La cerveza continúa conquistando a millones de españoles y sigue siendo una de las bebidas más representativas de la cultura gastronómica del país. También es uno de los grandes reclamos para quienes visitan España y quieren descubrir de primera mano la tradición de las terrazas y los bares, una forma de socializar que se ha convertido en una de nuestras señas de identidad. Sin embargo, aunque la cerveza mantiene intacto su papel como punto de encuentro, la forma de consumirla está evolucionando. Si hace unos años bastaba con pedir "una caña", hoy cada vez más consumidores quieren saber qué están bebiendo, cómo se elabora, qué ingredientes contiene y por qué tiene un determinado sabor.

Esta evolución del consumo ha llevado incluso a algunas compañías a crear departamentos específicos dedicados a divulgar la cultura cervecera. Es el caso de La Sagra, donde Eugenia Ferrer ejerce como Product Ambassador & Beer Culture, una figura poco habitual en el sector cuyo objetivo es acercar el mundo de la cerveza tanto a distribuidores y hosteleros como al consumidor final.


Eugenia Ferrer, Product Ambassador & Beer Culture de La Sagra

"Siempre digo que es una buena señal cuando una cervecera crea un departamento de Cultura Cervecera", explica. Su trabajo consiste precisamente en "traducir la cerveza" para todos los eslabones de la cadena, desde el equipo interno de la compañía hasta quienes finalmente la sirven en un bar o la disfrutan en una terraza. Esa labor incluye formación, catas, visitas a fábrica y asesoramiento sobre conservación, servicio y prescripción del producto.

Un consumidor más moderado... y mucho más exigente

Para Ferrer, uno de los principales cambios llegó tras la pandemia. Aunque el descenso del consumo afecta a prácticamente todas las bebidas alcohólicas, considera que la transformación va mucho más allá de las cifras.

"Las personas se han vuelto más moderadas y, precisamente por eso, también mucho más selectivas", señala. Ya no se trata únicamente de beber menos, sino de elegir mejor cuándo, dónde y qué cerveza consumir.

Ese nuevo perfil de consumidor también ha modificado la comunicación de las marcas. "La gente ya sabe lo que es una cerveza. Ahora las cerveceras hablan más de quiénes son, de su personalidad y de los valores que representan", resume.

A su juicio, la cerveza siempre ha tenido un fuerte componente cultural. Muchas personas desarrollan una relación muy estrecha con determinadas marcas, algo que no ocurre con la misma intensidad en otras categorías de bebidas. Esa identificación explica, en parte, que las compañías hayan pasado de vender un producto a transmitir una experiencia y una forma de entender el consumo.

El sabor sigue siendo un elemento decisivo, pero ya no es el único criterio. Ferrer observa un creciente interés por conocer el origen de la cerveza, sus ingredientes y el proceso de elaboración.

"Cada vez más consumidores quieren entender por qué una cerveza sabe a café, a fruta o qué significa determinada información que aparece en la etiqueta", explica.

Aunque reconoce que la cerveza todavía está lejos del nivel de especialización que existe en el mundo del vino, sí detecta un cambio progresivo hacia un consumidor más curioso y mejor informado. Ese interés también alcanza a las variedades más tradicionales, como las cervezas lager o las cervezas tostadas, cuyos procesos de elaboración despiertan cada vez más preguntas entre quienes las consumen.

La salud también ha ganado peso en esa decisión de compra. Los consumidores prestan más atención a la composición del producto y buscan elaboraciones naturales, con un creciente interés por conocer qué ingredientes intervienen en cada receta.

Del origen de la cerveza a los mitos que desaparecen al descubrir el verdadero sabor

En una época en la que muchas marcas reivindican su origen, Ferrer considera que el territorio influye en la cerveza de una forma distinta a como suele hacerse en otros productos gastronómicos.

En el caso de La Sagra, la identidad de la comarca toledana forma parte de la propia personalidad de la marca. No solo por el lugar donde se elabora la cerveza, sino porque su forma de entender el producto nace de los hábitos de consumo y de la cultura de esa zona.

"El territorio no son únicamente los ingredientes o el suelo. También son las personas, la gastronomía y la manera de reunirse", sostiene.

En el caso de La Sagra, Ferrer explica que la fábrica trabaja bajo la certificación IFS (International Featured Standard), una de las normas internacionales más exigentes en materia de seguridad alimentaria. Según explica, la implantación de estos estándares obliga a mejorar continuamente los procesos y termina repercutiendo también en la calidad final de la cerveza.

