El juego de tronos del fútbol entra en una nueva dimensión. La tensión empieza a desbordar los despachos de Zúrich, mientras Gianni Infantino trata de atornillarse a sillón – por ahora – presidencial. La crisis abierta por su fallido plan de vender a inversores privados una participación del 20% de los derechos comerciales del Mundial no sólo atañe al futuro del presidente. No después de que la UEFA de Aleksander Ceferin, junto con la AFC (Confederación Asiática) y la CONCACAF emitieran un comunicado conjunto contra la maniobra empresarial del italo-suizo. El problema no se queda en el mero descontento de las asociaciones firmantes, sino que según informa Reuters, estas tres confederaciones empiezan a explorar la posibilidad un fútbol fuera del paraguas de FIFA.

La pregunta, por tanto, ha cambiado y ahora se traslada a qué ocurre si algunas de las grandes confederaciones del fútbol mundial deciden dejar de depender de FIFA para organizar partidos o competiciones. Dicha información señala a esa vía, máxime para garantizar la actividad de sus selecciones si el enfrentamiento con el organismo rector desemboca en una ruptura mayor. No hay anuncio oficial, ni calendario, ni formato siquiera de un eventual torneo alternativo. La información procede de fuentes cercanas al proceso y debe leerse en el análisis de posibles escenarios.

Sin embargo, con la existencia de esas conversaciones la escala de la crisis cambia por completo. Hasta este movimiento, la presión sobre Infantino se podía interpretar como una batalla por el poder de FIFA, en virtud de la proximidad con el ciclo electoral, agendado en un principio para marzo de 2027. Si UEFA, AFC y la CONCACAF empiezan a preparar mecanismos para reducir su dependencia de Zúrich, el conflicto trasciende las fronteras de la institucionalidad y entra en un terreno mucho más delicado e incluso ignoto.

Carta abierta al aficionado… contra Infantino

Las tres confederaciones elevaron este lunes el tono con una carta abierta conjunta en la que acusaron a Infantino de una “ruptura fundamental de confianza” por la manera en la que impulsó el proyecto para abrir parte del negocio del Mundial al capital privado. También reclamaron una investigación independiente, ajena a FIFA, que esclarezca cómo se tomó aquella decisión y qué controles internos existieron durante el proceso.

La propuesta de Infantino contemplaba vender un 20% de una nueva estructura comercial vinculada al Mundial por unos 4.200 millones de dólares. El proyecto terminó retirándose después de una fuerte contestación interna, pero las disculpas de FIFA no han servido para recomponer las relaciones.

El conflicto ha saltado del terreno económico al político. UEFA, AFC y CONCACAF sostienen que el problema no es ya únicamente qué quería hacer FIFA con sus activos comerciales, sino cómo se toman las decisiones y hasta dónde llega el poder del presidente. La carta conjunta lo expresa en términos de liderazgo e integridad. Las tres confederaciones insisten en que quienes dirigen el fútbol administran una responsabilidad colectiva, no una propiedad privada.

Un reciente precedente

Explorar competiciones propias tiene además una carga simbólica importante porque FIFA y las confederaciones han defendido históricamente exactamente lo contrario cuando otros actores han intentado salirse de la estructura oficial. No hay que irse muy lejos para encontrar el precedente en cuestión. Ocurrió en 2021, cuando el Real Madrid, Barcelona y otros clubes europeos lanzaron el órdago de la Superliga Europea.

Entonces, FIFA y las seis confederaciones firmaron conjuntamente una declaración en la que advertían de que cualquier competición mundial debía estar organizada o reconocida por FIFA y que los torneos continentales correspondían a sus respectivas confederaciones. También amenazaron entonces con excluir de las competiciones oficiales a clubes o futbolistas que participaran en torneos no reconocidos.

Cinco años después, el escenario es radicalmente diferente. No son clubes privados los que desafían la arquitectura del fútbol mundial, sino tres de las propias instituciones que forman parte de ella. Huelga decir que no implica que UEFA, AFC y CONCACAF estén preparando una “Superliga de selecciones”. La información de Reuters se limita a trasladar que fuentes cercanas al proceso hablan de explorar competiciones entre las confederaciones para asegurar partidos en caso de que la situación con FIFA empeore. Pero la diferencia no es menor.

Infantino todavía conserva apoyos

UEFA y CONCACAF tampoco parten de cero en su cooperación. Ambas organizaciones firmaron en abril un nuevo memorando de entendimiento para profundizar su colaboración en distintas áreas, desde formación hasta desarrollo de jugadores, entrenadores y árbitros. La confederación norteamericana y caribeña, además, ya dispone de un calendario propio de selecciones nacionales hasta 2029 y ha reformado recientemente varias de sus competiciones juveniles.

Nada de esto prueba que exista un campeonato alternativo en preparación. Sí demuestra que las confederaciones cuentan con estructuras y relaciones institucionales suficientemente desarrolladas como para plantearse qué margen tendrían si el conflicto con FIFA alcanzase un punto de no retorno.

La oposición de tres confederaciones tampoco significa que Infantino esté aislado. Reuters calcula que cerca de 70 de las 211 federaciones miembro de FIFA han manifestado públicamente su apoyo al presidente, mientras distintas asociaciones han retirado o evitado comprometer su respaldo. Infantino mantiene apoyos relevantes especialmente en África, donde CAF ha respaldado su liderazgo, y en varias federaciones sudamericanas.

Ahí reside una de las paradojas del momento. Tres grandes estructuras continentales pueden cuestionar abiertamente al presidente y, aun así, no controlar necesariamente los votos de todas las federaciones que las integran.

La FIFA funciona bajo el principio de una federación, un voto, de modo que cada asociación nacional decide individualmente en las elecciones presidenciales. La AFC o CONCACAF pueden enfrentarse institucionalmente a Infantino mientras algunos de sus miembros continúan apoyándolo. Eso convierte cualquier eventual ruptura en un proceso mucho más complejo que una simple división por continentes.

Por ahora, la hipótesis de competiciones entre UEFA, AFC y CONCACAF funciona sobre todo como una carta de presión. No hay torneo anunciado ni decisión formal de abandonar las competiciones de FIFA. Pero el solo hecho de que se esté estudiando ese escenario introduce una variable inédita en la crisis con un riesgo elevado para el organismo que rige el fútbol mundial.

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