencia del calendario y el estado de su muñeca marcarán sus próximos pasos, pero su candidatura para terminar el curso entre los mejores ya no puede considerarse una exageración.

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