Isabel Díaz Ayuso se encuentra inmersa en una polémica que le ha salpicado su mandato político desde hace una semana: la compra –y después venta- de un ático de 400 metros cuadrados por parte de la Comunidad de Madrid para uso de oficina temporal. Una cuestión que le ha acarreado sendas críticas regionales y nacionales y que, sumado a la puesta en venta de su pareja tanto del piso como del ático que compartían en el barrio madrileño de Chamberí, ha incrementado la polémica.

Unos acontecimientos que han desencadenado una cobertura mediática dispar, puesto que los medios de comunicación afines al Ejecutivo de la Puerta del Sol, como ha sido el caso del periódico ‘El Mundo’, no se han hecho eco de estos movimientos inmobiliarios de Ayuso, Alberto González Amador y el Gobierno regional. Sin embargo, en 2019, la entonces candidata del Partido Popular a la presidencia de la Comunidad de Madrid dejó alguna que otra declaración más que notable en este medio citado que, ahora, recobra mayor sentido, tal y como también ha avanzado este martes 'El Constitucional'.

En febrero de hace siete años, antes de conocer si quiera su futuro al frente del Gobierno madrileño, Ayuso se mostraba como una militante más del partido que luchaba por coger el testigo del mando de Cristina Cifuentes. En aquella entrevista, habló sobre su vida personal, política y también sobre sus planes de vivienda.

La lideresa madrileña señaló entonces que desde pequeña se quiso “independizar pronto” y estuvo compartiendo piso “con otras dos personas” cuando tenía 24 años. En aquella época, cuando su pareja sentimental era el peluquero Jairo, relató que vivían juntos en el barrio de Malasaña: “El piso se nos queda pequeño, unos 50 metros cuadrados, la misma mesa donde trabajo es donde cenamos”, desgranó.

Al mismo tiempo, Ayuso contó a este periódico cómo vivía en aquel entonces “acorde a los salarios” que percibía: “Si tengo otras responsabilidades cuando sea presidenta de la Comunidad evidentemente necesitaré una casa de mayor tamaño, con un estudio donde trabajar y armarios grandes, porque te cambias muchas veces de ropa al día”, señaló. Preguntada específicamente por contemplar si mudarse a Galapagar, respondió con ironía: “Ojalá pudiéramos, pero no me afilié a Podemos”, un dardo directo hacia Pablo Iglesias e Irene Montero.

Entre otras declaraciones notables de esta hemeroteca, se le preguntó a su vez por una sociedad patrimonial con dos millones en inmuebles en la región que tenía una de sus entonces rivales, Begoña Villacís, de Ciudadanos, y fue entonces cuando Ayuso le instó a dar explicaciones al respecto, cuando ahora ella elude abordar el tema del ático y lo escuda en una cuantía que se destinarán a paliar los efectos de los incendios de la Sierra Oeste de la región: “Creo que tiene que explicarlo. Ellos mismos han puesto el nivel muy alto”, aseveró entonces.

Ayuso explicó a su vez que sus padres tenían “una sociedad limitada” que pusieron tanto a su nombre como al de su hermano, Tomás Díaz Ayuso: “Siempre lo he declarado. No tiene actividad económica. En ella tenemos puesta la casa donde vive mi madre y la casa que tiene en el pueblo”, desgranó, refiriéndose así al inmueble en nuda propiedad a su nombre en pleno corazón de Chamberí.

Sin olvidar el ámbito político, fue preguntada por el pasado polémico de su antecesora, Cifuentes, y el robo de unas cremas de supermercado que le costó el puesto al frente de Sol: “No, no recuerdo robar”, sentenció entonces Ayuso.

La polémica del ático sitúa a Ayuso en una encrucijada

Desde que la semana pasada estalló la polémica de la compra del ático por parte de la Comunidad de Madrid, justificándose en las próximas obras en la Real Casa de Correos y la búsqueda de una oficina presidencial temporal, sumado a la puesta en venta de los inmuebles en propiedad de González Amador y donde reside Ayuso, el argumentario de Sol ha sido defender que el inmueble pasó a manos de Planifica Madrid en concepto de venta junto a otras cuatro viviendas en la Gran Vía para destinar unos 20 millones de euros a los incendios forestales, así como reiterar que el inmueble no sería la vivienda habitual de Ayuso, pese a que no tenía permiso para transformarse en una oficina.

Ahora, con la crisis migratoria de Ceuta como principal problema de gestión estatal, este martes la lideresa madrileña se ha pronunciado aún más sobre la cuestión, pero precisamente desviando el foco de la venta del ático en cuestión hacia cómo se ha respondido a la entrada masiva de migrantes desde Marruecos hacia territorio español.

Lo ha hecho en un mensaje en sus redes sociales cargando contra la izquierda política, tanto la madrileña como la nacional: “Es raro que la izquierda no pida un pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid en agosto para saber cuántos inmigrantes en situación ilegal nos va a mandar Sánchez sin consultarnos. Eso sí es preocupante. Eso sí retrae dinero, servicios públicos, convivencia y seguridad. Eso es lo más inhumano que hay”, ha defendido.

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