Castilla-La Mancha ha completado este lunes una de esas prestaciones sanitarias que marcan la diferencia entre vivir cerca de un hospital con capacidad real de tratamiento o depender de una carretera para afrontar una enfermedad grave. La nueva Unidad de Oncología Radioterápica del Hospital Universitario de Guadalajara ha iniciado su actividad con tratamientos y ha convertido en realidad un compromiso largamente anunciado por el Gobierno de Emiliano García-Page: las cinco provincias castellanomanchegas cuentan ya con este servicio dentro de la sanidad pública.

La unidad alcarreña permitirá asumir el 90% de los tratamientos que hasta ahora tenían que derivarse, con lo que los pacientes de Guadalajara dejarán de depender de traslados a Madrid, Toledo o Ciudad Real, así como de centros concertados, salvo procedimientos muy específicos como braquiterapia, SBRT o radiocirugías complejas, que seguirán realizándose en Toledo. A través de las redes sociales, el propio presidente castellanomanchego ha destacado que la puesta en marcha reduce tiempos, evita desplazamientos y permite que cada paciente reciba el tratamiento más adecuado.

La nueva unidad había iniciado las consultas el pasado 10 de abril y ha completado ahora su puesta en marcha con la entrada en funcionamiento del acelerador lineal y del TAC para la planificación de los tratamientos. Según la información difundida por el Sescam, el servicio podrá aplicar en torno a 700 tratamientos anuales y se ha concebido como una unidad integrada en el propio hospital, lo que facilita la coordinación con los comités de tumores y evita que el paciente tenga que vivir su proceso oncológico entre derivaciones, esperas y traslados añadidos a la dureza del tratamiento.

La comparación con otros territorios deja en evidencia que el avance castellanomanchego tiene también una lectura de cohesión territorial. Mientras Castilla-La Mancha ha cerrado el círculo en Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Toledo y Guadalajara, hay comunidades donde la radioterapia continúa siendo sinónimo de desplazamientos muy largos para una parte de los pacientes. Un informe de la Asociación Española Contra el Cáncer y la Sociedad Española de Oncología Radioterápica ya advertía de que los pacientes que viven a más de 100 kilómetros de un servicio de radioterapia recorren de media 193,2 kilómetros de ida y vuelta cada día de tratamiento.

Comparación con otros territorios

El caso de Teruel ha sido uno de los ejemplos más claros de esa desigualdad. La provincia aragonesa lleva años reclamando una unidad de radioterapia para evitar que sus pacientes tengan que desplazarse a Zaragoza o a la Comunidad Valenciana. Teruel Existe ha denunciado que algunos enfermos han llegado a recorrer hasta 400 kilómetros diarios para poder recibir tratamiento, una situación especialmente difícil cuando las sesiones se repiten durante días o semanas.

Ese contraste resulta todavía más llamativo en un momento en el que Aragón ha vuelto a quedar en manos de un acuerdo entre PP y Vox, con Jorge Azcón investido presidente gracias al apoyo de la extrema derecha y con Vox dentro del Ejecutivo autonómico. Mientras el debate político se ha llenado de fórmulas como la llamada "prioridad nacional", los pacientes turolenses siguen esperando que el nuevo hospital incorpore definitivamente un servicio que Castilla-La Mancha ya ha extendido a todas sus provincias.

Castilla y León también ha arrastrado durante años importantes carencias territoriales en radioterapia. La propia Junta ha informado de que, tras la puesta en marcha de las unidades satélite de Ávila en 2023 y Soria en 2025, siguen avanzando las obras y la licitación del acelerador de Palencia, mientras se redactan los proyectos de El Bierzo y Segovia. Es decir, el mapa continúa en proceso de corrección en una comunidad gobernada durante años por el Partido Popular, que ha llegado tarde a una demanda básica para muchos pacientes.

La diferencia de modelo se aprecia precisamente en lo que supone disponer del servicio en la propia provincia. No se trata solo de tecnología sanitaria, sino de evitar que una persona con cáncer tenga que organizar su vida alrededor de un viaje diario, depender de familiares, asumir costes o soportar trayectos agotadores después de recibir radioterapia. La sanidad pública no se mide únicamente en grandes anuncios, sino en si un paciente puede ser tratado cerca de casa cuando más vulnerable se encuentra.

En Guadalajara, la apertura de la unidad pone fin a una etapa de derivaciones y completa una red autonómica que el Gobierno castellanomanchego ha presentado como un compromiso cumplido. La nueva instalación se incorpora al Hospital Universitario de Guadalajara dentro del Sescam y refuerza la capacidad de respuesta de la provincia en un área clave del tratamiento oncológico, con el objetivo de que la inmensa mayoría de los pacientes puedan ser atendidos sin salir de su entorno sanitario más cercano.