Lo que debía ser una fiesta del fútbol brasileño terminó convirtiéndose en una de las imágenes más lamentables del año. La final del Clássico Mineiro entre Cruzeiro y Atlético Mineiro acabó en una batalla campal con golpes, patadas y empujones que obligó al árbitro a expulsar a 23 personas entre futbolistas y miembros de los banquillos. El incidente comenzó tras una acción en la que el portero visitante arremetió contra el delantero del Cruzeiro, que previamente había arrollado al guardameta tras una acción de ataque. 

Un clásico en el que el fútbol se dejó de lado

Tras la acción del meta galo, el partido se transformó en una pelea campal. Tanto jugadores como miembros de staff de ambos conjuntos saltaron al equipo en una pelea sin precedentes. Varios jugadores saltaron contra el portero, empujándolo contra el palo y aumentando la tensión en el estadio. Tras esto, las patadas, los puñetazos y empujones volaron por doquier. 

La pelea no se limitó a los once jugadores en el campo. Suplentes y miembros de los banquillos también entraron al terreno de juego, lo que multiplicó el número de personas implicadas y complicó todavía más que el árbitro pudiera controlar la situación. Durante varios minutos, el partido quedó completamente detenido mientras el caos se apoderaba del campo.

Una vez que la situación logró calmarse parcialmente, el árbitro tuvo que tomar una decisión sin precedentes. Tras consultar con sus asistentes y revisar lo ocurrido, comenzó a mostrar tarjetas rojas de forma masiva. El balance final fue impactante: 23 expulsiones entre jugadores y miembros de los cuerpos técnicos de ambos equipos. Finalmente, el Cruzeiro salió vencedor por 1-0

Entre los sancionados hubo titulares, suplentes y personal del banquillo, lo que refleja la magnitud del enfrentamiento. El incidente se ha convertido ya en uno de los episodios disciplinarios más graves del fútbol brasileño en los últimos años.

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