Lamine Yamal no necesitó recurrir a uno de los insultos racistas que ha recibido durante los últimos años para describir una de las mayores lacras de la sociedad, trasladada al deporte. En una entrevista con Jorge Valdano en Movistar Plus, el jugador del Barcelona puso el foco en otro tipo de situaciones, alejadas de la contidianeidad de la agresión verbal directa. Es decir, comentarios, miradas o comportamientos que pueden pasar inadvertidos para quien los reproduce, pero que siguen utilizando el origen o el color de piel de una persona para marcar una diferencia.
Cuando Valdano le preguntó si había sufrido ese tipo de racismo indirecto, su respuesta fue inmediata: “Sí, mil veces”. Lamine añadió que una parte de esas situaciones procede, según su percepción, de personas que ni siquiera son conscientes de que están actuando de manera racista. En este sentido, Reuters recogió este viernes sus declaraciones y destacó esa distinción entre el insulto abierto y formas menos evidentes de discriminación.
La reflexión introduce un matiz en una conversación que en el fútbol suele aparecer ligada a episodios muy concretos: un grito desde la grada, un cántico, un mensaje en redes sociales o un gesto captado por una cámara. Son situaciones más sencillas de identificar y denunciar que aquellas en las que el origen familiar, la religión o el color de piel aparecen como referencias constantes sin formularse necesariamente como un insulto directo.
Cuando el origen deja de ser una descripción
El propio futbolista explicó en la entrevista que no le molesta que se haga referencia a que es negro si esa característica no se utiliza de forma ofensiva. La diferencia, en su relato, está en el contexto y en el uso que se hace de ella. No es lo mismo describir una característica física o un origen que emplearlos para desacreditar, cuestionar la pertenencia o situar al jugador fuera de una determinada identidad.
Ese matiz conecta con algunos de los ataques que Lamine ha recibido en los últimos años. Durante el Clásico disputado en octubre de 2024 en el Santiago Bernabéu, LaLiga anunció que denunciaría ante la Policía Nacional y la Fiscalía los insultos y gestos racistas dirigidos contra jugadores del Barcelona. Las imágenes difundidas después del encuentro mostraron ataques contra Lamine, Raphinha y Ansu Fati.
Los episodios tampoco se han limitado a los estadios. Los datos publicados este verano por el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia, dependiente del Ministerio de Inclusión, muestran el peso que tiene el fútbol dentro del discurso de odio detectado en redes sociales.
Durante el Mundial de 2026, OBERAXE contabilizó 54.771 contenidos de discurso de odio y narrativas discriminatorias entre el 11 de junio y el 21 de julio. El 52% estaba relacionado con el ámbito deportivo. El organismo destacó específicamente el volumen de mensajes racistas e islamófobos dirigidos contra Lamine Yamal, entre ellos contenidos que cuestionaban su legitimidad para representar a España por su origen familiar o por manifestaciones públicas de carácter religioso.
El patrón ya había aparecido antes. En el cuarto trimestre de 2025, el Observatorio identificó a Lamine Yamal y Vinícius Júnior entre los futbolistas que concentraban más contenidos de odio dentro de la conversación deportiva analizada. El informe señalaba además que determinados acontecimientos, como partidos de máxima exposición, convocatorias de la selección o premios individuales, coincidían con nuevos picos de mensajes racistas.
Del estadio a la pantalla
La respuesta institucional cambia según el espacio en el que se producen los ataques. Dentro de los estadios existen procedimientos para detectar, documentar y denunciar comportamientos racistas. LaLiga recoge información a través de sus directores de partido, imágenes, medios de comunicación, redes sociales y canales propios. Cuando verifica un incidente, puede remitirlo al Comité de Competición, a la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte y, en determinados casos, a Fiscalía o a las fuerzas de seguridad.
En marzo de este año, la competición presentó además un protocolo para prevenir y actuar ante situaciones de discriminación y acoso en el fútbol profesional. A ello se suma la remisión semanal de escritos de denuncia por cánticos violentos, insultantes o intolerantes detectados durante las jornadas.
Las redes plantean otro tipo de dificultades. El volumen es mayor, la identificación de los autores puede resultar más compleja y los mensajes discriminatorios aparecen mezclados con conversaciones cotidianas. En junio, por ejemplo, OBERAXE detectó más de 40.000 contenidos de odio y señaló que el ámbito deportivo era el segundo gran detonante de los mensajes analizados. Las personas de origen norteafricano concentraban el 88% del contenido examinado durante ese mes, mientras Lamine aparecía citado de manera destacada dentro de los ataques relacionados con el Mundial.
El Observatorio ha señalado también que los mensajes contra futbolistas concretos conviven con discursos más amplios sobre inmigración, pertenencia nacional, religión o identidad. En mayo, el Ministerio de Inclusión indicó que Lamine y Vinícius concentraban el mayor volumen de ataques individuales en la monitorización realizada durante el primer trimestre de 2026 y vinculó parte de esos mensajes con narrativas racistas y xenófobas presentes fuera del propio deporte.
El límite que señala Lamine
Las palabras de Lamine desplazan la conversación desde el episodio más evidente hacia situaciones más difíciles de encajar en una denuncia concreta. Un insulto racista captado en una grada puede activar mecanismos institucionales. Un comentario que cuestiona que un jugador sea suficientemente español por sus orígenes, una referencia constante a su ascendencia o una asociación entre raza y comportamiento puede circular con mayor facilidad sin recibir la misma respuesta.
Eso no implica que cualquier referencia al origen o a la identidad sea discriminatoria. El propio Lamine establece esa diferencia cuando explica que no considera ofensivo que se señale su color de piel por sí mismo. El problema, según su relato, aparece cuando esa característica se utiliza para degradar, excluir o establecer una diferencia que no tendría relevancia en otro contexto.
Su testimonio tampoco permite convertir cada comentario ambiguo en un caso de racismo demostrado. Sí señala una zona más difícil de delimitar que el insulto directo y que, precisamente por esa ambigüedad, puede pasar más fácilmente por normal.
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