Esta semana el Centra ha publicado un barómetro electoral a prácticamente un mes de las elecciones que nos deja muchas lecturas. Si nos fijamos únicamente en la estimación electoral, Moreno sigue liderando las encuestas, estando al borde, eso sí, de perder la mayoría absoluta que ostenta en estos momentos.

También, según el Centra, las izquierdas no consiguen, aún, implementar esa campaña de movilización para recuperar el medio millón de votos que el día de las elecciones decide no ir a votar. Tanto, que según la encuesta, en Andalucía podríamos plantarnos en un escenario donde el 46% de los andaluces no vote, un triunfo para aquellos que quieren erosionar la democracia, y por supuesto una pérdida muy importante para las izquierdas.

Moreno ha está tratando de provocar esa desmovilización. Con un “todo está hecho”, y con una precampaña ideada para que no se hable de política, con las fiestas y semana santa de por medio, aunque no hay escenario malo para hacer campaña, el presidente andaluz quiere vender estas elecciones como un mero trámite, frente a las izquierdas que tratan de hacer una enmienda a la totalidad a la gestión de Moreno

Una gestión que, a juzgar por el centra, está mayoritariamente valorada como mala o muy mala por la mayoría de los andaluces. Del mismo modo, al igual que ocurrió en la penúlima realizada en diciembre, los problemas que más afectan a los andaluces son la sanidad y la vivienda, dos competencias meramente autonómicas.

La primera, bajo las sospechas de la privatización. Y la segunda, con una ley que no da respuesta a las necesidades de la mayoría social andaluza.

En la sanidad han puesto el foco los principales partidos de la oposición, sabiendo que el descontento ciudadano es notorio, así lo expresan las encuestas, y el nerviosismo del PP, también lo es. Tanto, que ayer conocimos que el Ayuntamiento de Sevilla ha prohibido la proyección del documental de las mareas crítico con la gestión de moreno en varios barrios de Sevilla.

Las posiciones en el tablero están marcadas a dos semanas de que comience el juego, la campaña electoral, donde la imposición del debate, o la ausencia de este, acabará decidiendo la balanza de los indecisos y levantando del sofá, o no, a los abstencionistas.