Los bienes industriales no energéticos, los alimentos, el alcohol, el tabaco o los servicios fueron algunos de los elementos que mayor encarecimiento han registrado respecto al mes de julio. Sin embargo, todos ellos, que no superan un incremento del 3%, quedan especialmente lejos de la sustancial subida que han experimentado los precios de la energía superan una variación del 10% respecto al séptimo mes del año, cifra que es todavía mayor en la comparación interanual, en la que crece hasta un 14,3%.
El aumento del coste de los combustibles fósiles ha condicionado de manera especial la variación de la inflación entre los meses de julio y agosto. Según los datos de Eurostat, el encarecimiento de los precios de la energía han llevado a que esta se sitúe en un 3,3% en la eurozona este último mes, creciendo respecto al 2,9% registrado en julio. La Guerra de Irán, impulsada por Estados Unidos de la mano de Israel hace seis meses, es el principal condicionante del notable encarecimiento que se viene presenciando. El bloqueo del Estrecho de Ormuz, enclave sobre el que están puestas las miradas de los principales líderes políticos del mundo a día de hoy, está afectando fuertemente al mercado, no encareciendo solo el precio de la energía en sí, sino también el coste de vida ante el papel protagonista que juegan los combustibles fósiles en la cadena de suministro o en el acondicionamiento de los hogares.
Los datos llegan justo cuando el Banco Central Europeo (BCE) se prepara para acometer, previsiblemente en su reunión de septiembre de la próxima semana, la segunda subida de los tipos de interés del año. La decisión estaría motivada por el repunte de la inflación derivado del conflicto con Irán, aunque los primeros registros de Eurostat ofrecen también una lectura algo menos preocupante. Al dejar fuera la energía y los alimentos frescos, cuyos precios presentan una mayor volatilidad, la inflación subyacente se mantiene contenida, en el 2,1%. Esta evolución sugiere que el encarecimiento energético todavía no se ha trasladado de forma significativa al resto de bienes y servicios. Por ahora, por tanto, no se observan los denominados efectos de segunda ronda que podrían alimentar una espiral inflacionista y llevar al BCE a endurecer todavía más su política monetaria.
El impacto del conflicto en Oriente Próximo también se ha dejado notar en las cuentas comerciales de la Unión Europea. El encarecimiento de la energía ha llevado a los Veintisiete a registrar en el segundo trimestre de 2026 un déficit comercial de 21.800 millones de euros, según los últimos datos de Eurostat. Se trata del primer saldo negativo del bloque desde el segundo trimestre de 2023.
La inflación de la eurozona ha recorrido un camino de fuerte moderación durante los últimos tres años, aunque con nuevos repuntes en los últimos meses. Tras alcanzar niveles excepcionalmente elevados durante la crisis energética, la tasa media anual pasó del 5,4% en 2023 al 2,4% en 2024, para situarse en el 2,1% en 2025, según Eurostat.
La desaceleración continuó a comienzos de 2026, con la inflación situándose en torno al objetivo del 2% del Banco Central Europeo. En diciembre de 2025, por ejemplo, el índice se situó en el 1,9%, frente al 2,4% registrado un año antes. Sin embargo, el escenario cambió durante 2026. El repunte de los precios energéticos asociado al conflicto en Irán llevó la inflación al 2,9% en julio, frente al 2% de un año antes.
Además, agosto cerró, según esta primera estimación de Eurostat, con una inflación del 3,3%, lo que supone un nuevo incremento y aleja temporalmente al bloque de la estabilidad de precios perseguida por el BCE.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.