El fútbol empieza a mirar de frente a la crisis climática. A pocas semanas del Mundial 2026, científicos, expertos en salud y futbolistas han elevado la presión sobre la FIFA con una petición doble: proteger mejor a los jugadores y aficionados del calor extremo y dejar de aceptar patrocinios de grandes compañías petroleras. La alerta llega después de que varios estudios hayan advertido de que alrededor de uno de cada cuatro partidos del torneo podría jugarse bajo condiciones peligrosas de calor y humedad.
El Mundial 2026, en el centro del debate climático
El Mundial de Estados Unidos, México y Canadá será el más grande de la historia, con 48 selecciones y 104 partidos, pero también puede convertirse en uno de los más expuestos al impacto climático. El torneo se disputará entre el 11 de junio y el 19 de julio, en pleno verano norteamericano, con sedes donde el calor y la humedad pueden condicionar seriamente el rendimiento y la salud.
El informe citado por los expertos señala que cerca del 25% de los encuentros podrían superar umbrales considerados peligrosos para los futbolistas, y que algunos partidos incluso podrían alcanzar niveles en los que se recomendaría aplazar o reprogramar el encuentro. Las sedes más expuestas incluyen ciudades como Miami, Kansas City, Filadelfia, Nueva York/Nueva Jersey, Monterrey y Boston.
Una carta abierta contra el calor extremo
La presión ha llegado a través de una carta abierta impulsada por el New Weather Institute y respaldada por profesionales del deporte, científicos y expertos médicos. En ella se advierte de que las actuales directrices de la FIFA sobre estrés térmico son insuficientes y pueden poner en riesgo a los jugadores durante el Mundial.
Entre las medidas reclamadas aparecen pausas de enfriamiento más largas, mejores sistemas de refrigeración en vestuarios y banquillos, planificación de horarios para evitar las horas más peligrosas y protocolos claros para suspender partidos si las condiciones superan determinados límites. La idea de fondo es sencilla: el fútbol no puede seguir actuando como si el clima fuera un detalle logístico menor.
Los jugadores también alzan la voz
La preocupación ya no llega solo desde laboratorios o informes científicos. También la expresan futbolistas en activo. El internacional noruego Morten Thorsby, fundador del movimiento ambiental We Play Green, ha respaldado la petición de reforzar los protocolos contra el calor antes del Mundial 2026.
Su posición resume un cambio de época. Durante años, el debate climático en el deporte se centró en la huella de carbono de los grandes eventos. Ahora, la conversación también habla de algo mucho más inmediato: si los jugadores pueden competir con seguridad y si los aficionados pueden asistir a los estadios sin exponerse a condiciones peligrosas.
El patrocinio de Aramco, el punto más incómodo
La carta no se queda en el calendario ni en la salud de los deportistas. También apunta a una contradicción de fondo: que un Mundial amenazado por el calor extremo esté patrocinado por una de las mayores compañías petroleras del mundo. La crítica se dirige especialmente a Aramco, gigante saudí de los combustibles fósiles y socio comercial de la FIFA.
Para los firmantes, aceptar dinero de petroleras mientras el fútbol sufre cada vez más los efectos del cambio climático supone un conflicto evidente. El mensaje es duro: si la FIFA quiere presentarse como una organización comprometida con la sostenibilidad, no puede seguir dando visibilidad global a empresas cuyo negocio principal está ligado a las emisiones que agravan la crisis climática.
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