El modelo sanitario madrileño vuelve al centro del debate político tras la publicación de un estudio internacional en NEJM Catalyst, que analiza el funcionamiento de hospitales públicos en la Comunidad de Madrid y aporta nuevos datos sobre el impacto de la colaboración público-privada.
El trabajo, basado en el análisis de 25 hospitales entre 2014 y 2023, concluye que los centros que aplican principios de sanidad basada en valor (VBHC) —incluidos algunos gestionados mediante fórmulas de colaboración público-privada— presentan menores costes por paciente y mejores resultados clínicos que los hospitales de gestión directa.
Entre los principales indicadores, el estudio recoge una tasa de complicaciones del 3,22% frente al 3,76%, una estancia media hospitalaria de 4,93 días frente a cerca de 6 y una mayor satisfacción del paciente (93,1%).
Además, el análisis no detecta diferencias significativas en la complejidad de los pacientes, uno de los principales puntos de controversia en el debate sobre estos modelos. Esto sugiere que las diferencias observadas no responden a una selección de casos menos complejos, sino a factores relacionados con la organización y gestión de la asistencia.
El estudio se publica en un momento de fuerte tensión política en torno al futuro del sistema sanitario. El Gobierno central ha impulsado iniciativas para limitar la colaboración público-privada, mientras que algunas comunidades autónomas, como Madrid, mantienen modelos mixtos que combinan gestión directa y externalizada.
En este contexto, los resultados introducen un elemento adicional en la discusión, al apuntar a que determinados enfoques organizativos pueden mejorar la eficiencia sin deteriorar la calidad asistencial. No obstante, los propios autores subrayan que estos resultados no pueden atribuirse únicamente a la externalización.
El análisis destaca que el factor diferencial es la aplicación de la sanidad basada en valor, un modelo que implica medir resultados en salud, reorganizar la atención en torno al paciente y alinear los incentivos económicos con la eficiencia. En este sentido, la mejora observada responde más a cambios estructurales en la gestión que al tipo de titularidad de los centros.
El entorno institucional madrileño también aparece como un elemento clave. La libre elección de hospital y la publicación de indicadores de resultados generan un sistema más transparente, que facilita la comparación entre centros y puede influir en la mejora del desempeño.
Otro de los aspectos destacados es el impacto en equidad. Según el estudio, una proporción significativa de los pacientes que acuden a estos hospitales procede de áreas con menor nivel socioeconómico, lo que sugiere que el modelo no estaría restringiendo el acceso a determinados perfiles de población.
Aun así, el debate sigue abierto. La interpretación de estos datos dependerá en gran medida del marco político y regulatorio en el que se analicen, así como de la posibilidad de replicar estos resultados en otros sistemas con características distintas.
En cualquier caso, el estudio introduce un elemento difícil de obviar: la necesidad de centrar la discusión no solo en quién gestiona los centros sanitarios, sino en cómo se organizan, cómo se miden los resultados y cómo se utilizan los recursos públicos.