La apuesta por las moléculas verdes en el futuro energético europeo

Un informe de Moeve y PwC apunta a que las moléculas verdes podrían reducir a la mitad la dependencia energética europea en 2040 y reforzar su competitividad industrial

Ana Díaz

Durante décadas, Europa ha construido su modelo energético en estrecha conexión con proveedores externos. Este enfoque ha permitido sostener el crecimiento económico y la actividad industrial, pero también plantea importantes retos en términos de seguridad de suministro y competitividad en un contexto internacional cada vez más exigente.

En paralelo, la electrificación avanza con fuerza en numerosos ámbitos. Sin embargo, existe un amplio consenso en que no será suficiente por sí sola para abordar todos los desafíos de la transición energética. En este escenario, comienzan a ganar protagonismo las denominadas moléculas verdes, un conjunto de soluciones energéticas que pueden desempeñar un papel decisivo en el futuro energético europeo.

Moeve, en colaboración con PwC, ha presentado el informe ‘¿Por qué Europa necesita las moléculas verdes?’, un análisis que destaca su capacidad para sustituir total o parcialmente a los combustibles fósiles, reducir significativamente las emisiones de CO₂ y contribuir a reforzar la autonomía energética del continente.

Una oportunidad para reforzar la autonomía energética

Actualmente, la Unión Europea importa más de la mitad de la energía que consume, una realidad que condiciona tanto su competitividad como su resiliencia ante escenarios de incertidumbre global.

En este contexto, las moléculas verdes emergen como una palanca clave para avanzar hacia una mayor autonomía energética. Según el informe, estas soluciones podrían sustituir entre un 20% y un 40% de la demanda actual de combustibles fósiles en 2040, un avance que permitiría reducir aproximadamente a la mitad la dependencia energética exterior de Europa respecto a los niveles actuales.

Su desarrollo permitiría además un mejor aprovechamiento de la producción renovable local, contribuyendo al mismo tiempo a los objetivos de neutralidad climática fijados por la Unión Europea.

 

Qué son las moléculas verdes y por qué serán clave

Bajo la denominación de moléculas verdes se agrupan distintos combustibles y vectores energéticos producidos a partir de fuentes renovables o materias primas sostenibles, como el hidrógeno renovable, el amoniaco verde, el metanol verde, el biometano o los biocombustibles avanzados de segunda generación.

Su principal ventaja radica en su capacidad para almacenar energía renovable, transportarla a grandes distancias y utilizarla en aplicaciones donde la electrificación presenta limitaciones técnicas o económicas. Por ello, están especialmente indicadas para sectores donde no existen alternativas eléctricas viables a gran escala.

 

Los sectores donde la electrificación no es suficiente

Uno de los principales retos de la transición energética se concentra en los llamados sectores difíciles de electrificar. Se trata de actividades que requieren grandes cantidades de energía o procesos para los que aún no existen soluciones eléctricas competitivas.

La industria pesada, la química, el transporte marítimo o la aviación forman parte de este grupo. Son sectores esenciales para la economía europea, pero también representan una parte significativa de sus emisiones de gases de efecto invernadero.

El despliegue de moléculas verdes permitiría avanzar de forma decisiva en su descarbonización, con un potencial de reducción de hasta el 22% de las emisiones de CO₂ en Europa en 2050.

Una transición con impacto limitado en el consumidor

Aunque estas soluciones presentan actualmente un denominado green premium —es decir, un coste inicial superior frente a los combustibles fósiles—, el informe señala que este diferencial tenderá a reducirse en los próximos años.

La combinación de la caída de los costes de las energías renovables, el desarrollo tecnológico y el avance de las políticas de precios del carbono permitirá que el impacto en el consumidor final sea progresivamente menor, especialmente a partir de la próxima década.

Mucho más que energía: una oportunidad industrial

Más allá de su contribución a la descarbonización, las moléculas verdes representan también una oportunidad para reforzar la competitividad industrial europea y desarrollar nuevas cadenas de valor.

Europa cuenta con factores favorables para liderar este ámbito, como la disponibilidad de recursos renovables, una sólida base industrial y capacidades tecnológicas consolidadas. Según las estimaciones recogidas en el informe, el despliegue de estas soluciones podría contribuir a la creación de hasta 1,7 millones de empleos en Europa y Reino Unido antes de 2040 y generar un impacto positivo significativo en el PIB.

En el caso de España, el desarrollo de este ecosistema podría traducirse en la creación de aproximadamente 181.000 puestos de trabajo y en un relevante impulso económico.

 

Una década decisiva para avanzar

Para materializar este potencial será necesaria una acción coordinada entre administraciones públicas e industria que permita acelerar el desarrollo de estos nuevos ecosistemas energéticos.

En este sentido, el informe subraya la importancia de establecer marcos regulatorios que generen señales de demanda claras, impulsar mecanismos de apoyo que faciliten el despliegue inicial y continuar desarrollando infraestructuras e innovación en toda la cadena de valor.

La actual década será, por tanto, decisiva para sentar las bases que permitan el despliegue a gran escala de estas soluciones a partir de 2030.

Más allá de la transición energética, el desarrollo de las moléculas verdes se perfila así como una oportunidad estratégica para reforzar la autonomía energética, impulsar la competitividad y avanzar hacia un modelo económico más sostenible.