Para muchos estudiantes llega una etapa con la que sueñan durante años. Después de un par de cursos complicados tratando de conseguir la mejor media posible en Bachillerato, muchos cumplen los 18 años y, si han logrado entrar en la carrera a la que aspiraban, deben elegir dónde estudiar. Sin embargo, la universidad más cercana a casa no siempre ofrece el grado deseado o reúne las condiciones que buscan para afrontar unos años que pueden resultar determinantes para su futuro laboral.

No todos los estudiantes tienen la suerte de vivir en comunidades que cuentan con una amplia oferta universitaria y, sobre todo, con suficiente variedad de grados. Por ello, muchos tienen que hacer las maletas, dejar atrás la casa familiar y adelantar su independencia para embarcarse en la búsqueda de un piso compartido, una residencia universitaria o un colegio mayor.

Justalia, compañía especializada en ayudar a consumidores en procesos de exoneración de deudas, señala que cada vezs es máscomplicado poder asumir estos gastos universiarios debido a la subida de los precios y, particularmente, al incremento del coste del alquiler, que está afectando a buena parte de los españoles. Este año, además, llega en un momento donde diversos factores hacen que se trate del curso universitario más caro de la historia

Según sus estimaciones, las actuales circunstancias y la necesidad de hacer frente a numerosos gastos universitarios, que no siempre pueden cubrirse mediante becas, provocarán que el 15% de los hogares con universitarios recurra a un préstamo bancario para poder afrontar el coste de los estudios.

Tomando como referencia las estadísticas del Sistema Integrado de Información Universitaria (SIIU), dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, ese porcentaje supondría que al menos 240.000 estudiantes y/o sus familias tendrán que endeudarse para poder cursar un grado, según los cálculos de Justalia. El esfuerzo económico está destinado a cubrir un gasto medio de entre 800 y 1.800 euros mensuales, dependiendo del centro, de si es público o privado, del coste de la vida en cada comunidad autónoma y, especialmente, del alojamiento elegido, ya sea una habitación en un piso compartido, una vivienda individual o una residencia universitaria.

Irse a estudiar fuera, un lujo cada vez más difícil de asumir

El principal factor que explica el encarecimiento de este curso es la escasez de pisos y residencias para universitarios, especialmente acusada en las grandes ciudades. Desde Justalia señalan que el creciente desequilibrio entre oferta y demanda ha provocado que el precio de una habitación en un piso compartido haya aumentado un 60% en cinco años. Además, según los datos que maneja la compañía, hasta 680.000 alumnos abandonan su hogar este mes de septiembre para estudiar en otras regiones y trasladarse a algunas de las principales ciudades universitarias.

Esta escalada alcanza ahora uno de sus puntos más elevados, hasta el punto de que el alojamiento puede absorber más del 50% del presupuesto total de numerosos estudiantes. Justalia sitúa el desembolso mensual entre 300 y 1.000 euros, dependiendo de la ciudad. La situación resulta especialmente acusada en Madrid y Barcelona, aunque también afecta de manera importante a Valencia, Sevilla y Granada y, en menor medida, a ciudades universitarias como Salamanca, Santiago de Compostela y Pamplona.

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