La multinacional Airbus cerró 2025 con 5.221 millones de euros de beneficios, un 23% por encima de 2024, y alcanza ya los 2.243 millones de euros en el primer semestre de 2026, un 47% más que en el mismo periodo del pasado año. Lejos de repercutir parte de las ingentes ganancias en su personal, la compañía ha acometido diversos recortes en las condiciones laborales, entre ellos la reducción de un día de teletrabajo, y mantiene los salarios congelados desde hace años, lo que ha llevado a 14.000 trabajadores a la huelga indefinida, secundada por CGT, ÚTIL y UGT, en toda España.
La mecha se prendió en el municipio madrileño de Getafe, pero se ha extendido a Toledo, Albacete, Sevilla y Cádiz. Las principales peticiones de los huelguistas son la subida de los salarios conforme a la evolución de la inflación, reclamación que suma ahora una exigencia de retroactividad que solvente años de perdida de poder adquisitivo; la eliminación de la penalización salarial de las bajas por enfermedad (método Bradford), aspecto cuyo ajuste a la legalidad es más que cuestionable; la elección libre las vacaciones y el mantenimiento del teletrabajo.
Trabajadores de Airbus en lucha, unidos por el respeto y la recuperación de nuestras condiciones
Aunque la empresa se ha sentado a negociar, desde hace semanas, Airbus ha desplegado una estrategia de amedrentamiento y coacción, amenazando con congelar las jubilaciones y prejubilaciones pactadas con los trabajadores si se mantiene la huelga. Además, parte de los representantes sindicales (SIPA, CCOO y ATP) han traicionado, una vez más, el posicionamiento mayoritario de los trabajadores, firmando varios preacuerdos con la patronal a espaldas de las asambleas, lo que ha llevado a los afectados a activar la huelga indefinida por su parte y tomar el control de las protestas.
Los trabajadores rechazan suspender la huelga mientras se desarrollan las negociaciones, pues son conocedores que esta petición empresarial ha sido una estocada para sus intereses en anteriores ocasiones. Además, son conscientes de que, de resistir, la situación de la multinacional y de su stock pueden complicarse, favoreciendo así que se de cumplimiento a sus reclamaciones. Es decir, aguantar frente a los chantajes y la presión, afectando directamente a los intereses de la empresa, para demostrar que son los principales responsables del aumento disparado del beneficio y, a la par, los únicos no beneficiados.
Frente a la patronal y la burocracia sindical
“Si queréis aviones, primero negociar las condiciones”, deja claro una de las pancartas que se han podido ver en los piquetes de Getafe. La compañía defiende que sus últimas ofertas ya recogen las principales demandas de la plantilla y califica de "crítico" alcanzar un acuerdo inminente para salvaguardar el proyecto en España, pero los trabajadores no opinan lo mismo. Las votaciones en las asambleas celebradas este lunes en los centros de Getafe, San Pablo y Tablada (Sevilla), Illescas y Albacete, la de Cádiz se aplaza al 1 de septiembre y se adhiere a la mayoría, confirmaron el rechazo a la oferta patronal.
“Esta es nuestra huelga, aquí los trabajadores mandan y los sindicatos obedecen”, reza otra las pancartas vistas en la ciudad madrileña, dejando claro a la burocracia sindical que su labor es meramente representativa y, en ninguno de los casos, puede supeditarse a la voz de los trabajadores. “Trabajadores de Airbus en lucha, unidos por el respeto y la recuperación de nuestras condiciones”, se puede ver en otra, en este caso en Sevilla, dejando constancia de que la plantilla al completo está en sintonía, la peor de las noticias para la empresa.
Las negociaciones continúan mientras la huelga se sostiene y la unión de los trabajadores ya constituye un ejemplo de lucha de los últimos años. La capacidad de presión de plantillas organizadas ha quedado constatada y pese a la presión del resto de los actores, desde la patronal hasta los supuestos defensores de los asalariados, la resistencia que prometen desde las asambleas parece ser el único camino para alcanzar la victoria, que se traduce en unas condiciones laborales dignas. Un ejemplo de lucha capitaneado desde asambleas que amenaza con doblar el brazo a toda una multinacional.
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