ElPlural.com se desplaza a la residencia pública de Colmenar Viejo para hablar con Marcelo Marko en los aledaños de la misma.
A sus 68 años de edad, puso nombre al drama que viven los mayores de las residencias de la comunidad liderada por Isabel Díaz Ayuso en cuanto a la comida -menús privatizados e inferiores a los 7 euros las cuatro raciones diarias, con comida congelada, mal cocinada e, incluso en mal estado- a través de una huelga de hambre que duró casi un mes y que, de no ser por lo que le trasladaba la gente, habría alargado “hasta las más altas consecuencias”.
Su acción y repercusión mediática son los motivos que, considera, han empujado a la administración de la Puerta del Sol a “castigarle” con un traslado forzoso a Villaviciosa de Odón, una decisión a la que se opone radicalmente porque perdería derechos adquiridos -como una habitación individual- y, por encima de todo, supondría dar la razón al Ejecutivo madrileño.
La fecha límite para ello en el momento de redacción de estas líneas es el 7 de mayo, después del ajetreo burocrático que también denuncia el protagonista de esta entrevista. Entretanto, busca soluciones a todos los nivele mientras mantiene que, de ser necesario, se saldrá del sistema de residencias, aún con lo que eso conlleva.
PREGUNTA (P): ¿Cómo recuerdas esos 25 días de huelga?
RESPUESTA (R): Con cierto asombro, porque no pensaba que iba a llegar a hacerlo, y menos aguantar 25 días. Aún estoy asimilándolo.
P: ¿Se puso en contacto alguien de la Comunidad de Madrid contigo?
R: No. Hubo un encuentro casual con el gerente del AMAS (Agencia Madrileña de Atención Social), pero nadie se puso en contacto directo conmigo ni se interesó por mí.
P: ¿Qué noticias te llegaban de fuera?
R: Hubo muchos medios interesados. Que un residente de una residencia de mayores se pusiera en huelga de hambre por el estado tan malo de la comida como símbolo de protesta causó cierto revuelo.
Los medios acudieron a entrevistarme. Hubo tantos que apenas recuerdo, desde digitales a radios, medios audiovisuales… Estuvo bastante bien.
P: ¿Cuál es el seguimiento mediático actual?
R: Es indiscutible que el suflé ha bajado. Hay menos medios, pero todavía quedan. He tenido entrevistas de radio, para televisión, ahora vosotros, con digitales tanto por teléfono como por escrito, por Whatsapp… A veces el Whatsapp echaba humo. (…)
Pero es evidente que ya no es lo mismo, no causa el mismo efecto y escándalo que una huelga de hambre. Esto es un traslado forzoso, es una represalia por medio de la Comunidad de Madrid, de la gerencia.
Ellos se exculpan con una supuesta agresión; un incidente que tuve con un residente en Nochebuena, que califican como falta muy grave. Es la excusa perfecta para trasladarme como castigo a otra residencia. Evidentemente, no van a decir que es por todo lo que me he expuesto en los medios y la huelga de hambre.
Nadie de la Comunidad de Madrid se interesó por mí
P: ¿Cómo estás de ánimos?
R: Estoy bien. Estoy luchando y no voy a parar hasta el último momento. De hecho, esta semana he estado informándome de por qué a mí se me comunican las notificaciones a folio abierto, sin que tenga protección de datos, ni mis derechos adecuadamente.
A mí se me viola la correspondencia, porque se me tendría que notificar directamente a mí, sin que pasara por la dirección. No sé si la directora tiene permiso para leer mis notificaciones. Creo que no.
P: ¿En qué punto se encuentra ahora tu caso?
R: La semana pasada la directora se descolgó con una nota, un folio cualquiera sin firma ni logotipo, ni nada. Un lunes pretendían que yo aceptara el traslado para un miércoles. Yo estaba en conversación con el trabajador social pidiéndole que, por favor, fuera a finales de mes o después del puente de mayo, y ella habló con la directora del otro centro para llegar al acuerdo de que el miércoles les convenía mi traslado porque estaba libre la furgoneta de transporte.
No acepté las formas ni las condiciones, y el martes me comunica con otro folio, esta vez con logotipo y firmado por ella, que me da 15 días naturales para el traslado. Es decir, el 7 de mayo. Pero esa notificación tampoco está en forma porque no viene del gerente, no está firmado por una instancia superior… Ya veremos en qué queda todo. Yo lo voy a alargar todo lo posible, y voy a pelear con uñas y dientes hasta el final
P: ¿El traslado podría llegar después del 7 de mayo?
R: Esperemos que sí. Ojalá sea así para mí.
P: ¿Tienes alguna alternativa habitacional?
R: No tengo casa propia. Tendría que alquilar una habitación. De hecho, lo he estado mirando. Está como última opción, si me salgo del sistema de residencias.
Pero con la guerra en Oriente Próximo, ha subido el petróleo, el transporte, la comida, los alquileres… Lo que no suben son las pensiones (…) Esto complica la idea primigenia.
No tengo casa propia. Tendría que alquilar una habitación
P: ¿Qué respaldo recibió la protesta del 25 de abril?
R: Estuvo organizada por UCMR (Unión Ciudadana por la Mejora en las Residencias) y vinieron varias asociaciones de víctimas, partidos, concejales, Más Madrid, Podemos… Nos reunimos en la puerta de la residencia y protestamos a megáfono abierto. Fue divertido.
P: ¿Hay más movilizaciones planteadas para evitar tu salida?
R: De momento no hay ninguna. Ya veremos si el día que me toque trasladarme, a lo mejor hay una sorpresa en la puerta. Puede ser, pero nunca hay que dar muchas pistas el enemigo.
P: ¿Tienes esperanzas reales de que no se produzca ningún traslado?
R: Espero que sí, sinceramente. Estoy en ello, no paro de acudir a organismos donde puedan echarme una mano. He escrito al Defensor del Pueblo, aunque no tengo mucha esperanza en lo que haga; he acudido a otras instancias, no voy a decir cuáles, pero sí.
He acudido al Defensor del Pueblo y otras instancias
P: ¿Te consideras ejemplo contra el drama estructural de las residencias?
R: No me gusta considerarme ejemplo de nada ni nadie. Sí es cierto que lucho por todos, la comida y la dignidad de todos, porque es una vergüenza la comida que nos dan, es incomestible.
Por mucho que la directora diga que ella come aquí, no me creo que lo haga en las mismas condiciones que cualquier otro residente, ni que le sirvan la comida en el mismo estado, ni que reciba el mismo trato. Es incomprensible e inverosímil.
P: ¿Cómo resumirías el trato que la Comunidad de Madrid e Isabel Díaz Ayuso dan a los mayores de residencias?
R: Se podría mejorar muchísimo. Los mayores están desmadejados, dejados de la mano de Dios o de quien sea.
Un ejemplo muy claro es la ratio de trabajadores, que es muy inferior a la que debiera ser. La Comunidad de Madrid incluye al personal de jardinería, de mantenimiento, de recepción… Pero los trabajadores y trabajadoras que se dedican única y exclusivamente a los residentes están desbordados, estresados. No pueden más.
Si hay fallos o problemas, muchas veces no es por su culpa, sino por la sobrecarga de trabajo que llevan. Siempre he estado del lado del trabajador.