Pepe Viyuela recibió este jueves el Premio Corral de Comedias en una ceremonia que abrió una nueva edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro (Ciudad Real) y que convirtió el histórico escenario manchego en algo más que un espacio de celebración cultural. El actor, payaso y poeta recogió el galardón con un discurso de fuerte carga política, en el que defendió el teatro como refugio frente al odio, la desinformación, la guerra y los intentos de quienes, desde posiciones reaccionarias, pretenden reducir la cultura a un territorio domesticado.

Viyuela eligió el tono del cuento, el “érase una vez”, para hablar de un ser capaz de imaginar, de recrear la existencia y de inventar algo llamado teatro. Pero bajo esa apariencia de fábula situó una advertencia muy clara: el teatro no es un adorno ni una distracción inocente, sino una herramienta de "dignidad colectiva", una forma de mirar el mundo y de cuestionarlo. Frente a quienes consideran la cultura sospechosa cuando incomoda, el homenajeado reivindicó su capacidad para hacer soñar libres a los seres humanos y alimentar sus anhelos y esperanzas.

Desde las tablas del Corral, Viyuela recordó que el teatro ha tenido siempre “capacidad para modificar la existencia y la convivencia” y que, precisamente por eso, hubo quienes intentaron prohibirlo o maniatarlo. La frase resonó con especial fuerza en un tiempo en el que la derecha y la extrema derecha han convertido la llamada batalla cultural en una estrategia política para señalar creadores, censurar obras o imponer una visión estrecha de la sociedad. El actor no citó siglas, pero su alegato apuntó directamente contra ese clima de intransigencia que pretende poner condiciones a la libertad artística.

El discurso avanzó hacia una defensa de la palabra como materia prima del teatro. Viyuela la definió como caricia, pero también como aguijón. Una palabra que sirve para acercarse al otro, pero también para despertar conciencias. En ese punto, su intervención adquirió un tono todavía más político al recordar que el teatro se inventó “para evitar la guerra”, para sustituir los campos de batalla por escenarios y los cañonazos por diálogos llenos de belleza. Cambiar “la bomba por la ironía” y “el puñal por el verso” fue, en su voz, una forma de señalar que la cultura sigue siendo una resistencia democrática.

La advertencia más directa llegó cuando Viyuela apeló a la necesidad de proteger este arte. “No debemos estar dispuestos a consentir que caiga el telón, ni a aplaudir al villano antes de que acabe la función”, defendió ante un Corral de Comedias lleno. La frase funcionó como aviso en una época en la que el ruido político premia demasiadas veces al provocador, al censor o al agitador, mientras convierte la convivencia en un campo de batalla permanente.

El actor situó además su reflexión en el presente más incómodo. Habló de “tiempos de desinformación y de redes sociales infectadas de rencores”, de una inteligencia artificial “muy artificial pero nada inteligente”, del exterminio en Gaza y de guerras por dominar estrechos. En ese contexto, reclamó un teatro “revolucionario” y “lúcido”, capaz de llevar a la sociedad no solo a sobrevivir, sino a vivir con dignidad. Una llamada que chocó de frente con el discurso de quienes reducen la cultura a propaganda cuando no encaja en sus dogmas.

La ceremonia tuvo también una dimensión íntima. La entrega del premio estuvo acompañada por una actuación sorpresa protagonizada por la familia del homenajeado. Su pareja, Elena González; sus hijos, Camila y Samuel; y Lola, su primera nieta, participaron en una improvisada compañía teatral arropada por el arpa de Sara Águeda. El gesto emocionó a Viyuela y al público, cerrando la liturgia inaugural con una imagen familiar que no rebajó la fuerza política de su mensaje, sino que la hizo más humana.

Almagro vuelve a jugar con los clásicos

La entrega del Premio Corral de Comedias sirvió como pistoletazo de salida de la 49.ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, que se celebra del 2 al 26 de julio bajo el lema “El clásico se juega en Almagro”. La cita vuelve a convertir la localidad ciudadrealeña en la capital del teatro clásico, con una programación que supera los cincuenta espectáculos, incorpora dieciséis estrenos absolutos y mantiene su vocación de tender puentes entre el Siglo de Oro y las preguntas del presente.

Esta edición mira de nuevo al Corral de Comedias como símbolo, pero despliega su actividad por distintos espacios escénicos de Almagro. Entre los grandes atractivos figura el estreno de El caballero de Olmedo, de Lope de Vega, a cargo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y con dirección de Laila Ripoll, una de las propuestas llamadas a marcar el arranque del festival. También aparecen títulos y formatos que cruzan teatro, música, danza, circo, tradición barroca y nuevas lecturas de autores clásicos.

El festival no se limita a la exhibición teatral. Almagro vuelve a ensanchar su propuesta con actividades paralelas vinculadas al patrimonio, la gastronomía, las visitas escénicas y la vida cultural de la provincia. Esa dimensión permite que la cita no sea solo una sucesión de funciones, sino una experiencia completa en torno a una ciudad que respira teatro en sus calles, plazas, patios y palacios.

A las puertas de su 50.º aniversario, el Festival de Almagro llega a esta edición con el reto de seguir siendo un referente cultural sin perder su filo crítico. Porque los clásicos no sobreviven por estar encerrados en vitrinas, sino porque siguen hablando de poder, deseo, abuso, libertad, miedo y justicia. Y porque, como recordó Viyuela desde el Corral, el teatro todavía puede imaginar un mundo nuevo frente a quienes prefieren levantar muros.

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora