Pape Cheikh, exjugador del Celta de Vigo y del Olympique de Lyon, ha vuelto a hablar sin filtros sobre el momento más oscuro de su carrera y de su vida personal. El futbolista aseguró que uno de sus mejores amigos de la infancia le drogó para hacerle firmar un poder general con el que después habría comprado dos locales y un BMW M4. Una confesión durísima que ayuda a entender parte del derrumbe personal y profesional que vivió tras salir de la élite.
“Me drogó y me hizo firmar un papel”
El relato de Pape Cheikh es tan impactante como difícil de asimilar. El futbolista explicó que la persona que presuntamente le engañó no era un desconocido, sino alguien de su círculo más cercano. “Uno de mis mejores amigos de pequeño, que vivimos juntos, me drogó y me hizo firmar un papel que era un poder general mío”, confesó el exjugador del Celta.
Ese documento le habría dado a su amigo capacidad para actuar en su nombre. Según el propio Pape, con ese poder se realizaron operaciones económicas de gran valor: “Con eso se compró dos locales y un BMW M4 muy caro”. La gravedad del caso no está solo en el dinero, sino en la traición: alguien de plena confianza habría utilizado su cercanía para aprovecharse de él en uno de los momentos más vulnerables de su vida.
Una carrera que prometía mucho más
Pape Cheikh fue durante años uno de los grandes talentos de la cantera del Celta. Su irrupción llamó la atención de varios clubes europeos y terminó fichando por el Olympique de Lyon, una operación que parecía confirmar que estaba preparado para dar el salto definitivo en el fútbol internacional.
Sin embargo, su trayectoria no siguió el camino esperado. Después de pasar por equipos importantes y vivir experiencias en distintas ligas, el centrocampista acabó lejos del foco mediático. Actualmente juega en el E.D.F. Promesas de Logroño, en la Preferente riojana, una realidad muy distinta a la que muchos imaginaban cuando despuntaba en Balaídos.
El golpe económico y emocional
La historia de Pape Cheikh también muestra la cara más dura del fútbol profesional: la de jugadores jóvenes que, al alcanzar grandes contratos, quedan expuestos a entornos interesados, malas decisiones y personas que se acercan por conveniencia.
En su caso, el golpe fue doble. Por un lado, el daño económico provocado por una presunta estafa de gran dimensión. Por otro, el impacto emocional de descubrir que alguien tan cercano pudo haberle traicionado. No era solo perder dinero; era perder la confianza en una persona que formaba parte de su vida desde pequeño.
El propio jugador ha explicado que no fue consciente de todo hasta meses después, cuando acudió al notario y descubrió el alcance de lo que había firmado. Esa escena resume la magnitud del problema: un futbolista que había pasado por clubes de primer nivel se encontraba intentando entender cómo alguien había podido actuar legalmente en su nombre.
“Voy a volver a Primera”
Pese a todo, Pape Cheikh no quiere que su historia termine marcada únicamente por la caída. El futbolista mantiene un discurso de revancha deportiva y personal. Su objetivo es claro: volver al fútbol profesional y recuperar parte del camino que perdió entre problemas personales, malas decisiones y golpes difíciles de gestionar.
Su caso funciona como una advertencia dentro del fútbol: el talento no siempre basta si alrededor no hay estabilidad, asesoramiento y personas de confianza reales. Pape llegó muy joven a la élite, tocó escenarios importantes y ahora intenta reconstruirse desde abajo.
Lo que cuenta no es solo la historia de un exjugador del Celta que perdió el rumbo. Es la historia de alguien que asegura haber sido engañado por una de las personas que más cerca tenía. Y por eso su frase pesa tanto: “Mi mejor amigo me drogó y me hizo firmar un poder general”.