Chicago ha decidido cortar de raíz la polémica. Los Bulls han despedido a Jaden Ivey después de unos comentarios homófobos en redes que provocaron un fuerte revuelo y que acabaron haciendo imposible su continuidad en la franquicia. La situación estalló cuando el jugador cargó públicamente contra el respaldo de la NBA al Mes del Orgullo, un posicionamiento que la liga lleva años mostrando de forma visible.

El comentario que lo cambió todo

La declaración que desencadenó el caso fue especialmente dura. En uno de sus directos, Ivey dijo: “El mundo proclama LGBTQ, ¿verdad? Proclaman el Mes del Orgullo y la NBA también. Se lo muestran al mundo entero. Dicen: ‘Únanse a nosotros en el Mes del Orgullo para celebrar la injusticia’. Lo proclaman en vallas publicitarias. Lo proclaman en las calles. Injusticia”. En otra versión recogida en los artículos, el cierre de ese discurso aparece con la palabra “perversión”, una expresión que terminó de disparar la reacción contra él.

No fue una frase aislada ni una interpretación dudosa. El fondo del mensaje quedó claro desde el primer momento: Ivey atacaba directamente una de las campañas públicas más reconocibles de la liga y lo hacía con un lenguaje que cruzó una línea muy difícil de sostener para cualquier franquicia. En una competición tan pendiente de su imagen institucional, el impacto fue inmediato.

La respuesta de Chicago

Poco después llegó la decisión de los Bulls. El equipo anunció su salida apelando a una “conducta perjudicial para el equipo”, una fórmula breve pero muy contundente. La franquicia evitó extenderse públicamente, pero el mensaje fue claro: el problema ya no era deportivo, sino de comportamiento y de incompatibilidad con los estándares internos del vestuario y del club.

El caso llamó aún más la atención porque el paso de Ivey por Chicago apenas había tenido recorrido. Según los artículos, el jugador había llegado procedente de Detroit en febrero y solo había disputado cuatro partidos oficiales, además de quedar fuera de lo que restaba de temporada por lesión. Aun así, la lesión dejó de ser lo importante en cuanto aparecieron estos comentarios.

“¿Qué le hice yo al equipo?”

El propio Ivey no tardó en responder. Y lo hizo con otro mensaje muy directo en el que cuestionó la explicación pública del despido. “Los Bulls han dicho que mi conducta es perjudicial para el equipo. ¿Por qué simplemente no dijeron que no estamos de acuerdo con su postura con el LGBTQ? ¿Por qué no dijeron eso? ¿Cómo que mi conducta es perjudicial para el equipo? ¿Qué le hice yo al equipo? ¿Qué le hice a los jugadores?”, protestó tras conocer la noticia.

Esa reacción no rebajó el incendio; lo amplió. En lugar de suavizar el conflicto, el jugador dejó claro que no asumía la lectura del club y que veía el asunto como un choque entre su postura y la del equipo. Así, el caso dejó de ser únicamente un despido rápido para convertirse también en un pulso público sobre el motivo real de la ruptura.

La religión, también en el centro

Ivey insistió además en enmarcar su discurso dentro de sus creencias religiosas. En otra de las declaraciones recogidas en las informaciones, aseguró: “No soy el mismo Jaden Ivey que era, el viejo J.I. está muerto. Estoy vivo en Cristo, no importa el contexto de baloncesto que sea”. Esa frase refuerza la idea de que el jugador interpreta el conflicto desde una transformación personal y espiritual, mientras que el club lo aborda como un problema de conducta y convivencia profesional.

De hecho, el entorno del vestuario ya parecía notar ese cambio. El técnico Billy Donovan habló del asunto sin entrar de lleno en la polémica, pero sí marcando una línea clara sobre lo que exige a sus jugadores: “Hay un cierto nivel de expectativas y estándares aquí. Todo el mundo viene con sus propias experiencias personales, ¿verdad? Pero todos tenemos que ser profesionales, tiene que haber un alto nivel de respeto el uno hacia el otro, y nos tenemos que ayudar y ser responsables de acuerdo a estos estándares”.

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