La trayectoria de Quincy Promes hace tiempo que dejó de explicarse solo desde el fútbol. El extremo neerlandés, que durante años fue un jugador reconocido por su velocidad, su desborde y su capacidad para marcar diferencias en ataque, vuelve a estar en el centro de la actualidad por un asunto mucho más grave: ha reconocido en apelación que apuñaló a su primo durante una pelea ocurrida en julio de 2020. La confesión supone un giro relevante en su estrategia judicial, después de haber guardado silencio durante buena parte del proceso.
Promes, de 34 años y con pasado en el Sevilla, ya había sido condenado en 2023 a un año y medio de prisión por aquellos hechos, al considerarse probado que causó graves lesiones físicas a su familiar tras herirle en una rodilla. Ahora, en el marco del proceso de apelación que se sigue en Ámsterdam, el exinternacional neerlandés ha admitido que le apuñaló “con una navaja una vez”, una frase que cambia por completo el tono de su defensa respecto a etapas anteriores del caso.
Una discusión familiar que terminó en agresión
Según la versión expuesta por su defensa en esta nueva fase judicial, todo ocurrió durante una fiesta familiar en Abcoude, en julio de 2020. La discusión habría comenzado después de que Promes acusara a su primo de haber robado joyas familiares, un conflicto que fue escalando hasta desembocar en una pelea y, finalmente, en el apuñalamiento. Los abogados del exfutbolista sostienen que actuó en defensa propia y bajo un estado mental alterado, aunque la admisión de los hechos le coloca en una posición mucho más comprometida desde el punto de vista público y judicial.
Ese cambio de estrategia también ha venido acompañado de una explicación sobre su silencio anterior. Su defensa asegura que Promes había “perdido toda la fe en el sistema judicial” y que por eso se acogió durante mucho tiempo a su derecho a no declarar. También ha alegado que el futbolista ha estado recibiendo ayuda psicológica y que determinadas experiencias vividas tras su detención en Dubái habrían agravado su situación emocional.
Del talento ofensivo al derrumbe de su imagen
Durante años, Quincy Promes fue un futbolista con nombre propio en Europa. Internacional con Países Bajos, protagonista en diferentes etapas de su carrera y fichaje del Sevilla en 2018 tras su paso por el Spartak de Moscú, su perfil encajaba en el de un atacante explosivo, eléctrico y con capacidad para romper partidos. Sin embargo, su nombre lleva tiempo mucho más ligado a los juzgados que a los estadios.
La confesión sobre el apuñalamiento no aparece, además, como un episodio aislado dentro de sus problemas con la justicia. El exjugador neerlandés también fue condenado a seis años de prisión por su implicación en un caso relacionado con la importación de 1.300 kilos de cocaína, aunque él ha negado su relación con ese delito y mantiene recurrida esa sentencia. La apelación de ese procedimiento está prevista para finales de año, lo que prolonga todavía más el frente judicial que rodea a Promes.