Hay lugares en los que el tiempo no corre con la misma prisa que fuera. Salas en silencio, vitrinas, cuadros, restos arqueológicos, piezas que han sobrevivido a generaciones enteras y que siguen ahí, esperando una mirada capaz de detenerse. Frente a una vida cotidiana dominada por pantallas, imágenes fugaces y mensajes que desaparecen casi antes de ser entendidos, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha reivindicado este lunes el papel de los museos como espacios de memoria, conocimiento y resistencia.

Con motivo del Día Internacional de los Museos, que se celebra este 18 de mayo, García-Page ha defendido en un artículo de opinión que estos espacios son hoy "más necesarios que nunca". "Vivimos rodeados de imágenes que duran segundos, de noticias que desaparecen antes de ser comprendidas y de conversaciones condenadas a perderse en la velocidad de las pantallas", ha señalado el presidente castellanomanchego, antes de subrayar que un museo representa justo lo contrario: permanencia, pausa y memoria compartida.

En ese contexto, el jefe del Ejecutivo regional ha definido el museo como "una forma de resistencia". Resistencia "frente al olvido, frente a la desaparición y frente a esa peligrosa sensación contemporánea de que nada merece permanecer demasiado tiempo ante nuestros ojos". Una reflexión que sitúa la cultura no como un adorno ni como un lujo, sino como una herramienta esencial para que una sociedad pueda entenderse a sí misma.

La reivindicación cobra especial sentido en un momento en el que determinados discursos políticos, especialmente desde la derecha y la ultraderecha, han tendido a convertir la cultura en una partida secundaria o en un espacio sometido a la batalla ideológica. Frente a esa mirada estrecha, Page ha colocado los museos en otro plano: el de la memoria colectiva, la educación pública y la transmisión de un patrimonio que pertenece a todos.

Mirar despacio en tiempos acelerados

García-Page ha explicado que entrar en un museo significa aceptar "otra medida del tiempo". Detenerse ante una pieza arqueológica, un cuadro, una cerámica o un fósil supone reconocer que antes hubo otros que también intentaron comprender el mundo, representar la belleza, dejar una huella o explicar quiénes eran.

"Cada objeto conservado encierra una pregunta lanzada desde otro tiempo hacia el nuestro", ha afirmado el presidente regional. Para García-Page, una sociedad no se construye únicamente con futuro, sino también con memoria. Por eso, ha defendido que conservar no consiste en acumular objetos antiguos, sino en proteger aquello que ayuda a comprendernos.

"Hay cosas que solo pueden decirse en un museo. Una vasija íbera, una tabla renacentista, un juguete antiguo o el esqueleto de un dinosaurio contienen una emoción silenciosa que ningún algoritmo puede sustituir", ha sostenido. La frase resume una de las ideas centrales de su reflexión: frente a la dictadura de lo inmediato, los museos invitan a mirar despacio y a recuperar la capacidad de asombro.

Una red museística ligada a la identidad castellanomanchega

El presidente castellanomanchego también ha puesto en valor la red museística de Castilla-La Mancha, a la que ha definido como "extraordinaria, diversa y profundamente vinculada" a la identidad colectiva de la comunidad autónoma. Se trata, ha apuntado, de museos que custodian el pasado, pero que también dialogan con el presente y miran hacia el futuro.

Entre ellos ha citado el Museo de Santa Cruz, el Museo de Guadalajara, el Museo de Cuenca, el Museo de Albacete y el Museo de Ciudad Real-Convento de la Merced, espacios que conservan siglos de historia, arte y arqueología en las distintas provincias castellanomanchegas.

Junto a ellos, García-Page ha destacado también espacios singulares como el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha, donde "Pepito", el célebre Concavenator corcovatus, recuerda que también somos herederos de un tiempo remotísimo. Asimismo, ha mencionado el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, el Museo Ruiz de Luna, el Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda, el Taller del Moro, el Museo del Niño de Castilla-La Mancha y el Museo Dulcinea del Toboso, donde la literatura se convierte también en patrimonio vivo.

Para el presidente regional, los museos "no son importantes solo por lo que contienen, sino por lo que provocan". En sus salas, ha señalado, la ciudadanía aprende a convivir con preguntas y descubre que el ser humano lleva siglos sintiendo miedo, esperanza, amor, incertidumbre o deseo de belleza. "En sus salas comprendemos que la cultura no es un lujo, sino una forma de conocernos mejor y de reconocernos en los demás", ha indicado.

García-Page ha citado además al escritor y filósofo G. K. Chesterton, quien advirtió que "el mundo no perecerá por falta de maravillas, sino por falta de capacidad de maravillarse". A partir de esa idea, ha sostenido que una de las principales tareas de los museos es precisamente devolver a la ciudadanía esa capacidad de asombro.

El jefe del Ejecutivo autonómico ha aprovechado también la jornada para agradecer el trabajo de conservadores, restauradores, arqueólogos, guías, investigadores, educadores y profesionales que hacen posible que el patrimonio siga vivo. Gracias a ellos, ha señalado, las piezas no permanecen mudas dentro de una vitrina, sino que continúan hablando a las generaciones actuales.

"Un museo no es un depósito de objetos antiguos. Es una conversación entre generaciones. Un lugar donde el pasado todavía respira. Y, sobre todo, una forma de resistencia frente al olvido y la desaparición", ha resumido García-Page.

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