Comprar joven, desarrollar rápido y vender todavía más caro. Esa fórmula ha convertido a clubes como Leipzig, Brighton, Benfica, Atalanta o Aston Villa en protagonistas de algunos de los mayores negocios recientes del mercado de fichajes.

El último ejemplo es Yan Diomande, por quien el Real Madrid acaba de pagar 125 millones de euros más otros 15 en variables, apenas un año después de que el Leipzig desembolsara 20 millones por él. Su caso se suma a los de Moisés Caicedo, Enzo Fernández, Rasmus Højlund y Jhon Durán, futbolistas cuyo valor se multiplicó en apenas una o dos temporadas.

Diomande lleva el modelo al extremo

La progresión del marfileño resulta difícil de comparar incluso con los demás casos. El propio Leganés confirmó que lo incorporó como agente libre a finales de 2024, después de su formación en Estados Unidos. Diez partidos, dos goles y una asistencia con el primer equipo fueron suficientes para que el Leipzig pagara los 20 millones de su cláusula en julio de 2025.

Una temporada en Alemania terminó de disparar su cotización. Diomande fue elegido rookie del año en la Bundesliga y convirtió su velocidad y capacidad para el uno contra uno en una de las grandes apariciones del fútbol europeo. Después llegó el Mundial de 2026 y, con él, el Real Madrid.

El Leipzig transforma ahora aquellos 20 millones en 125 fijos y hasta 140 con variables, mientras el Leganés todavía recibirá varios millones gracias al porcentaje sobre la plusvalía que conservó al venderlo.

Brighton y Benfica, dos ventas por encima de los 100 millones

Antes de Diomande, uno de los ejemplos más claros había sido Moisés Caicedo. Brighton pagó alrededor de cinco millones de euros al Independiente del Valle en 2021 por un centrocampista de 19 años prácticamente desconocido en Europa. Después de una cesión en Bélgica, regresó a Inglaterra y terminó convirtiéndose en una pieza imprescindible.

Disputó 53 encuentros con Brighton, fue elegido jugador de la temporada y ayudó al club a clasificarse por primera vez para una competición europea. Dos años después de comprarlo, Chelsea convirtió aquella apuesta en una operación superior a los 110 millones de euros.

Todavía más rápido fue el caso de Enzo Fernández. Benfica lo incorporó de River Plate durante el verano de 2022 por una cantidad inicial cercana a los diez millones. Apenas seis meses más tarde, después de 29 partidos, cuatro goles, seis asistencias y un Mundial en el que fue elegido mejor joven, Chelsea pagó 121 millones.

El Benfica necesitó medio año para multiplicar aproximadamente por diez una inversión.

Højlund y Durán: pagar por potencial y vender por expectativa

La fórmula también funciona con jugadores cuyo rendimiento todavía no ha alcanzado cifras extraordinarias. Atalanta pagó alrededor de 17 millones por Rasmus Højlund al Sturm Graz en agosto de 2022. El danés marcó diez goles en 34 encuentros durante su única temporada en Italia y un año después Manchester United aceptó una operación de unos 75 millones más variables.

El crecimiento fue todavía más rápido si se observa su etapa anterior: Sturm Graz lo había comprado al Copenhague por menos de dos millones apenas siete meses antes. La clave no fue únicamente lo que Højlund ya producía, sino lo que los compradores creían que podía llegar a producir.

Algo similar ocurrió con Jhon Durán. Aston Villa pagó alrededor de 18 millones por el delantero colombiano del Chicago Fire en enero de 2023. Dos años después, Al Nassr desembolsó alrededor de 77 millones de euros para llevárselo a Arabia Saudí.

El verdadero negocio está en llegar primero

Los cinco casos tienen una característica común: ningún club compró al futbolista ya convertido en estrella mundial. Brighton apostó por Caicedo antes de verlo consolidado en Europa; Benfica necesitó apenas meses para explotar el talento de Enzo; Atalanta encontró a Højlund en Austria; Aston Villa miró hacia la MLS y Leipzig pagó 20 millones por Diomande después de solo diez partidos con el Leganés.

El riesgo existe. Por cada jugador vendido por cinco o diez veces su coste aparecen otros que nunca alcanzan ese valor. Pero cuando la apuesta funciona, el beneficio puede transformar las cuentas de un club.

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