Precisamente, las visitas a fábrica se han convertido en una de las mejores herramientas para acercar la cultura cervecera al consumidor. Además de descubrir cómo se elabora una cerveza, permiten desmontar muchos de los mitos que todavía existen alrededor de un producto que es mucho más complejo de lo que parece a simple vista.

Uno de los más habituales tiene que ver con el alcohol. "Mucha gente piensa que se añade durante el proceso de elaboración", comenta Ferrer. Sin embargo, recuerda que tanto el alcohol como el gas aparecen de forma natural durante la fermentación.

También sorprende descubrir que el grado alcohólico no se decide al final del proceso, sino al principio. El maestro cervecero diseña desde el inicio una receta concreta para alcanzar una determinada graduación, un color y un perfil aromático específicos.

Otro de los debates más repetidos gira en torno a la temperatura de servicio. Ferrer huye de las respuestas categóricas.

"Siempre me preguntan a qué temperatura hay que beberla y, antes de que termine de responder, alguien dice que a él le gusta helada", bromea.

Su recomendación, especialmente cuando se quiere descubrir una cerveza por primera vez, es degustarla alrededor de los seis grados y, si es posible, en copa, ya que así es más fácil apreciar sus aromas y matices. Pero insiste en que la cerveza también forma parte de la cultura de cada lugar y que no existe una única forma correcta de disfrutarla.


Las cervezas de La Sagra reflejan la apuesta de la marca por la innovación y la cultura cervecera

Cuando el 0,0 dejó de ser una segunda opción

Otro de los grandes cambios que está viviendo el sector es el crecimiento de las cervezas sin alcohol. Una tendencia que responde tanto a la evolución de los hábitos de consumo como a la mejora que han experimentado estos productos durante los últimos años.

Ferrer considera que las nuevas generaciones mantienen una relación diferente con el alcohol, aunque recuerda que la moderación afecta a todas las franjas de edad. "No solo los jóvenes beben menos; en general, las personas consumen alcohol de una forma más responsable", explica.

A su juicio, este cambio también tiene una explicación social. "Antes muchas personas bebían para desinhibirse y ahora esa necesidad ha cambiado. La forma de relacionarnos también ha evolucionado con el entorno digital y eso influye en nuestros hábitos de consumo", señala.

En paralelo, la cerveza 0,0 ha dejado de ser una alternativa elegida únicamente por quienes no podían consumir alcohol. "Las personas ya no la escogen solo porque no tenga alcohol; muchas veces la eligen simplemente porque les gusta", afirma.

Como ejemplo cita el éxito de las cervezas tostadas 0,0. Gracias al trabajo realizado con las maltas, estas variedades consiguen recuperar parte del cuerpo y de los aromas que normalmente aporta el alcohol durante la fermentación, ofreciendo perfiles más complejos y gastronómicos.

Para Ferrer, el objetivo no consiste únicamente en eliminar el alcohol, sino en conseguir que el consumidor disfrute igualmente de la experiencia, manteniendo el equilibrio de sabores y aromas característico de una cerveza tradicional.

La cerveza como forma de entender el ocio

Cuando se compara España con países como Bélgica o Alemania suele hablarse de culturas cerveceras más desarrolladas. Sin embargo, Ferrer cree que esa comparación no siempre hace justicia a la realidad española.

Reconoce que en países como Bélgica la cerveza ocupa un espacio gastronómico similar al que el vino tiene en España, con maridajes específicos, una enorme variedad de estilos y una gran importancia de la cristalería. Pero eso, asegura, no significa que una cultura sea mejor que otra.

"España tiene una manera muy particular de disfrutar la cerveza. Aquí forma parte de nuestra forma de relacionarnos y de entender el ocio", sostiene.

De hecho, considera que una de las grandes diferencias está en el protagonismo de las terrazas y los bares como lugares de encuentro, un aspecto que sorprende especialmente a quienes visitan el país.

Ella misma lo comprobó al llegar desde Argentina. Allí, explica, las reuniones familiares suelen celebrarse en casa alrededor de una comida, mientras que en España le llamó la atención ver a familias enteras compartiendo un domingo en una terraza.

"Siempre me ha parecido una costumbre muy bonita. Ver a padres, hijos o abuelos reuniéndose para ir de cañas es una forma de vivir la cerveza muy nuestra", afirma.

Para Ferrer, esa imagen resume perfectamente la esencia de esta bebida: un producto cercano, pensado para compartir y profundamente ligado a nuestra forma de entender la gastronomía y el ocio. El consumidor quiere conocer mejor qué hay detrás de cada cerveza, comprender cómo se elabora y descubrir la historia que esconde cada receta. 

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