El fútbol italiano llora la muerte de Franco Baresi, histórico capitán del Milan y uno de los mejores defensas de todos los tiempos. El exfutbolista ha fallecido este viernes a los 66 años, según confirmó el club al que dedicó prácticamente toda su vida, primero sobre el terreno de juego y posteriormente desde diferentes responsabilidades institucionales.

La noticia llega apenas dos días después de que el propio Milan tuviera que desmentir las informaciones falsas que ya anunciaban su fallecimiento. Baresi atravesaba un momento delicado de salud después de haber sido intervenido en 2025 para extirparle un nódulo pulmonar. El club no ha detallado oficialmente la causa de su muerte.

Se marcha una figura imposible de separar de la historia del conjunto rossonero. Baresi jugó 20 temporadas, disputó 719 partidos oficiales y ejerció como capitán durante 15 años, liderando al Milan tanto en uno de los periodos más complicados de la institución como en la etapa en la que se convirtió en el mejor equipo del mundo.

El rechazo del Inter que cambió la historia del Milan

Franco Baresi nació el 8 de mayo de 1960 en Travagliato, una pequeña localidad de la provincia de Brescia. Su hermano mayor, Giuseppe, también desarrollaría una importante carrera como defensa, aunque en el otro gran equipo de la ciudad de Milán.

Ambos llevaron a cabo pruebas para ingresar en la cantera del Inter, pero el club decidió quedarse únicamente con Giuseppe. Franco, considerado demasiado pequeño y poco desarrollado físicamente, terminó encontrando una oportunidad en el Milan. Aquella decisión aparentemente menor acabaría marcando durante dos décadas la rivalidad entre los dos equipos de la ciudad.

Baresi debutó con el primer equipo el 23 de abril de 1978, cuando todavía tenía 17 años. Una temporada después ya era titular y participó en la conquista de la Serie A de 1978-1979, el décimo Scudetto de la historia del club. Su crecimiento fue tan rápido que pronto dejó de ser conocido como “Baresi II”, la forma de diferenciarlo de su hermano, para convertirse sencillamente en Baresi.

La fidelidad que construyó su leyenda

El primer título dio paso a uno de los periodos más difíciles de la historia del Milan. El club descendió a la Serie B en 1980 como consecuencia del escándalo de amaño de partidos conocido como Totonero. Después de regresar inmediatamente a Primera, volvió a perder la categoría por motivos deportivos en 1982.

Baresi pudo marcharse, pero decidió quedarse. Disputó las dos temporadas del equipo en Segunda y contribuyó en ambas ocasiones a recuperar la categoría. Esa fidelidad durante los años más oscuros fue tan importante para su leyenda como los títulos que llegarían posteriormente.

Con apenas 22 años recibió el brazalete de capitán. No era el futbolista más corpulento ni el que más levantaba la voz, pero entendía el juego antes que los demás. Ordenaba la defensa, corregía la posición de sus compañeros y sabía cuándo anticiparse, retroceder o lanzar al equipo hacia delante.

El cerebro del mejor Milan de la historia

La llegada de Silvio Berlusconi a la presidencia y de Arrigo Sacchi al banquillo transformó completamente al Milan. Alrededor de Baresi se construyó una defensa formada por Mauro Tassotti, Alessandro Costacurta y Paolo Maldini, considerada como una de las mejores líneas defensivas de la historia.

Baresi fue el encargado de dirigirla. El conjunto italiano defendía lejos de su portería, presionaba de manera coordinada y utilizaba la trampa del fuera de juego como un mecanismo colectivo. El capitán levantaba el brazo y toda la línea avanzaba al mismo tiempo, obligando al rival a tomar decisiones en apenas unos segundos.

Con solo 1,76 metros, demostró que un central no necesitaba imponerse únicamente mediante la fuerza. Su principal ventaja estaba en la lectura del juego, la velocidad para corregir, la limpieza en la salida del balón y una extraordinaria capacidad para anticipar el siguiente movimiento del delantero.

Bajo las órdenes de Sacchi y posteriormente de Fabio Capello, el Milan dominó Italia y Europa. Baresi conquistó seis títulos de la Serie A, tres Copas de Europa, dos Copas Intercontinentales, dos Supercopas de Europa y cuatro Supercopas italianas. En 1989 terminó segundo en la votación del Balón de Oro, solo por detrás de su compañero Marco van Basten, algo especialmente poco habitual para un defensa.

Una carrera entera con la misma camiseta

El defensa disputó 719 encuentros oficiales y marcó 33 goles con el Milan. Desde su debut en 1978 hasta su retirada en 1997, nunca vistió la camiseta de otro club. Atravesó descensos, reconstrucciones, cambios de propietarios y etapas de dominio continental sin abandonar San Siro.

Su despedida provocó una decisión hasta entonces excepcional. El Milan retiró el dorsal número 6, que nunca volvería a ser utilizado por otro jugador del primer equipo. El brazalete pasó a Paolo Maldini, su compañero y heredero dentro de una defensa que marcó una época.

Después de retirarse, Baresi permaneció vinculado a la institución. Trabajó con los equipos juveniles, desempeñó diferentes funciones dentro del club y terminó siendo nombrado vicepresidente honorario, manteniéndose como una de las principales representaciones del llamado ADN milanista.

Campeón del mundo y héroe en la derrota

Su trayectoria con Italia también estuvo llena de momentos históricos. Baresi disputó 81 partidos con la Azzurra y formó parte de la selección que conquistó el Mundial de España en 1982, aunque no llegó a participar durante el torneo. Ocho años después fue una de las figuras del equipo que terminó tercero en Italia 1990.

Sin embargo, su actuación más recordada llegó en el Mundial de Estados Unidos de 1994. Baresi sufrió una lesión de menisco durante el segundo encuentro de la fase de grupos y tuvo que pasar por el quirófano. Todo parecía indicar que su torneo había terminado, pero regresó apenas 25 días después para disputar la final contra Brasil.

A sus 34 años y recién operado, jugó los 120 minutos del partido y dirigió una defensa italiana que consiguió mantener el empate a cero frente a Romário y Bebeto. Su actuación fue prácticamente perfecta, aunque la noche terminó con una de las imágenes más dolorosas de su carrera.

Baresi lanzó el primer penalti de Italia y envió el balón por encima del larguero. Brasil terminó proclamándose campeona después del posterior fallo de Roberto Baggio, mientras el capitán italiano permanecía arrodillado y entre lágrimas. Aquella derrota no debilitó su figura: la convirtió en el ejemplo definitivo de un futbolista capaz de competir hasta el límite físico por su selección.

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