Ayer se celebró el primer debate electoral entre los candidatos a la Presidencia de la Junta de Andalucía. Un debate que, en la práctica fue un cuatro contra uno; un todos contra Moreno Bonilla, tal y como denuncia el propio presidente. Pero por un motivo claro; aquí se estaba poniendo en tela de juicio su gestión, no la de su vecino.

La labor de la oposición durante los años de Gobierno es, entre otras, la de hacer una fiscalización a este, para que cumpla con lo prometido y no abuse del poder. Eso es lo que vimos ayer en el debate, donde se fiscalizó la labor de Moreno Bonilla. Que le guste más o menos es otra cosa, pero tratar de victimizarse con esta cuestión que no es más que la normalidad democrática tan solo deja en evidencia la estrategia desesperada del presidente, que no es capaz de vender su gestión.

En términos políticos la eterna pregunta suele sobrevolar estos debates: ¿Quién ha ganado? Es difícil de evaluar. Podemos analizar, eso sí, quién estuvo más o menos acertado.

El presidente de la Junta de Andalucía estuvo bastante perdido. Me recordó a sus peores momentos en el Parlamento andaluz cuando estalló la crisis de los cribados. Precisamente otro de los momentos más difíciles de sortear en el día de ayer, que no respondió, ni tampoco sobre la corrupción del PP Almería. Ambas cuetiones sobre las que las izquierdas fueron muy insistentes, dejando a Moreno totalmente en evidencia ante la ciudadanía andaluza.

Además, su defensa fue atacar a Montero constantemente; que si Sánchez esto, Cataluña lo otro… pareciera que el debate estaba centrado sobre si Montero, y de vez en cuando Maíllo, debieran ser candidatos; en vez de hablar de su gestión, de la que no habló.

Montero estuvo sobria. El perfil combativo de Montero en estos debates, como puede ocurrir con Jose Ignacio García, es un plus ante unas derechas suavonas, pero ayer se mantuvo en su sitio, más ministra que candidata por momentos. En cualquier caso, fue bastante contundente con Moreno, con especial fiereza cuando se hablaba de sanidad o servicios públicos, y contundente defendiendo su pasado, con Sánchez y en la Junta, donde incluso Moreno tiró de una desinformación para macnhar su imagen.

En tercer lugar está Gavira, el delegado de Abascal en Andalucía. Perdido es poco. Decir que su participación roza lo testimonial es quedarse corto. Se limitó a decir prioridad nacional y a no salirse de guion establecido. Fue más contundente con Adelante Andalucía que de lo que ha sido con Moreno en 8 años. Destiló racismo y xenofobia.

Antonio Maíllo fue en mi opinión el "ganador", si es que podemos nombrar a alguien. Pese a una timidez inicial, el candidato de la coalición de las izquierdas se soltó a lo largo del debate. También mostró una férrea defensa del Gobierno central, del que IU forma parte, cuando Moreno disparaba contra ellos, y fue muy contundente contra el líder del PP andaluz. Incluso protagonizó uno de los momentos mas virales y contundentes, cuando acusó a Moreno de no haber trabajado en su vida fuera de la política, ante lo que este agachó la cabeza.

Por último, el candidato de Adelante fue otro de los protagonistas de la noche. Se presentó luciendo una camiseta en homenaje a las víctimas del cribado. Sus intervenciones denotan el guion independiente que sigue su partido, centrado en la clase  trabajadora andaluza y sus problemas. Tuvo varios encontronazos con la ultraderecha y con Moreno Bonilla, al que le pidió numerosas explicaciones por la privatización de los servicios públicos, sin respuesta.

Un debate donde Moreno no ha tenido respuestas para la oposición, pero tampoco para los andaluces. La semana que viene, en Canal Sur, veremos cómo reacciona cada candidato, a apenas 6 días de la llamada a las urnas y con la resaca de esta noche en rtve.