El Parador de Olite-Erriberri vuelve a abrir este jueves sus puertas y recibe a sus primeros clientes tras una profunda remodelación que ha supuesto una inversión global de 8,6 millones de euros. Gracias a esta actuación integral, que ha obligado a mantener cerrado el establecimiento durante cerca de 20 meses, el Parador ofrece ahora una experiencia más contemporánea en un entorno histórico de enorme valor patrimonial.
Situado en el Palacio Viejo o de los Teobaldos, dentro del conjunto del Palacio Real de Olite —considerado uno de los conjuntos gótico-civiles más relevantes de Europa y una de las cortes más refinadas de la Edad Media—, el Parador presenta una nueva interpretación de este espacio singular. La reforma ha estado enfocada en modernizar el edificio y mejorar sus instalaciones sin perder la esencia ni el carácter de uno de los establecimientos más emblemáticos de la red de Paradores.
“Esta reapertura tiene un significado muy especial. Supone seguir cuidando un patrimonio que es de todos y todas, preservar la memoria de este lugar y garantizar que continúe siendo un referente cultural, turístico y económico para Navarra y para el conjunto de España”, ha subrayado la presidenta de Paradores, Raquel Sánchez. “Ha sido una espera larga, pero necesaria. Esta intervención era imprescindible para renovar el edificio, modernizarlo y situarlo a la altura de lo que representa: una auténtica joya dentro del conjunto monumental en el que se ubica”.
El Parador de Olite-Erriberri, ubicado en el ala más antigua del palacio-castillo de los reyes de Navarra, es el único Parador de la Comunidad Foral. La remodelación ha incluido, entre otras actuaciones, la renovación de cubiertas, la sustitución de la carpintería exterior y la reforma integral de habitaciones y baños.
Además, el proyecto también ha contemplado mejoras orientadas al bienestar del personal, como la renovación de las zonas de trabajo y la climatización de espacios como la cocina y la lavandería. De los 8,6 millones de euros invertidos, 8 millones han sido aportados por Paradores y otros 600.000 euros proceden de fondos europeos gestionados por Turespaña, destinados a la restauración de fachadas y de la torre, además de la instalación de una nueva iluminación monumental.
Recuperar el carácter palaciego desde una mirada actual
Uno de los aspectos más destacados de la reforma es el nuevo interiorismo. La intervención ha respetado y puesto en valor la monumentalidad del edificio, manteniendo visibles elementos originales como la piedra, el ladrillo, los arcos y los pasajes, integrándolos en una propuesta decorativa contemporánea, elegante y coherente con la identidad histórica del lugar.
Lejos de buscar una recreación artificial del pasado, el proyecto apuesta por reivindicar la riqueza ecléctica del palacio, donde conviven la tradición navarra, la influencia francesa y la herencia mudéjar. Toda la experiencia se articula mediante una cuidada paleta cromática inspirada en el paisaje y la tradición vitivinícola de la zona, con tonos arcilla, burdeos, miel y dorados que acompañan al visitante durante todo el recorrido.
Se trata de un ambicioso proyecto de renovación que abarca tanto las habitaciones como las zonas comunes y que ha permitido recuperar el carácter palaciego del edificio desde una mirada actual, sobria y respetuosa con su historia.
Un proyecto artístico inspirado en el zoológico medieval
A todo ello se suma una propuesta artística contemporánea que dialoga directamente con el pasado del lugar. El proyecto recupera el recuerdo del castillo medieval, cuando Carlos III convirtió Olite en un espacio dedicado al arte, la cultura y la celebración, transformando la fortaleza en uno de los zoológicos cortesanos más singulares de la Europa medieval, con animales exóticos como leones, camellos, jirafas, búfalos o loros.
“La idea es recordar que Olite fue, más que un centro de poder, un lugar de asombro y fascinación que deslumbró a visitantes y embajadores”, apunta Raquel Sánchez.
Las obras de Estela de Castro, Nacho Martín Silva, Manuel Vilariño y Álvaro de la Vega recuperan simbólicamente ese imaginario medieval y traen de vuelta al Parador, a través del arte contemporáneo, la presencia de aquellos animales exóticos que habitaron la antigua corte. Una propuesta que también invita a reflexionar sobre la relación entre el ser humano, la naturaleza y la construcción de lo artificial.
La presidenta de Paradores ha destacado además que esta reapertura trasciende la recuperación material del edificio y supone mucho más que la reapertura de un hotel, por el impacto económico, turístico y social que representa para toda la comarca. “Hablamos de un municipio de menos de cinco mil habitantes, pero con un patrimonio histórico y una proyección cultural extraordinarios. Por ello, Olite-Erriberri y su gente merecían tener un Parador a la altura de lo que representan, de su historia, su patrimonio y el orgullo con el que cuidan y viven este lugar cada día. Y hoy podemos decir que ese objetivo se ha cumplido”.
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