El regreso a la oficina no significa lo mismo para todos los trabajadores. Mientras en algunas empresas la vuelta de las vacaciones mantiene fórmulas de trabajo que permiten combinar presencialidad y teletrabajo, en otras recuperar la rutina implica volver prácticamente por completo al puesto físico. El tamaño de la compañía aparece como uno de los factores que más condicionan esta diferencia, pues la flexibilidad laboral está mucho más extendida entre los empleados de las grandes empresas que entre quienes trabajan en los negocios más pequeños.

Así lo refleja la “Radiografía del trabajador 2026-27”, elaborada por Lyreco Iberia, que analiza las prioridades de los profesionales en cuestiones como flexibilidad, bienestar, tecnología y espacios de trabajo. Según sus datos, el 67% de los empleados de grandes empresas trabaja bajo algún modelo flexible, un porcentaje que desciende al 46% entre los trabajadores de micropymes y autónomos. En las pymes, la cifra se sitúa en un punto intermedio.

La vuelta de septiembre permite comprobar hasta qué punto estos modelos se han asentado en las empresas. Después del parón estival, la recuperación progresiva de horarios y tareas puede resultar más sencilla cuando existe margen para adaptar la jornada a las necesidades de cada trabajador. Para las compañías, además, el regreso puede servir como termómetro para comprobar qué fórmulas funcionan y cuáles necesitan ajustes.

Una oficina que prioriza la comodidad

Pero la vuelta al trabajo no solo plantea la cuestión de dónde se trabaja, sino también en qué condiciones. Y en este punto el tamaño de la empresa apenas marca diferencias. Las molestias vinculadas al espacio laboral afectan al 63% de los profesionales de grandes corporaciones, al 64% de quienes trabajan en pymes y al 59% de los empleados de micropymes y autónomos.

Los problemas posturales y la fatiga visual se encuentran entre las principales molestias señaladas. Una silla poco adecuada, una mala posición frente al ordenador o pasar demasiadas horas ante una pantalla pueden convertirse en problemas cotidianos que, tras varias semanas de descanso, resultan especialmente perceptibles.

El estudio apunta, además, a una posible vía para reducir estas molestias: las empresas que fomentan las pausas activas y los descansos visuales registran un 21% menos de incidencia de dolor físico entre sus trabajadores.

Y si hay algo que parece claro, según el estudio, sobre la oficina que los empleados quieren encontrarse a su regreso es que una buena silla pesa más que un futbolín. El 67% sitúa el mobiliario ergonómico y cómodo como la principal característica de su espacio de trabajo ideal. Por delante quedan así aquellas comodidades que afectan directamente a la jornada laboral, frente a otros elementos más vinculados al ocio o a hacer más atractiva visualmente la oficina.

La tendencia apunta también hacia espacios capaces de adaptarse a distintas tareas: zonas para concentrarse, reunirse, mantener llamadas o trabajar conjuntamente. La oficina deja de ser únicamente un lugar al que acudir para convertirse, cuando se utiliza el modelo presencial, en un espacio que debe responder a diferentes necesidades.

Con el regreso de septiembre, las empresas tienen así una oportunidad para revisar cómo están funcionando sus modelos de trabajo. La flexibilidad, las condiciones físicas y la utilidad real de los espacios pueden determinar buena parte de la experiencia de los trabajadores cuando toca volver a la rutina.

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