La unidad de la izquierda es un mantra que se repite en más ocasiones de las que se lleva a término. La fragmentación de la socialdemocracia española, que presenta múltiples alternativas más allá del PSOE, responde a una crisis del espacio a un nivel occidental; si bien sus responsables prefieren arrojar balones fuera y señalar como responsables a quienes antaño fueron compañeros. Así, el consenso en torno a un proyecto unitario acaba dándose exclusivamente donde todo está perdido o no existe una fuerza del espectro que pueda capitalizar el voto.

Sin embargo, cuando unas siglas tienen afianzado su hueco en un territorio, pues la única forma de no desaparecer parece ser un ferviente regionalismo, ponerse de acuerdo con otras fuerzas no es bien recibido por el pez grande. Madrid, como ya lo fue la Comunidad Valenciana en su momento, es el último territorio en el que se está replicando este escenario. Ione Belarra, secretaria general de Podemos, ha comunicado que quiere presentarse a las elecciones autonómicas, emulando el movimiento de Pablo Iglesias, y desde Más Madrid ya han anunciado que no tienen ninguna intención de aunar fuerzas.

Somos proyectos políticos distintos y separados. Y con eso creo que lo dejo todo absolutamente claro”, ha trasladado la portavoz de Más Madrid, Manuela Bergerot. “La izquierda madrileña se llama Más Madrid”, ha añadido, erigiéndose como “el único partido que puede ganarle a Ayuso”. Belarra, por su parte, considera que “unos y otros”, en referencia a PSOE y Más Madrid, “ya han renunciado”. “Se nota, se siente que han renunciado. Por eso yo creo que esta pelea hay que darla con mucha más fuerza", ha enfatizado.

 "Lo que hay hasta ahora en Madrid se ha demostrado que no sirve para echar a Ayuso”, quien está "extremadamente cómoda ahora mismo en la Asamblea de Madrid", ha añadido el secretario de Organización y portavoz de Podemos, Pablo Fernández. A la par, desde Más Madrid llaman a concentrar el voto en las fuerzas que ya están presentes en la región y a no repartirlo entre nuevas alternativas. Los dardos entre las partes, precedidos por su trágica historia, son más que evidentes y responden a la pretensión de no perecer, más que a diferencias ideológicas reales.

Falsa unidad

La unión por supervivencia y no por el convencimiento de querer construir un proyecto conjunto está condenada a fracasar. Ir por separado, sobre todo en el caso de formaciones quemadas y cuyas rencillas han alejado a la ciudadanía, también. Aunque la segunda de las opciones es más honesta, pues muchas de las marcas que se aglutinan en coaliciones ni siquiera se soportan y su comportamiento antes, durante y después hace casi más daño que el derrumbe total, sobre el que construir de nuevo y con cimientos sólidos.

Más Madrid parece haber tomado la decisión de concurrir en solitario en la Comunidad de Madrid, intentado arrebatar a Isabel Díaz Ayuso una mayoría absoluta que tiene más que consolidada. Podemos no piensa retirarse y volverá a intentarlo en la región. Ambas formaciones están en su derecho de tomar la decisión que más les convenga, pero se dan por descontados los reproches cruzados. En la ecuación faltan Izquierda Unida (IU) y el Partido Comunista (PCE), que se desconoce cómo procederán.

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