Isabel Díaz Ayuso y su Gobierno han jugado esta semana una suerte de partida de Monopoly. Lo único que diferencia entre el clásico juego de inversiones y los negociados de la presidenta regional está en que la mayoría de sus casillas se sitúan en la misma zona del callejero, y en que el dinero que juega como si fuera de papel es, ni más ni menos, que el de todos los madrileños.

La compra oculta de un ático de lujo en Chamberí como oficina de Ayuso, su posterior venta tras ser publicado, la puesta a la venta, mientras tanto, del piso del novio de la presidenta por el doble de precio al que lo compró; todo en el mismo distrito y a tiro de piedra del piso que los padres de la presidenta le donaron en nuda propiedad cuando su empresa no podía pagar una deuda pública. Todo esto se ha conocido en poco más de 24 horas, en las que la baronesa del Partido Popular en Madrid ha perdido muchos enteros en su lucha soterrada con Alberto Núñez Feijóo.

El silencio del partido a nivel nacional tampoco ha sido casualidad. El escándalo ha puesto el foco de las irregularidades en la derecha, en un momento en el que la estrategia política beneficia a Génova por las causas de corrupción que rodean al PSOE. Pero en el fondo de todo, está el delicado equilibrio entre las dos almas del PP, que normalmente amenaza con romperse hacia el lado de Ayuso gracias al apoyo de la derecha mediática.

Feijóo ve a Casado en el espejo

Sin embargo, esta polémica pone en aprietos a la presidenta madrileña, que trató de atajarla diciendo que se trataba de una “campaña de desprestigio” contra ella, para un día después dar un volantazo, poner el ático a la venta, y dejar sin explicaciones a Génova. Desde allí, justo antes de la última decisión del Ejecutivo de Ayuso, la mano derecha de Feijóo acababa de salir como pudo del aprieto tras las preguntas de los periodistas. “Me remito a las explicaciones del Gobierno de la Comunidad”, dijo el secretario general del PP, Miguel Tellado. “Tiene todo el sentido que durante un tiempo provisional se habilite un lugar”, refiriéndose al ático valorado en torno a los seis millones de euros, “y nosotros nos atenemos a esas explicaciones”, remató.

Y mientras, ni una sola palabra de Feijóo, al que se le abren en el horizonte dos caminos, ambos con desenlace incierto. Puede guardar silencio, atajar la polémica veraniega con una patada hacia adelante, esperar a que pase la tormenta cuando todo el mundo vuelva de vacaciones y rezar porque el daño al partido no haya sido muy grande, que es lo que parece estar haciendo. La otra opción es que el presidente del PP nacional emule a su antecesor, Pablo Casado, y señale con el dedo las irregularidades que rodean a Ayuso, su principal rival a nivel interno.

Sin embargo, el paso de las horas ha dado a entender que habrá algunos matices entre lo que le va a ocurrir a Feijóo y lo que supuso el asesinato político de Casado, defenestrado en favor, precisamente, del entonces presidente de Galicia. El primero, el dicho, que parece que Feijóo va a intentar hacer el menor ruido posible. El otro se entiende leyendo las portadas del aparato mediático que suele enterrar las desventuras de Ayuso, que durante esta semana han tomado una diferente -y muy reveladora- posición.

La derecha mediática elige bando

Algunos medios afines al PP han tomado la dirección de siempre. Es el caso de La Voz de Galicia, históricamente afín a Feijóo en sus tiempos de dirigente autonómico, y que ha aprovechado la polémica para refrescar la memoria a sus lectores sobre los negocios del entorno de la que es ahora su principal rival: “Así se hizo rico Alberto González Amador”, titulan. Lo que no es tan habitual es que los varapalos a Ayuso vengan de cabeceras nacionales afines, lo que apunta a la estrategia mediática decidida en un momento en el que los tribunales y las sedes de partido se mueven al mismo ritmo al que giran las rotativas.

Así, se entiende que el diario ABC dedicara uno de sus dos editoriales de este viernes, solo un día después de la polémica, a resaltar que “Ayuso debe una explicación”, como titulan. El medio conservador, que suele ser benevolente en cuánta importancia y cobertura le da a los escándalos de la popular, dedicaba su espacio de opinión más importante a admitir que “la decisión de la Comunidad de Madrid de poner a la venta el ático de lujo adquirido el pasado mes de abril en el distrito de Chamberí apenas veinticuatro horas después de conocerse públicamente su compra constituye un reconocimiento implícito de que la operación era difícilmente defendible”.

En el mismo sentido iba el diario El Mundo, que lo hacía por partida triple. Su portada en papel del viernes reconocía “una crisis política” abierta por la compra del ático, y reprochaba a Sol que no haya aclarado “las cifras de la polémica operación”, ni tampoco ninguna de las preguntas que la rodean. Dentro de la edición, también en el editorial, lo calificaban como “una operación extraña que Ayuso está obligada a explicar”. Y para rematar, una columna de opinión del periodista Antonio Lucas, en la que analiza la polémica de la presidenta y su “afición a los áticos difíciles”.

A fecha de publicación de este artículo, Ayuso sigue sin explicar por qué la Comunidad de Madrid compró, y no alquiló, un ático de lujo para usarlo mientras duren las obras de su sede. Tampoco por qué Planifica Madrid no lo publicó en sus portales de transparencia, ni por qué la agencia no destinó, en su lugar, alguna de la decena de propiedades que posee. El piso de González Amador sigue a la venta por el doble de dinero por el que lo compró cuando, presuntamente, cometió los delitos que le imputa la Justicia. Y Ayuso, aunque ha retrocedido alguna casilla, sigue jugando la partida.

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