España afronta el nuevo año con un horizonte económico marcado por el optimismo – desde un perfil de prudencia – y una ambición institucional focalizada en el Banco Central Europeo (BCE). Así lo ha expuesto este jueves el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, quien ha desgranado las previsiones del Gobierno para los próximos ejercicios y ha subrayado el creciente papel del país en el seno de la Unión Europea. En este sentido, y frente a un contexto continental sujeto a la desaceleración y la incertidumbre geopolítica, Moncloa defiende que la economía española no sólo resiste en sus valores macro, sino que además se consolida como uno de los principales motores de crecimiento de los Veintisiete.

Cuerpo ha defendido, en conversación con la Cadena SER, la necesidad de que España mantenga una “representación fuerte” en el organigrama del BCE toda vez concluya el mandato del actual vicepresidente, el ex popular Luis de Guindos, que caduca en la primavera de este recién estrenado 2026. El titular de Economía considera que el movimiento se registrará en un contexto de absoluta trascendencia, con una España que ha recuperado el peso económico, así como la estabilidad y la credibilidad. Una evolución que, en sus palabras, se debe reflejar en los órganos donde se toman las decisiones monetarias clave para la Eurozona.

Así, el ministro ha explicado que el Ejecutivo afronta tal proceso desde una óptica de “conjunto”, en la que deben converger criterios de equilibrio geográfico, político y de género. A pesar de que no hay sobre la mesa un nombre concreto, Cuerpo ha subrayado que España, como cuarto accionista del BCE y uno de los países que más crece en toda la zona Euro, tiene que “ocupar el espacio que le corresponde”. El objetivo, ha percutido, es garantizar al menos presencia en el Consejo de Gobierno del banco central.

Al mismo tiempo, Cuerpo ha querido desmontar los discursos que presentan a Europa como un actor en declive frente a potencias como Estados Unidos o China. A su juicio, existe una “narrativa que intenta hacer de menos a Europa” y que no se ajusta a la realidad económica del continente. Sin negar los retos pendientes, el ministro ha defendido que la UE sigue siendo un proyecto con recorrido y capacidad para adaptarse a un escenario global cada vez más competitivo.

Excepción económica

Es en este contexto donde España aparece, según el Gobierno, como una anomalía positiva entre las grandes economías europeas. Tras un 2025 que el Ejecutivo califica de “muy buen año”, el horizonte de 2026 se afronta “con ambición” y con la expectativa de mejorar incluso los resultados previos. La previsión oficial de crecimiento del PIB para 2025 se sitúa en el 2,9%, una cifra revisada recientemente al alza tras constatar la fortaleza del empleo y de la actividad económica.

El dato clave, según Cuerpo, es el punto de partida con el que España llegará a 2026: un crecimiento en torno al 1% o 1,1% a comienzos de año, equivalente a la tasa que se proyecta para el conjunto de la zona euro en todo el ejercicio. Este arranque permite anticipar que las previsiones actuales para 2026, fijadas en el 2,2%, puedan volver a revisarse al alza, como ya ha ocurrido en ejercicios anteriores.

Para el ministro, este comportamiento no es casual. La economía española ha encadenado “sorpresas positivas continuadas” gracias a un cambio estructural impulsado por el Plan de Recuperación. La apuesta por la transformación verde, la digitalización y la reindustrialización estaría permitiendo romper con el histórico círculo de baja productividad y sostener un crecimiento más equilibrado y duradero.

Cuerpo también ha defendido que este dinamismo económico debe traducirse en mejoras concretas en el día a día de la ciudadanía, reforzando la cohesión social y la sostenibilidad del modelo. En este sentido, ha restado dramatismo a la prórroga de los Presupuestos Generales del Estado, asegurando que el Gobierno puede seguir desplegando su agenda de inversiones y reformas, aunque reconoce que será necesario un esfuerzo adicional para sacar adelante los proyectos pendientes.

Por último, el ministro ha situado entre 2025 y 2026 el impacto máximo de los fondos europeos del Plan de Recuperación. Según sus cálculos, el efecto agregado del programa Next Generation supera los tres puntos porcentuales sobre el nivel del PIB, consolidando a España como uno de los países que mejor ha sabido aprovechar una solución “genuinamente europea” y reforzando su posición de cara a los retos económicos del futuro.

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