Maricarmen tiene 87 años y llevaba viviendo en el número 46 de la calle Alcalde Sainz de Baranda desde hace más de 70. En su piso del barrio de Retiro murieron sus padres, que alquilaban el inmueble desde 1956, y allí ha construido todas las historias que dan forma a su existencia. Tras una vida de trabajo y lucha, apenas puede sostenerse en pie y se desplaza gracias a una silla de ruedas o con la ayuda de un andador. El miércoles 3 de junio, a las 8:00 horas y si la resistencia vecinal no consigue evitarlo, será desahuciada.

El fondo Urbagestión Desarrollo e Inversiones, en manos de Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes, adquirió la propiedad de la vivienda en 2020 y pretende que la anciana afronte una subida de la renta del 275% o, de lo contrario, desalojarla. Maricarmen, con su pensión, no puede soportar infame incremento y en apenas unos días las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, siguiendo el mandato de la Justicia, se presentarán en la zona para tirar su puerta abajo. La vecina, si familiares cercanos, pero apoyada por el Sindicato de Inquilinas, ha intentado buscar una solución negociada. El fondo se ha negado.

No a los desahucios, no a los fondos buitre, no a los especuladores, no a los pisos turísticos

No es justo que nos pongan en la calle para que unos buitres vengan y se lleven nuestra sangre, de años que hemos estado luchando para tener lo que nos corresponde, que es un techo donde poder vivir.  No tiene sentido que esta gentuza haya comprado mi piso al precio que yo habría comprado, pero ahora el precio de venta va a ser como 600.000 euros más”, denunciaba Maricarmen el pasado domingo, durante la multitudinaria manifestación de vivienda. Una situación que ha mermado gravemente su salud.

“Esto me está pasando factura, llevo cinco años luchando para que me dejen vivir en mi casa”, explicaba. Un lustro de periplo judicial para una anciana con una discapacidad del 50%, derivada de las operaciones de cadera que han reducido su movilidad. “Tengo un bajón de masa muscular, no me tengo ni de pie, ni puedo coger un vaso, ni puedo hacer nada”, relataba con dificultad. Hace tan solo siete meses consiguió, con el apoyo de todo el movimiento de vivienda, frenar el primer intento de desahucio. Ahora, a las puertas del segundo, no entiende la inacción de las administraciones.

Aunque estoy cansada y me faltan fuerzas, voy a seguir luchando por lo que es justo

“Le mandamos un dossier a la ministra de Vivienda (Isabel Rodríguez) con toda mi situación y no hemos recibido ninguna noticia. El próximo día 3, tengo otro desahucio y hasta este momento nadie se ha comunicado conmigo”, lamentaba Maricarmen hace escasos días. La Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital también la han ignorado. “Señor presidente (en referencia a Pedro Sánchez), si tiene un momento, o la señora ministra, que enfoquen esta noticia y vean la situación en la que me encuentro”, lanzaba un grito desesperado de auxilio.

Los diferentes niveles de la administración, desde el Ejecutivo central hasta el Ayuntamiento de la capital, pasando por la Comunidad de Madrid, han abandonado a Maricarmen. “Me he dirigido al Gobierno, a la ministra Vivienda, al presidente y estoy esperando a que tengan la poca educación de contestarme”, desgranaba sus intentos por evitar el desalojo. “Pido que no permitan los desahucios que se están produciendo en todo el país, no a los fondos buitre, no a los especuladores, no a los pisos turísticos. Tenemos derecho a una vivienda”, clamaba.

“¿Por qué el Gobierno no ayuda a la gente que está en esta situación?”, se preguntaba. “Llevan mucho diciendo que hacen, pero no veo que hagan nada. No han tenido ni la delicadeza de dirigirse a mí, con alguna carta o información”, exponía la realidad, más allá de promesas y llamados grandilocuentes de los partidos. “Espero poder seguir viviendo en mi casa porque creo que tengo derecho, dado que no debo ni un solo euro al fondo buitre propietario”, despedía su alegato, antes de hacer un llamado a su movilización.  

La resistencia popular, el único camino

“A la gente que luche, que salga a la calle. Uno no hace nada, muchos conseguiremos lo que nos merecemos”, espetaba Maricarmen. Y así será en su caso, igual que en otros muchos en los que la única defensa de los vecinos está siendo los cuerpos de militantes de sindicatos y organizaciones apostados en los portales. El Sindicato de Inquilinas realizará actuaciones el día previo, el día 2 de junio desde las 18:30 horas, en la calle donde se ubica el inmueble, y planea acampar para frenar el desahucio.

“Aunque estoy cansada y me faltan fuerzas, voy a seguir luchando por lo que es justo. Porque cuando las leyes son injustas, tenemos que desobedecerlas”, promete Maricarmen. “Lo intentaron (Urbagestión) el pasado mes de octubre, pero desde el Sindicato de Inquilinas les recibimos con una gran movilización, nunca vista en este barrio. Este domingo hemos desbordado las calles de Madrid, hemos demostrado a los rentistas que las inquilinas somos imparables”, saca músculo, llamando a todo el que pueda a ayudar a frenar su desahucio.  La justicia en juego, el próximo 3 de junio a las 8:00 horas, en el número 46 calle Alcalde Sainz de Baranda.

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